Por Néstor Martínez
Psicólogo Universidad UCINF. Magister en teoría y clínica psicoanalítica, Universidad Diego Portales. Postítulo en psicopatología psicoanalítica ICHPA. Docente Universidad UNIACC.
Comité Editorial revista Significantes (psicoanálisis, arte y cultura). Psicólogo clínico.
En este escrito pretendo tomar ideas de dos autoras, las que en sus propios términos plantean la necesidad de “detenerse y repensar”, como forma política de resistir el desmantelamiento (posible) de la infraestructura discursiva que son los Derechos Humanos. Tanto J. Butler, como I. Stengers confluyen, además, en que esta detención permitirá arribar a puntos comunes -más allá de las diferencias-, que hagan posible cierto grado de colectividad tan necesario en tiempos donde el individualismo campea.
En 2008, en su texto “La brujería capitalista”, Stengers afirma que el capitalismo no solo explota la fuerza de trabajo y que el capitalista se apropia del excedente de las ganancias, sino que, en su desarrollo, se ha realizado algo más sutil; esto es, la expropiación de la capacidad de pensar juntos. Es decir, que el ritmo acelerado de vida que se ha instalado en occidente refuerza el individualismo al mismo tiempo que fragmenta el tejido social, al valorizar supuestas necesidades individuales, que de la mano de discursos que promueven la felicidad, afectan nuestra capacidad de llegar a puntos comunes que puedan articularse como demandas colectivas.
Es ante esta problemática que en su texto ¿Es posible desacelerar? propone ralentizar como forma para reapropiarse de nuestra capacidad de pensar, incluso dudar de nuestras propias certezas, para habilitar un espacio de toma de decisiones diverso, que incluya las ideas y necesidades incluso de quienes piensan distinto. Es decir, en su propuesta existe posibilidad de acuerdo, a pesar de los disensos. Así, desacelerar se convierte en un acto político, transformador de las relaciones humanas, y por sobre todo, permite tener en consideración las consecuencias de nuestros actos, lo que estos generan en los otros.
Por su parte, Butler en su conferencia “Repensar la vulnerabilidad y la resistencia”, propone detenerse en la noción de vulnerabilidad, quitándole el estigma negativo que conduce no solo a respuestas paternalistas, sino también aquella que la identifica con una imposibilidad de resistir y poner freno a situaciones que afectan a una persona. Afirma entonces que la vulnerabilidad es justamente lo que moviliza a los sujetos a resistir. Propone igual que Stengers, la necesidad de detenerse, de darse el tiempo para repensar y considerar de forma distinta, y así revitalizar la vulnerabilidad como posibilidad de agencia política.
La autora afirma que no solo somos vulnerables en términos materiales y económicos, sino que nuestra vulnerabilidad es también respecto de los efectos del lenguaje, es decir, a los discursos que nos anteceden y que inciden actuando a través nuestro. Por lo que entonces, y en sintonía con Stengers, detenerse ante nuestras creencias es fundamental, ya que lo que a veces nos parecen verdades incuestionables, esencias incluso, no serían más que “ideales que se han apoderado” (Butler, p. 34) de nosotros de forma profunda y permanente.
La invitación que hace Butler es a detenerse y pensar más allá del miedo y el acto reflejo, instando a pensar y cuestionar de forma crítica, para poder articular así una respuesta, una resistencia, sabiéndonos vulnerables, ya que ser tomados por discursos que desmienten o minimizan esa vulnerabilidad, aparecen como solidarios de un individualismo que deshumaniza, y propone la lógica del “sálvense como pueda”.
Ahora, teniendo en consideración estas propuestas, y en tiempos en los que el tablero geopolítico parece tambalear, y la democracia junto con los Derechos Humanos parecieran estar nuevamente en riesgo, estas ideas son quizás más que necesarias, un acto ético-político inexcusable.
Vemos como la política exterior de las grandes potencias mundiales, ponen en riesgo los avances en materia de Derechos Humanos surgidos de la posguerra, y en especial en occidente, el autoritarismo expansionista del presidente de Estados Unidos, es un llamado de atención a los países y sus gobernantes, pero como estos muchas veces comparten intereses y están -como lo dijo Butler-, inmersos en una misma trama discursiva, podrían llegar a apoyar y justificar, o pasar por alto actos de agresión que refuercen cada vez más la tiranía en desmedro del pacto civilizatorio que suponen los DDHH.
Entonces, si bien es de esperar que nuestros representantes estén a la altura de la época, existe igualmente el riesgo de que por diversos factores no lo estén, y en este sentido, deberá ser el ciudadano quien pueda dar ese paso al costado, salirse por un momento de la vorágine del automatismo y del acto reflejo, y detenerse a pensar, dándole sentido a su actuar, y visualizarse como agente de cambio. Es necesario validar nuestra vulnerabilidad, visualizarnos vulnerables, valorarla y a partir de ahí, considerar la correspondencia que esta tiene no solo con lo colectivo, sino también con el respeto por los Derechos Humanos.
Referencias:
Butler J. Repensar la vulnerabilidad y la resistencia, en el libro “Resistencias”.
Stengers I. ¿Es posible desacelerar?, En libro “Cómo pensar juntos”.

