Por Newen1
Cuando me sacaron la venda, llevaba nueve días habituado a percibir por medio de mis otros sentidos. Reconocía voces, pasos, y estaba atento a los aromas y hedores que desprendían quienes me rodeaban, lo que siempre jugaba en mi contra. A veces, es conveniente no sentir, hacerte insensible a las agresiones externas. Por eso, mantuve los ojos cerrados muchos segundos después de que la presión de la venda había desaparecido.
Esperaba el ataque de una potente luz: pero no, estaba en una sombría oficina.
Me habían dejado solo por lo que aproveché de ejercitar la vista, fijándome en cada detalle de los muebles y adornos. Un antiguo cárdex, un escritorio enorme, sin papeles, ni fotografías. Una lámpara móvil que estiraba sus resortes hasta llegar a un pequeño tocadiscos, a cuyo lado se encontraba una colección de discos de vinilo.
Al fondo en la penumbra, un marco dorado albergaba un diploma del que no distinguía nombres ni palabras, sólo unos sellos y timbres que le daban autenticidad a lo que dijera.
Me era grata esa penumbra, por lo que di un brinco cuando se encendió la luz y entró el médico. Me examinó con concentrada y profesional mirada, tocándome sólo con su estetoscopio y sin cruzar palabra conmigo. Al final, mientras me acompañaba a la puerta, me dio un golpecito en la espalda diciéndome.
—Estás bien, cabrito.
Cuando me conducían nuevamente a la sala de tortura, a mis espaldas se empezó a oír un concierto de Mozart. Sin duda, un placer para los sentidos.

- Newen: Nace en Santiago en 1957 como Rubén Torres Ávila, periodista viejo y novel escritor. Es socio de la Corporación Letras de Chile e integra el Taller Literario de Poli Délano, con quienes ha publicado en las antologías: El Taller de Poli (2017), ¿Están escribiendo? (2019) y Polinizando (2023). A final de 2025 publica su primer libro “Don Igualito y otros cuentos”, del que forma parte el cuento “Sentidos”. ↩︎

