Descentrados Chile

El Estado Nación como desigualdad estructural para los Pueblos

Fotografía: Ryan Scatenato

Por Felipe Valdebenito Leiva
Periodista, cientista social y habitante del Wallmapu

La derrota del plebiscito del pasado 04 de septiembre no sólo hace desaparecer la posibilidad de un nuevo texto constitucional, sino que también esfumó del debate público la mayor transformación estructural en términos políticos y simbólicos que se abrió con la movilización de los pueblos, me refiero al Estado Plurinacional.

Chile es un país desigual en todos los ámbitos de la vida, la producción y reproducción de la misma está dado por estructuras que definen el destino de miles de vidas y que mantienen las relaciones de poder, económicas, culturales y políticas desiguales.

Dentro de muchas desigualdades hay una estructural que no podemos obviar quienes aspiramos a la transformación de la sociedad, una estructura que forja la identidad sociopolítica y cultural de un país, la que construyó una forma de ciudadanía y dio auge en nuestra historia para el genocidio de otros pueblos, esta estructura es el Estado Nacional. Ente que en poco más de 200 años, en distintos momentos, ha intentado hacer desaparecer las visiones territoriales, ha ocultado el grito de autonomía o reconocimiento y ha mutilado tradiciones, costumbres, signos y símbolos de otros pueblos-nación que preexisten a lo que conocemos como Estado Chileno.

Ante esta realidad, desde principios de los años noventa y con mayor fuerza el Pueblo Mapuche se ha levantado para buscar abrir camino a procesos de autonomía, de reconocimiento, de construcción de su propia nación, lo cual tal y como ha ocurrido otras veces ha sido sistemáticamente reprimido por el Estado de Chile. Con el tiempo y desde otra perspectiva, pero hacia un lugar común, los territorios, las comunidades locales, han ido empujando por mayores procesos de descentralización económica y política, procesos que también se han visto reprimidos. Al Estado y sus élites, la democracia y desconcentración del Poder no le sirve y ha sido sistemáticamente derrotada cualquier fuerza social o política que empuje esta transformación. Pero es en ese lugar común de la descentralización y desconcentración del poder y la riqueza, donde se encuentran pueblos-nación y comunidades chilenas de distintas localidades pidiendo transformación para una mejor vida, pero es el Estado-Nación una traba, un freno, que ha permitido visibilizar la necesidad de transformar el Estado a uno que permita la coexistencia de pueblos y comunidades locales.

En este contexto, hace unos años vivimos el punto de mayor inflexión para los sectores que buscamos cambios, El Estallido social permitió abrir un montón de puertas, amplió el límite en el cual se estaban dando los debates políticos, permitió visibilizar realidades cotidianas que no se dejaban ver, por esto, el Estallido social es también una evidente crítica al Estado Nacional y su concentración de poder y riqueza, la movilización mostró una crítica a la identidad, a las creencias, a los símbolos del Estado Nacional chileno, tanto mecanismos de producción de la vida como de construcción socio cultural y política, en esos días se forjó lo que para mí es un crisis de época, la cual el proceso constitucional actual no podrá frenar.

Pensar en terminar con esta desigualdad estructural para los pueblos requiere de imaginar la construcción de un aparato que permita producir relaciones simétricas entre los pueblos que coexisten en lo que hoy llamamos Chile, la condensación de ese proceso se le ha denominado Estado Plurinacional, es allí donde se han encontrado en acuerdo sectores de las izquierdas, los pueblos-nación, comunidades locales y que incluso llegó a tener una bancada en la Convención Constituyente. Desde mi punto de vista ese encuentro careció de propuestas más allá del concepto plurinacional, me quedé con la sensación de que en cierta medida la chilenidad que estaba a favor no supo nunca imaginar ni diseñar un nuevo Estado, fuera de los márgenes de lo nacional.

El Estado Plurinacional es una oportunidad para los pueblos y comunidades territoriales porque en diferentes dimensiones permitiría generar condiciones distintas para la producción de otras relaciones sociales. Es también una oportunidad para la ciudadanía chilena que busca más democracia, mejor distribución territorial, desconcentración del poder, descentralización administrativa, mejor distribución de la riqueza. Es también una oportunidad para las izquierdas para abandonar sus sesgos centralistas, nacionalistas, eurocentristas. También, es un punto de partida para producir una relación social que permita construir actores sociales colectivos e individuales para una transformación radical de la sociedad. Por tanto, no es solo una cuestión conceptual, es construir una estructura pública, de sentido, de reproducción de la vida, es tomar Chile y borrar sus actuales límites interiores y dibujar una nueva distribución del territorio, de desarrollo, de poder para el bienestar y la coexistencia de los pueblos y los interese locales.

Un Chile construido desde los pueblos, un Chile con autonomías territoriales, un Chile descentralizado, un Chile que se sostenga en la fuerza de su diversidad política, cultural y económica. Un Chile de relaciones simétricas e interculturales entre pueblos, será, un Chile Plurinacional, una nueva forma de Estado que no es algo de exclusividad de algún pueblo-nación, tampoco es algo que acabe con la “chilenidad”, pero si es una forma de Estado que permitiría ocupar la fuerza de lo local y sus pueblos para enfrentar el poder nacional de las élites y sus riquezas.