Descentrados Chile

¿Una o varias formas de masculinidad?

Fotografía: Las paredes hablan: https://m.facebook.com/lasparedeshablanok/

Por:
Gonzalo Soto Guzmán.
Psicólogo y Académico Universidad Central de Chile.

Javier Ruiz Ríos.
Terapeuta ocupacional y Académico Universidad Central de Chile.

El género puede ser entendido de modo general como una red o sistema de creencias en las que se incorporan actitudes, ideas, comportamientos e imágenes de lo que significa para una persona ser hombre o mujer (me limito solo a hombre o mujer pues el objetivo de esta columna está relacionado con una de estas concepciones).

Esta construcción que es simbólica y personal se va incorporando a través de varios sistemas de socialización que son fundamentales tales como la familia, la escuela, los medios de comunicación, los mandatos culturales (que no siempre son evidentes pero que permean esta construcción), los diferentes credos religiosos en los que una persona profese entre otros.

Es entonces, desde un transitar en la vida, donde hombres y mujeres comenzamos a “lenguajear” (aquí un guiño a Maturana sobre el lenguaje y el entrelazamiento social) sobre lo que es masculino o femenino; de esta forma se comienzan a producir y reproducir ideas del tipo “esta es una película para mujeres” o “es típico que ellos hacen el asado y ellas preparan las ensaladas” o “ellas pueden ir al baño en grupo, ellos no” o peor aún “ellas pueden ser emocionales, ellos no tanto”. Lo antes descrito permite visualizar la forma en la que las personas vamos estableciendo un mapa de ideas de lo femenino o masculino lo que está muy influenciado por el lugar, contexto y época en la que existimos.

¿Existe una sola forma de comprender la masculinidad? Durante muchos años se pensó que sí, negando espacios de desarrollo, pero al mismo tiempo promoviendo la mantención de zonas de confort propias del ser hombre (ganar más, trabajar menos en lo doméstico, tener siempre la última palabra, creer que por ser hombre puedo piropear, el permiso social de beber y pagar por lo que sea, entre otros.)

Independiente de que hoy se pueda tener la idea de que las concepciones de masculinidad han cambiado, en el fondo existen, a nuestro juicio, dobles discursos en este aspecto, lo que vuelve a situar a lo masculino en un espacio rígido, cómodo, pedante en ocasiones y restrictivo. ¿Ha visto usted en el último tiempo más de 3 anuncios publicitarios relacionados con lavar la ropa, o la corresponsabilidad doméstica o donde laborales de cuidado sea asumida por ellos? (¿piense en la generalidad, no el suceso que pueda surgir? ¿Ha visto usted algún comercial donde ella maneja un porche y donde él va como acompañante/objeto?  ¿Recuerda usted algún comercial donde el sentido de lo estético en temas de decoración del hogar lo aporta él?

Estas preguntas sólo desde lo publicitario o lo televisivo, que es lo que más se consume de un tiempo a esta parte en redes sociales o la televisión abierta, piense en sus interacciones cotidianas ¿Cuántas veces ha emitido el comentario “típico de mina” o cuantas veces ha sospechado de otro hombre sobre su orientación sexual solo por el modo en “cómo se ve” o gesticula?

La idea de masculinidad al parecer sigue siendo restrictiva, autoritaria, heteronormada y patriarcal, ya que no promueve la diversidad de opciones en la que los hombres puedan configurar su masculinidad; sin tener que sufrir por ello el castigo social, el cual surge de forma inmediata como respuesta a lo diverso y por ende contra a lo establecido y que con matices se sigue manteniendo independiente de las nuevas ideas de “modernidad masculina” que en ocasiones nos ofrecen ciertos medios. ¿Cuándo se ha visto que un hombre (no homosexual, aquí otro prejuicio) ande con un espejo en su mochila/maletín/ bolso?

Salir de la norma en lo que respecta a lo masculino es al parecer mucho más complejo de lo que se pueda mostrar en medios de comunicación, artículos académicos, conversaciones de matinal (sin menospreciar, hoy por hoy son los únicos espacios donde se tocan estos temas) u otros lugares donde el tema se ponga en discusión o análisis. Dejar lo establecido en este aspecto, deja un espacio de “rareza” que no es agradable, que implica cuestionamiento, “duda”, dificultad para encasillar, complejiza entender esta otra posible forma de lo masculino ¿será gay? Y por sobre todo implica una ambigüedad para categorizar lo diverso ya que lo diferente al parecer, no es parte de la concepción tradicional de lo masculino, situando nuevamente a esta red de creencias en un mismo punto.

