Por Francisco Rivas
Vive en La Paloma, Rocha, Uruguay. Trabajó en radios y agencias de publicidad de Uruguay y Argentina. Realizó campañas políticas y publicitarias en Montevideo y Buenos Aires. Estudió Publicidad, Periodismo, Ciencias Políticas, Análisis Crítico del Discurso entre otras. Actualmente desde el tranquilo balneario en la costa atlántica se dedica a la Comunicación desde varias de sus aristas. Militante de izquierda no se identifica con ningún partido.
El imaginario popular latinoamericano es rico en refranes y frases que rescatan la experiencia acumulada de otras personas durante cientos de años para que nosotras aprendamos. Para que no nos equivoquemos como ellas. Quiero traer una de esas frases: “escoba nueva siempre barre bien”. ¿La conocen?
A mí un día me la dijo mi abuela cuando, de jovenzuelo, hablaba maravillas de un amigo nuevo del barrio. “Tranqui, Fran”, me dijo doña Élida, “mirá que escoba nueva siempre barre bien”.
Se puede usar en varios contextos, pero en todos los casos, lo que el saber popular acuñó en esa oración, es la idea de darle tiempo a algo o alguien para que muestre su verdadera cara.
Si trasladamos el saber popular a la política nacional (uruguaya), latinoamericana o global, de los últimos tiempos, podemos asociarla al intento de aggiornar a la derecha con el mote de “nueva derecha”. Sobran ejemplos de que lo que han llamado “nueva derecha” hasta el cansancio, no es más que la misma base de siempre, con pequeños cambios, novedades retóricas o tácticas, pero la matriz básica del proyecto político sigue siendo la misma que históricamente ha privilegiado a los de siempre: hombres blancos heterosexuales, el mercado por encima de los derechos sociales y una visión excluyente del “otro”, de las minorías, de las personas migrantes. Policía para cuidar al capital y no a las personas, y el etcétera que ya conocen y hemos padecido.
Hace diez años, Umberto Eco escribía en De la estupidez a la locura, algo que salvo el nombre del presidente, podría decirse hoy: “Con los vientos de guerra que soplan, estamos en manos del hombre más poderoso del mundo, que es Bush. Ahora nadie pretende como quería Platón que los estados sean gobernados por filósofos, pero no estaría mal que estuvieran en manos de personas con las ideas claras”.
Diez años y nada cambió. Ahora el hombre más poderoso del mundo es otro, que bombardeó Venezuela, que negó el genocidio en Gaza, que se burla de las minorías, que odia a los migrantes, a las mujeres. Es la misma receta que, trasladada a cada región, aplican Milei en Argentina o Lacalle Pou en Uruguay, y la que seguro va a emplear Kast en Chile.
El peligro está en borrar la memoria. En ese reseteo inconsciente de las políticas anteriores de otros partidos de “la vieja derecha”. Si creemos que es nuevo no lo asociamos a los anteriores gobiernos de derecha y sus crisis, sus miserias, su represión.
Entiendo a la academia cuando señala diferencias: la llamada “nueva derecha” incorpora un discurso antiglobalista, cuestiona el libre comercio irrestricto, en algunos casos propone políticas proteccionistas y son nacionalistas.
Pero esas “novedades” no implican una ruptura estructural: el rechazo al Estado social, negarse a la ampliación de derechos, el conservadurismo y la defensa de intereses de las clases dominantes, entre otras políticas, continúan siendo medulares. Más que una derecha nueva, se trata de una derecha adaptada a un mundo en crisis, que cambia el discurso para disputar mayorías, sin modificar su núcleo histórico.
En marketing hay un par de axiomas que nunca fallan. Uno de ellos es que no importa en qué sea, pero una marca o producto tiene que tratar de ser la primera en algo. Si no logra ser primera en ofrecer determinado producto, que sea en ofrecerlo en otro color, o packaging, o algo. Lo importante es decir “fui la primera”.
Otro de los axiomas es el de decir que algo es “nuevo”. Nuevo sabor, nuevo envase, nueva fórmula. Presten atención en el supermercado, de alguna u otra manera, las marcas buscan decir que son nuevas. Para mantenerse vigentes. Para que en la mente de las personas no sea el mismo producto que ya probaron y no les gustó.
“Ah, este es nuevo, no es el mismo, lo voy a probar”.
Si pensamos en Milei, cuando se lo presentó como representante de la nueva derecha, muchos creyeron que venía a ofrecer un cambio sustancial a todo lo conocido. Pero, unas cuantas barridas de escoba después (y de derechos, de ministerios, de dignidad de las personas), descubrimos que “la casta” terminó siendo el pueblo, que su ejecutivo se llenó de los mismos nombres de siempre y que la fórmula que empleó para gobernar como “nueva derecha” se parece demasiado a la vieja derecha.
En suma, los males que atravesamos hoy en día con Trump, Netanyahu o Kast, son los mismos que atravesamos con Pinochet o Videla, con la conquista de nuestras tierras, con los genocidios de pueblos originarios como los charrúas en Uruguay, los selk’nam en Tierra del Fuego, los pueblos quechuas y aymaras en la región andina, los mayas y mexicas en Mesoamérica, y la persecución histórica y todavía vigente contra pueblos mapuches, guaraníes, qom, wichí y tantas otras naciones originarias de América Latina.
Si sos marrón en Argentina te miran como si fueras un ladrón, porque el gen supremacista blanco flota en el Río de La Plata como la peste.
No es Trump, es el colonialismo; no es la nueva derecha, es la derecha. No es la violación de los DD.HH. hoy en día: esto viene desde la conquista. No es un mal de estos tiempos. No hay nada nuevo bajo el sol, por más que las agencias de publicidad les hagan rebranding a las mismas políticas rancias.
Ya conocemos esa escoba, sabemos cómo y a quiénes barre y a quiénes no.

