Descentrados Chile

Visitas Inesperadas

Fotografía: Cecilia Aravena

Por Cecilia Aravena
Asistente Social, Máster en Ciencias Sociales, casada, dos hijos y dos nietas. Trabajó en la Vicaría de la Solidaridad hasta 1990, luego fue docente en la Universidad Católica de Curicó, Instituto del Valle Central y en la Universidad Autónoma del Sur y desde 1993 trabajó en el Ministerio de Desarrollo Social y Familia. Miembro del Taller de Poli Délano desde el año 2007, y miembro de la corporación Letras de Chile desde el 2014. Ha publicado los libros: “Fragmentos de Chile” (2018, cuentos), “La verdad secuestrada” (2019, novela), en coautoría con Eduardo Contreras Villablanca, “Estación Yungay” (2020, novela) y el libro de cuentos de ciencia ficción “Investigando humanos y otros cuentos para el fin del mundo” (2020), ambos también en coautoría con Eduardo Contreras Villablanca. Su última novela publicada es “Proyecto D and D” (2022, Espora). Tiene más de diez cuentos y poemas publicados en antologías como: Entrepuentes; (2007, de Mago editores), “El taller de Poli Délano” (2017, Espora), “¿Están escribiendo?” (2019, Espora); Antología de poesía chilena reciente” (2020, libro digital de Letras de Chile), Antología del cuento chileno reciente” (2022, libro digital de Letras de Chile). Algunos de sus cuentos han recibido premios en concursos. Ha sido jurado de concursos literarios (entre ellos el de la Municipalidad de Santiago), y ha escrito reseñas y críticas de obras, en medios tales como El Mostrador.

 ¿Te fijaste en el cactus rojo de la esquina? Desde acá se ve muy bien, ahora también tengo blancos y ¿Ya miraste la montaña? ¿Para qué vienes si no miras nada?, después de almorzar, me instalo bajo el parrón, y contemplo la colina, sus cuestas, aún distingo sus diferentes tonos de verdes, y al rato estoy dormida.  Sírvete algo, tal vez quieras un mate, me pregunto por qué viniste a verme después de tanto tiempo, ¿es para hacerme sufrir con tus historias? No pongas esa cara, no es que me moleste, sólo que me extraña, han pasado años. Eres la única que me ha visitado en todo este tiempo, tal vez le escriba a los demás para que vengan, ¿vendrían si los invitara? Bueno, ahora la cadera me molesta, ¿la gata? llegó hace unas semanas, le di algo de leche y no se ha ido más, podría ser así con las personas, ¿no?, contentarse con poco y querer por querer. Pero nadie es así.  ¿Acaso estoy mintiendo?  Contigo no fue diferente, fuiste la última en irte, – ¿cuántos años ya? — el primero fue Miguel y a poco tiempo mandó buscar a Guillermo, ahí empezaron a cambiar las cosas.

Nuestra pobre madre los extrañó mucho, no se limpiaban las piezas del fondo, nos pasábamos en la cocina encerradas sin hablar. Se dejaron de podar los   parrones y nunca se mataba algún animal, ¿para qué tanta comida, decíamos?, mejor esperemos que vengan a visitarnos.

Cuando ustedes se fueron, la casa y ellos envejecieron más rápido, ¿sabes? cuando ella murió, todo fue peor. En las noches tenía que salir a buscar al papá, porque si no, quedaba tirado a la orilla del camino. Un día se fue de pelea y apareció con cortes en el pecho, la camisa teñida y a jirones. El rojo de los cactus es como el de la sangre, ¿no crees? esos son los que más me gustan.

Me acostumbré a la soledad de estos campos, a estos silencios, a veces cuando me siento mejor camino hasta el fondo, donde armábamos el columpio, ¿recuerdas? y me devuelvo recogiendo maquis y ciruelas. Allí están brotando unos copihues blancos, a los pies del guindo.

