Descentrados Chile

La garrapata y el ecosistema de la democracia nacional

Fotografía: Bäume und Unterholz, Museo: Museo Van Gogh, Amsterdam (Países Bajos) | Visita guiada Técnica: Óleo (46,5 x 55,5 cm.)

Por Fidel Lajara Erices

Psicólogo

 

Podemos pensar la democracia chilena como un objeto en permanente disputa moral y administrativa; una tensión tecnócrata entre quienes se han inscrito en la famosa “batalla cultural” y el desarrollo de sus contingencias.

En ese devenir se ha instalado una agenda permeada por una pobreza conceptual que ha reducido el debate político a unos pocos estímulos: más seguridad policial, más trabajo —como un fin en sí mismo— y el deseo de expulsar inmigrantes. Al menos, esos parecen ser los puntos que resumen el programa vencedor de las últimas elecciones.

De ahí en más: Uno que otro ministro incapaz de leer o hablar en público con claridad, retroexcavadoras realizando zanjas en el norte sin demasiado sentido, la búsqueda de transformar escuelas y centros de salud en proto comisarías, un debate casi sin oposición para eximir a los más ricos del pago de contribuciones y un malestar social que la izquierda aún no encuentra cómo capitalizar.

¿Qué pensar o qué decir? O, más bien: ¿cómo pensar este panorama?

Un análisis de nuestras composiciones de fuerza y de lo que cada grupo político puede hacer quizá permita ampliar la imaginación política y abrir caminos distintos, capaces de sacarnos de la fatiga y de la pobreza actual de discursos, propuestas y acciones.

Para ello, la etología y los diálogos de Gilles Deleuze nos ofrecen un animal curioso: la garrapata.

Este animal ínfimo permite ilustrar una dimensión existencial de la naturaleza y, al mismo tiempo, funciona como metáfora para pensar algo del ecosistema democrático local. Porque la observación de lo que puede una garrapata también puede decir algo sobre lo que podemos nosotros. No existe un único mundo objetivo igual para todos; existen mundos organizados según aquello que cada ser puede percibir y hacer.

La garrapata necesita apenas tres elementos que definen su existencia: luz, olor y calor. Mediante la luz se orienta y asciende a un árbol; al sentir el olor que expelen los mamíferos, se deja caer sobre ellos; luego busca el calor, se aloja y anida.

Interesa preguntarse si el oficialismo y la oposición no participan también de una forma semejante de componer la política nacional: Una existencia reducida a pocos estímulos y a una mínima dimensión del mundo. Una narrativa que parece limitarse a esperar el momento oportuno para habitar el poder. 

Después de más de una década de campañas organizadas en torno a la seguridad, incluso el nuevo ministro del área ha señalado que continuará con el mismo plan de seguridad del gobierno anterior.

¿Austeridad? ¿Pobreza imaginativa?

Como la vida de una garrapata: buscar la luz, aferrarse a un árbol y dejarse caer sobre algún cuerpo mayor para vivir.

La fuerza dominante parece moverse de ese modo; el debate parlamentario también:

¿Quién entrega más poder a los aparatos represivos del Estado?

¿Quién ofrece más puestos de trabajo?

¿Quién administra mejor el problema migratorio?

Pequeñez o quizás impotencia. Quién obra bien y quién mal; qué es constitucional y qué no. Hay una frase que se repite siempre: “la pelea chica”. Movimientos mínimos, ideas mínimas, debates mínimos, salidas mínimas.

Por supuesto, salud, educación, ciencias, reconstrucción urbana, artes y cultura —es decir, aquello que compone el ecosistema de los seres humanos— parecen quedar fuera de escena. Esos asuntos no son materias para animalitos como la garrapata, ocupada únicamente en trabajar, buscar seguridad y evitar ser reemplazada por un parásito más eficiente.

Si la garrapata nos ilustra una vida reducida a tanta austeridad, quizás una pregunta pertinente sea: ¿Qué puede un cuerpo político cuando su mundo se vuelve cada vez más pequeño?

En su momento Baruch Spinoza dijo: “nadie sabe lo que puede un cuerpo”. Lo que puede pensarse también así: Nadie sabe lo que es capaz de soportar un cuerpo ni un ecosistema de cuerpos; tampoco cuánto tiempo puede soportar un modo de vida reducido a tal punto.

Como nadie lo sabe, la pregunta también se vuelve mínima:

¿Hasta cuándo?

 

Referencias

Spinoza, B. (2000). Ética demostrada según el orden geométrico (V. Peña, trad.). Alianza Editorial. (Trabajo original publicado en 1677).

Deleuze, G., & Parnet, C. (1996). L’Abécédaire de Gilles Deleuze [Serie de entrevistas]. Dir. Pierre-André Boutang.