Descentrados Chile

Otros mundos están siendo posible y las mujeres somos las artesanas de esta heteropía

Fotografía: Mariana Muñoz y edición fotográfica Fabiola Castro Mardones

Por Karin Aurora Berlien Araos
Académica Titular Facultad de Ciencias Económicas y Administrativas. Co-cooridnadora de RIPESS IC. Directora Igualdades y Diversidad. Universidad de Valparaíso.

En este número especial que aborda y borda relatos diversos, voces de mujeres de diferentes rincones de nuestro continente, con diferentes experiencias y modos de aproximación para la construcción de economías solidarias, transformadoras y vitales.

Porque pensar la vida y la economía, en una relación inseparable, es parte del ejercicio histórico que hemos sostenido las mujeres, y cuando hablamos de economía & vidas vinculadas no sólo nos referimos a la dimensión del intercambio monetario, sino sobre todo a las redes y relaciones para el cuidado, la conservación, la supervivencia, como también para el amor y la felicidad.

En este número, podemos recorrer los pensamientos y sentires de mujeres latinoamericanas diversas, comprometidas militantes de sus sentires, defensoras de la tierra y de quienes somos parte de esta, proponiendo y promoviendo desde las prácticas cotidianas nuevas formas de relacionarnos, como también preguntas y propuestas éticas para la organización de la vida.

En este sentido, e hilando nuestras voces en un dialogo femenino/feminista destaco la provocación profunda y reflexiva sobre los modos de producción capitalistas, que nos trae María Paz Aedo, cuando interroga: ¿Es “solidario” pedirle al microbiota, a las aves, a los ecosistemas terrestres y costeros, a las cuencas hídricas, a las comunidades originarias, que sacrifiquen sus modos de existencia? ¿Para que la industria automotora china y estadounidense pueda fabricar vehículos eléctricos y abastecer la demanda de los consumidores en países nórdicos?

Reflexión que delata una crítica, profunda y sencilla, al sistema económico capitalista y colonial sus lógicas de acumulación de “capitales”, de jerarquización entre los seres vivos y de creación de problemas distributivos, donde muy pocos logran concentrar y muchas personas y seres vivos quedan en una lógica de explotación y dependencia.

Lógica de dependencia y explotación, que se sostiene sobre el cuerpo de las mujeres, como resalta, argumenta y crítica María Ignacia Banda , cuando pone en cuestión la “autonomía económica” leída sólo desde el acceso al mercado del trabajo y la dependencia del salario, señalando  que:  las Economías Feministas no dejan de poner sobre la mesa la necesidad de pensar en una sociedad en que las relaciones sociales no se encuentren mediadas por el dinero, y las autonomías de las mujeres no impliquen para ellas una tensión y/o una renuncia, sino el pleno ejercicio de sus deseos, capacidades e intereses. Esto porque sabemos que nuestras tareas no se acaban en el mercado del trabajo, sino que continúan en nuestros hogares y nuestras comunidades donde ocupamos tiempo para el servicio y los cuidados.

Y si pensamos estos cuestionamientos, o ejercicios de atención los podemos todavía ampliar, cuando leemos el texto de María Alvarado, quien nos menciona como se observa desde quienes trabajan la agroecología, cuando pone al frente la apropiación de los sistemas agroecológicos por el agronegocio:  Hay sed del Agronegocio verde y sustentable por el territorio de la Agroecología.

Al mismo tiempo, que rápidamente corre la cortina y nos muestra que no podemos quedar prisioneras de la desesperanza, porque al mismo tiempo que esto sucede brotan, se enraízan las organizaciones agroecológicas, productores de convicción y  resistencia y actores políticos de diversos  movimientos  que defienden  la soberanía alimentaria  en Chile y Latinoamérica como lo son  ANAMURI, CLOC CAMPESINA, SLOW FOOD , comunidades de pueblos originarios, escuelas agroecológicas, colectivos  de huertas  urbanas y rurales  en su mayoría liderada por mujeres, Cooperativas agroecológicas, Cooperativas de consumo  agroecológico,  organizaciones de certificación participativa, aquí en la V región de Valparaíso, son al menos cuatro y a quienes hoy son  esperanza y  vida,  las guardadoras de semilla.

Y si recogemos   otras sabidurías, que también recorren nuestras memorias, podemos encontrar las voces de nuestras antiguas/os , como nos recuerda Shirley Ruiz, cuando nos presenta la voz antigua del  “suma qamaña” que  nos enseña la importancia de saber escuchar, de reconocer mi voz  y también la voz de los demás, es un escucharse mutuamente, es escuchar la vida, la naturaleza, los colores, etc., y así entender lo que la Madre Tierra nos quiere decir y hacia donde nos quiere guiar, “el que escucha aprende y cambia”.

Aprender a escuchar, a observar, a hablar y actuar, como lo hace la naturaleza, tarea relevante y vital, profundamente necesaria en estos tiempos. Que la consigna o mantra de nuestras acciones, vinculaciones económicas, producción y reproducción siempre esté apegada al principio y la ética antigua del Buen Vivir es nuestro desafío, para la economía y la vida.

Y en ese desafío encontramos relatos con historias, como las de Ana Condorí o Lucero Blanco, quienes nos cuentan cómo han ido construyendo, en sus territorios, experiencias vivas y que se han mantenido en el tiempo, de mundos alternos, que contienen experiencias transformadoras y armonía con la vida.

Experiencias que nos presentan esta heterotopía, o lugares que están fuera del sistema dominante y que nos permiten observar que es posible hacer modelos comunitarios, transformadores, respetuosos y solidarios, que sintonizan la diada que ya presentamos economía & vida, o como diría Valeska Sarmiento “Otra economía es posible”. Numerosas organizaciones sociales, sindicales y productivas se han unido en la búsqueda de alternativas a los modelos hegemónicos.

Y podemos complementar con las palabras de María Fernanda Gómez que se trata de relaciones que llevan décadas y que insisten en buscar la restitución del tejido social, la resignificación y visibilización del rol de la mujer como gestora, impulsora, influenciadora y transformadora de la realidad político-económica del continente.

Y en el ejercicio de visibilizar, pero también intercambiar para educar, recogemos también el sentido de estos procesos de formación como nos menciona María José Varela, creemos que el camino para el fortalecimiento del sector de la economía popular, social y solidaria comienza en la construcción y desarrollo de instancias de formación en las que los modos del decir y del hacer sean producidos por las/los participantes. Porque las experiencias están siendo y lo que toca es sacarlas de la periferia y devolverlas al lugar del sentido común en nuestro continente, en nuestra casa/utera global la tierra.

Este texto cosido a muchas voces pretende sólo colaborar con aquello.

En fraternidad.