No pongas cara de lástima, por algo ahora quieres quedarte aquí con tus chiquillos. Estas son mis tierras, sí, son mías, ustedes no estaban cuando nos robaron los animales, no saben todo lo que tuvimos que esperar para tener agua, bueno, a mí eso ya no me importa, si alguien más se hubiera quedado todo sería diferente, todos éramos jóvenes, yo era la que más soñaba y mira fui la que me quedé pegada a esta tierra, tú dijiste que volverías a buscarme. Me di cuenta de que las personas cambian cuando parten, uno cree que están en otro lugar, pero allá cambian, y las que uno recuerda nunca se movieron del lado de una, se quedan acá en silencio, entre las siembras, en las piedras del río, en los patios. El papá creía que lo iban a venir a buscar para conocer la capital, a los vecinos los tenía cansados, les comentaba que no lo verían por un tiempo, porque sus cabros se lo llevaban a Santiago. Las ocurrencias. Al principio todos le creían y yo agrandaba lo poco que sabía, que Miguel y Guillermo estaban construyendo edificios de varios pisos, que tú te habías casado con un policía, todos muy bien, gracias. Ahora pienso que no sólo a ti te fue mal, porque acaso cuando estamos bien ¿no nos gusta demostrarlo?, ¿no nos baja el cariño y las ganas de compartir?, en cambio, cuando las cosas son diferentes a como las soñamos, ¿acaso no nos escondemos? ¿No evitamos encontrarnos con quienes nos escucharon decir voy a hacer esto o aquello? Eso les pasó a ustedes, por eso nos olvidaron.  A mí, esta enfermedad me sirvió de excusa para quedarme plantada acá, ¿Cómo? ¿Que hice mal?  ¿Y quién crees que hubiera cuidado a la mamá? y ¿al papá?, ella estaba tan flaca que yo la podía tomar en brazos, coja y todo.  Es cierto, fuera de la casa no me fue bien, cuando iba al internado, me salieron piojos y a la directora no se le ocurrió nada mejor que raparme ¿quién se habrá creído la mujer ésa? Hasta ahí no más llegaron mis ganas de estudiar.

En todo caso no es tan difícil olvidar los sueños.  Aquí el tiempo no corre, lo maneja el amanecer y las estaciones, ahora a mis años lo veo así. Lo único que a veces me inquieta es cómo iré a morir, espero que sea aquí, no quiero estar encerrada en un hospital.

Tal vez quieras decirme cómo aguantaste que el desgraciado de tu marido te golpeara una y otra vez, por último, tú lo elegiste, pero ¿y mis sobrinos?,.

Anoche soñé que se me aparecía un tremendo perro negro justo cuando iba a entrar a la casa, era tan grande el demonio que tapaba el umbral, no había forma de eludirlo, entonces me daba vuelta y me ponía a correr, pero avanzaba muy poco, sentía su respiración agitada y sus patas casi rozándome, temía que llegando al claro me saltara por la espalda, ¡qué desesperación!,. Se me figura que es lo mismo que te pasa a ti con él, pensabas que él iba a cambiar, pero no se puede enderezar lo que crece chueco, ése será siempre un desgraciado ¿entiendes?,. A todo esto, te cuento que cuando desperté me fui tempranito a ver mis gallinas y encontré una muerta y faltaban dos, tiene que ser un perro hambriento, uno de estos días me lo encuentro y le disparo, ¿y Por qué te extrañas? ¿No recuerdas que mi papá manejaba un rifle en la casa?, está viejo, pero igual sirve.  ¿Y qué sacas con llorar? ¿Acaso eso te sirve de algo? Quédate aquí, comida no les faltará, y puedes trabajar ¿no? puedes vender leche y hacer quesos, cuando me falta plata vendo hasta los huevos, la casa revivirá con el griterío de los niños, abriremos las piezas del fondo de la galería y mataré un lechón, como antes. Y ¿quién le tiene miedo a ése?,.

Estás pálida, Teresa ¿escuchaste lo que te dije?  Ya te habías ido a dejar a los niños a la escuela y el condenado apareció, me las aguanté como te prometí, lo hice pasar para servirle alguna cosa, me aceptó agua no más, se las dio de sanito, como si no me hubieras contado, me di el gusto de escupirla antes de dársela y me senté a esperarte, yo me quería quedar callada, pero empezó a decir que te ibas a tener que ir con él, que te habías vuelto loca,  que iba a ir a buscar a los niños, cuando le conté que habías ido al juzgado por los golpes, se enfureció, los ojos se le pusieron saltones, enrojeció y ahí mismo se puso a insultarme, le contesté y se me fue encima, eso a mí no me pasaba desde chica, cuando el abuelo me agarró porque le solté los cerdos,  así que no me pidas más, aguanté todo lo posible. Se metió a la pieza a buscar tus cosas y a revolverlo todo, me decía que era una coja amargada y un montón de insultos más, algunos no los había escuchado nunca, saqué el rifle y lo eché de mi casa, lo amenacé con matarlo, se asustó y se fue.  No volverá.

¿El disparo?, ¿ves el gallinero desde aquí? se asomó el perro, ése que andaba matándome las aves, cuando prueban la carne fresca ya no quieren otra cosa, lo arrinconé, le apunté sin pestañear, y le di en el corazón al desgraciado, después fui a buscar al vecino para que me ayudara a enterrarlo, no quería que lo fueran a encontrar los niños, eso fue lo que pasó.

Ahora cálmate y saca el aguardiente, sírveme un traguito, tengo ganas de celebrar que me deshice del condenado.