Descentrados Chile

Octubre sabe a Violeta

Fotografía: sensaCine.com

Por Ana Niria Albo
Socióloga y profesora universitaria  

Recuerdo su estreno en el Festival de La Habana. Recuerdo que ese año 2012, Chile se coronó preferido. Recuerdo que escogimos muy bien llegar a verla. Violeta se fue a los cielos de Andrés Woods con guión del propio Woods, Eliseo Altunaga, Guillermo Calderón y Rodrigo Bazaes y con la colaboración de Ángel Parra, hijo de Violeta Parra, es una película que doce años después sigue siendo referente, si de la vida de la artista, cantante y folclorista chilena se trata. El pasado 4 de octubre Violeta hubiese cumplido 106 años. Hoy desde esta columna y gracias al pretexto del cine, le rendiremos tributo.

Aunque cuando una pone las letras correspondientes a su título en los buscadores, lo primero que sale es el nuevo nombre para denominar biografías cinematográficas (biopic), aquí podría estar precisamente mi primera llamada de alarma. Violeta se fue a los cielos más que la sucesión lineal de acontecimientos de la vida de la folclorista es un muy bien logrado intento de poner a flor de piel sus sensaciones, sus ideas y sus maneras.

Andrés Wood llega a esta película en un camino que le permitió crear esta joya cinematográfica. Luego de la exitosa La Buena Vida (2008), ganadora del Premio Goya a la Mejor Película Extranjera de Habla no Inglesa, Wood inicia su próximo proyecto cinematográfico intentando dejar de lado su predilección por temáticas de ficción con las costumbres campesinas de inicios del siglo XX en El Desquite (1999) y los convulsos años de la Unión Popular y el Golpe de Estado en Machuca (2004) y se lanza a explorar por primera vez el film biográfico con una de las figuras culturales más importantes del país.

En la película una logra advertir momentos importantes de la vida de Violeta. Su inicio temprano en el canto junto a su hermana en la Región de Ñuble, el papel jugado por Violeta como embajadora de la cultura latinoamericana en Europa, siendo la primera mujer de la región en exponer en el Louvre (sus arpilleras), sus relaciones amorosas, su avidez por conocer y cultivar el folclor chileno y latinoamericano y que este fuera la base de un decir desde lo que conocemos hoy como la Nueva Canción Chilena. Su decisión de morir en 1967.

Se trata de una narrativa en la que más que los hechos, son las emociones de su personaje principal lo que marca el pulso de la historia. Y a pesar de lo difícil que pudiera haber sido construir un relato que no respeta cronología, la cinta manifiesta una eficacia sorprendente. En este sentido. Poner en un lugar preponderante la psicología de Violeta sobre la fidelidad a algunos episodios implicó riesgos, pero el resultado final es de una belleza casi ensordecedora. Aunque pareciera que estamos ante un film dramático casi trágico, lo cierto es que hoy a la distancia me permito estar en contra de ello. Si bien la película muestra, como corresponde varios sucesos terribles en la vida de la artista: la muerte de una de sus hijas pequeñas, los desamores, su propia muerte. Preferiría señalar cómo muestra su tozudez y su resiliencia. No hay un objetivo que la Parra no se trace que no fuera cumplido. Y el filme da cuenta de ello.

Si bien la crítica especializada ha hablado un poco acerca de cómo en el intento de diversificar recursos visuales, pues la película se mueve sobre la base de un simbolismo casi extremo, pudiera parecer repetitiva. Yo creo que en esa repetición está uno de los aciertos de esta película. La dirección de fotografía y la de sonido tienen en la reiteración la herramienta ideal para que el público se lleve la sensación de la intensidad de la personalidad de Violeta, de su perseverancia, de su constancia y a la vez, por supuesto, de sus tormentos.

Quisiera detenerme precisamente en la banda sonora de la película. La música fue el eje impulsor de la vida de Violeta, sin dudas. Desde muy pronto, justo tras la muerte de uno de sus hermanos a muy pocos días de nacer, descubrió el poder sanador de la música, tras una tradición popular en la que muerte y música se entrelazaban. En la película la interpretación de Francisca Gavilán obtiene redobles de tambores.  “Volver a los 17”, “Gavilán”, “Run Run se fue pal Norte”, o “Maldigo del alto cielo” te hacen vibrar en la voz de Francisca.

Otro elemento a destacar en la película es el de mostrar la connotación que tuvo la política en la vida de la Parra. Desde muy pequeña advirtió la injusticia del mundo en el que vivía. Los pobres eran cada vez más pobres y los ricos cada vez más ricos. Tal vez desde esa intención de refrendar sus posturas es que no se obvia su papel en el Partido comunista chileno con sus contradicciones y su irreverencia constante.

He ahí una pieza clave para comprender la película, la vida y la muerte de Violeta. Su rebeldía. Mucho se ha discutido en relación a su suicidio. La sociedad occidental tiene un problema eterno con el suicidio que constituyen lastres de la imposición católica y en el caso de la Parra, no ha sido la excepción. Durante mucho tiempo se le buscó razones fundamentalmente en sus relaciones amorosas y sus desamores. Otro lastre de la imposición de una sociedad heteronormativa y patriarcal que ve a la mujer frágil capaz siempre de encontrar una salida a; desamor en el suicidio.

El momento elegido por la poeta para llegar a la sobrevida, estuvo marcado como señalara en su carta de despedida a su hermano Nicanor Parra por la desilusión, no precisamente, o únicamente amorosa, sino por la insostenibilidad de una situación política y económica que parecería no encontrar la llegada de esa justicia social tan anhelada.

En la carta, salida a la luz pública en 2019 en el libro de Leila Guerrero, Extremas, se puede leer:

Si juntamos dos mil hombre no alcanza a salir de ellos un cuarto de hombre. Desesperada, nada. Clarificada. […] Yo no me suicido por amor. Lo hago por el orgullo que rebalsa a los mediocres. […] El presidente Frei es un farsante. Fidel es un romántico. Lenin se equivocó. No quiero que mis hijos sean más cobardes (Cooperativa, 2019).

Lo cierto es que nunca fue más libre la Violeta que eligiendo cuando partir. Como en su canción más internacional, hoy en medio de tanta violencia y trastorno mundial que de seguro le hubiese inquietado, solo me queda darle Gracias a su vida.