Lo antes descrito permite ir comprendiendo cierta historicidad sobre la masculinidad, después del mayo feminista del 2018 y de la insurrección social en nuestro país el 2019, las cosas se dieron vuelta para muchas instituciones y discursos hegemónicos y predominantes ¿cuál fue el rol de las masculinidades en estos años? Al parecer confusión, el sentimiento de que no podíamos hacer ni decir nada (propio de la tendencia a la victimización por la pérdida del privilegio) y a expresar incertidumbre y molestia por el supuesto avance feminista en el escenario social y relacional. Muchas masculinidades tuvieron por fin un acto de silencio y escucha, necesario, ya que parte del rol de la masculinidad tradicional es tener la última palabra o cerrar con la frase final. En este tiempo la escucha permitió a ciertas masculinidades intentar comprender esos malestares históricos y naturalizados, pero por sobre todo discernir sobre las formas a través de las cuales nos manteníamos alejados de tantos espacios que por socialización pensábamos no nos correspondían como a ellas.

Los años descritos fueron intensos de muchas formas, pudimos observar las formas a través desde las cuales se instalaron los discursos de odio desde instituciones eminentemente masculinas y las formas a través de las cuales la violencia sacudió al país.

La Pandemia en su proceso hizo retornar a la supuesta seguridad del hogar, ya que por resguardo debimos confinarnos ¿era seguro para esas mujeres que debieron convivir con sus maltratadores todo ese tiempo en razón del COVID? ¿había seguridad para esas disidencias sexuales que debieron soportar convivir en encierro con familias que no les aceptaban? La seguridad era el mandato, pero nos olvidamos de esas inseguridades que históricamente han sufrido en silencio y que en tiempos pandémicos fueron doblemente invisibilizadas.

Los registros internacionales sobre el consumo de pornografía (otro permiso masculino más allá de la orientación sexual) se incrementó en un 200% en los 5 primeros meses de confinamiento (Diario Dale una vuelta, 2020), dando cuenta de la forma en que ciertas masculinidades conciben la idea de ocio y disfrute.

La producción científica de mujeres académicas en tiempos de encierro disminuyó y la de los hombres se incrementó ¿Qué ocurrió? Al parecer las lógicas de manejo y gestión del hogar se volvió a tornar algo de ellas; ya que nuevamente el trabajo de ellos era el relevante ¿y el de ellas? ¿esto fue un comportamiento que se dio por historicidad en tiempos de crisis o los mandatos en este aspecto son tan fuertes que se accionan casi de forma automática? Lamentablemente las posibilidades de ayuda ante las violencias domésticas y de cualquier tipo en tiempos de confinamiento fueron escasas y solo la interdependencia entre vecinos y en comunidades organizadas permitió ciertos apoyos a muchas personas durante la Pandemia.

Si la masculinidad es una posición social ¿cuál es el deber de los hombres en tiempos de cambio social y de reivindicación de las injusticias históricas en temas de género? ¿debemos seguir siendo observadores desde la vereda del frente o es nuestro rol promover equidad social desde los propios cuestionamientos sobre la posición social de nuestras propias masculinidades? ¿de qué manera perpetúo mi propia masculinidad hegemónica siendo un hombre con conciencia de género? ¿Qué acciones o comportamientos del día a día que no cuestiono son un acto de inequidad en mis relaciones sociales o de pareja?

Así como existen masculinidades alternativas y descolonizadas, también hay masculinidades que encubiertamente desean sacar provecho de estos tiempos, a eso se les denomina masculinidades oportunistas donde los neomachismos aparecen como estrategias discursivas que mantienen el control y privilegio social.

¿Cree usted que existe entonces, una o varias formas de masculinidad? ¿Cree usted que el género ya aburrió y que debemos seguir avanzando sin hablar de estos temas? ¿Por qué a algunos hombres y mujeres les aburren o ya fastidian los temas de género?

Si usted posee cierto fastidio o la creencia de que la sociedad ya alcanzó su clímax en estos temas, le invitamos a revisar nuevamente sus creencias y sentires, a mirar sus configuraciones y preguntarse el porqué de estas ideas….a la fecha los femicidios siguen, los crímenes de odio a personas no heterosexuales ocurren, las mujeres siguen siendo vendidas y en muchos países es preferible tener un hijo a una hija; la tasa de suicidio en personas transgénero sigue siendo alta y la probabilidad de vida de sujetos transgénero es Chile es de 42 años, en México de 35 años…¿cree usted que ya está bueno con los temas de género? ¿Deberemos pensar en otras masculinidades para seguir pensando en igualdad y justicia social? Si su respuesta a esta segunda pregunta es sí, ahora nos convoca reunirnos y pensar desde dónde y cómo…

Referencias:

Diario Dale una vuelta (2020). Pandemia y consumo de pornografía.