Descentrados Chile

La magnitud del affaire político de Tania Bruguera en Chile

Fotografía: Artista Tania Brugera

Por Hamlet Fernández Díaz
Historiador del Arte. Profesor, investigador, ensayista y crítico de artes visuales y cine.

Después de meses de polémica (desde julio) finalmente se inauguró el 8 de octubre en el Museo de la Solidaridad Salvador Allende (MSSA), en Santiago de Chile, la muestra personal de Tania Bruguera, Magnitud 11.9 bajo la curaduría de Joselyne Contreras Cerda. El proyecto fue concebido como parte del programa expositivo organizado por la institución por los 50 años del Golpe Militar en ese país. El objetivo programático del museo consistió en proponer exposiciones que activaran “la memoria desde una mirada transformadora y de esperanza”. El trabajo de investigación y creación desarrollado por Tania en Chile partió de una dinámica de colaboración y diálogo, centrada en abrir un espacio de reflexión crítica sobre ese nefasto hecho de la historia chilena y latinoamericana. Nunca se trató de una exposición sobre el minuto político de la Cuba actual.

Sin embargo, desde que el MSSA hiciera público que la artista cubana estaba invitada a exponer en sus salas, y sin siquiera saberse cual iría a ser el contenido de la muestra, estalló de inmediato una polémica. El primero en sentirse indignado fue el nieto de Salvador Allende, Pablo Sepúlveda Allende. El 5 de julio escribió en X un “enérgico llamado” a la directiva y trabajadores del MSSA, para que se “retractasen” de la “grotesca provocación” que él entendía como “insolente agravio” hacia la memoria de su abuelo.

Por qué, pues porque Tania Bruguera, en su criterio, es una artista “que solo destaca” debido a que “su puesta en escena es contraria políticamente a la Revolución Cubana”. Y, por tanto, una artista disidente del gobierno de La Habana no puede exponer en un museo que lleva el nombre de Salvador Allende, porque nadie puede atreverse a negar “el inmenso cariño, la indestructible amistad y solidaridad que el presidente socialista tuvo siempre con Fidel, el pueblo cubano y su Revolución”.

Ese fue el razonamiento de Sepúlveda Allende, y no dejen de reparar en su jerga “revolucionaria”: “enérgico llamado”, “grotesca provocación”, “indestructible amistad”, “artista contraria a la Revolución”, etc.

De inmediato se sumó al coro de repudio el político comunista Daniel Jadue, actual alcalde de Recoleta, quien acusó a Bruguera, sin mostrar pruebas, de ser “una agente norteamericana disfrazada de artista”, por lo cual no tenía ningún derecho de ir a exponer al MSSA. Tania expresó en una entrevista concedida al diario El País, que le escribió personalmente a Jadue por e-mail y por Facebook, pidiéndole que le “explicara de dónde había sacado esa información falsa y que se retractara públicamente, porque eso tenía implicaciones” (en Cuba es considerado un delito contra la seguridad del Estado).

Hasta el 11 de octubre en que se publicó la entrevista el acusador no había dado respuesta alguna.

El clímax de la ofensiva de esos sectores que se autodenominan de izquierda, articulados y alineados con la vieja política del boicot y la censura que se dicta desde La Habana, aconteció un mes después del tweet de Pablo Sepúlveda Allende. El 4 de agosto se hacía público nada más y nada menos que un gesto de censura internacional, titulado:  Declaración Internacional en repudio a la muestra de Tania Bruguera en el Museo de la Solidaridad Salvador Allende de Chile. En dicho texto, compartido por el medio Resumen Latinoamericano el 9 de agosto, se invitaba a los lectores a firmar la declaración, cuyo objetivo explícito era “suspender la muestra de la opositora cubana Tania Bruguera en el Museo de Solidaridad”.

No hace falta glosar los lugares comunes de semejante panfleto. Solo he de mencionar que uno de sus argumentos principales para considerar la exposición “una grave afrenta”, era que “la artista buscaba trazar un paralelismo entre la dictadura cívico-militar chilena de Pinochet” y el sistema cubano. Esto lo afirmaban sin saber exactamente cuáles eran las obras y el relato museográfico de la exposición. El problema era que Tania ya había expresado en el terreno: “Durante la etapa de la dictadura en Chile, el pueblo chileno contó con la solidaridad del pueblo cubano. Quizás hoy, se necesita una acción en reverso, para cambiar la realidad que enfrenta el pueblo en Cuba”.

Para los ideólogos de la declaración dicha afirmación es escandalosa porque “ignora” una “realidad indesmentible”: en 64 años de “revolución” jamás se implementaron en Cuba “políticas sistemáticas de exterminio, asesinatos, torturas y desaparición de personas, como las que sí se produjeron durante la cruenta dictadura de Pinochet en Chile”. Correcto, pero se puede contrargumentar preguntando: ¿hay que llegar a ese extremo, de tortura y muerte, para poder condenar una dictadura de partido único y un sistema político totalitario que desconoce y reprime todo disenso político, como el que existe en Cuba?

Ese debate o más bien conflicto, generado por la exposición de Tania Bruguera en Chile, ha hecho saltar varias cosas sintomáticas sobre las que se debe reflexionar. Lo primero es que los ataques a la artista, empezando por el del nieto de Allende, utilizan los mismos calificativos que suele emplear el gobierno cubano para linchar la reputación de los artistas críticos que hacen no solo arte, sino activismo político denunciando las violaciones de derechos humanos y la inexistencia de democracia en la isla. Exactamente las mismas manidas acusaciones que se han proferido contra Tania en programas de la TV cubana puestas en boca de exagentes de la seguridad del Estado disfrazados de “académicos” o “analistas políticos”.

Entonces, será que esos sectores de “izquierda” que se dicen fieles al legado de Allende no tienen discurso propio, o son tan irresponsables o ligeros que repiten el discurso de La Habana sin pasarlo por el filtro crítico. O es que a estas alturas el gobierno cubano sigue teniendo tal nivel de influencia que cuando lo necesita activa ciertos circuitos ideológicos y estos responden de manera incondicional, sin detenerse siquiera a pensar en la situación en que los deja ante la opinión pública semejante comportamiento anacrónico, autoritario y antidemocrático.

El hecho concreto es que intentaron sabotear una exposición que se encontraba en pleno proceso de producción, por el simple motivo de tratarse de una artista que le ha plantado cara al gobierno cubano. Es decir, ha quedado claro que para esa “izquierda” hipócrita, importa más el compromiso político con La Habana, que una exposición en su propio país en la que se le propone al público una reflexión crítica sobre el legado funesto de la dictadura de Pinochet, tocando temas como la corrupción, la represión, la impunidad, la fragilidad de la democracia, la memoria, el documento, etc.

Ahora bien, lo más sintomático de todo es la inconsistencia del argumento central de los ofendidos: una artista que denuncia al sistema cubano no puede exponer en el museo que lleva el nombre de Salvador Allende, porque este fue un gran amigo y admirador de Fidel Castro y la Revolución cubana. El simplismo de esa lógica denota el pensamiento antidialéctico de esa “izquierda” que se dice marxista. La pregunta interesante, la que tiene verdadero sentido histórico y de alguna manera la muestra de Tania nos lleva a ella, es la siguiente: ¿de estar vivo, o de haber tenido una larga vida, qué opinión podría tener Salvador Allende hoy del proceso cubano, que, como se sabe, a partir de 1971 se adentró en el modelo burocrático y totalitario soviético, alejándose para siempre de la posibilidad de un socialismo republicano democrático, como el que profesaba el político chileno?

Esa es la pregunta relevante en mi modesta opinión, el cuestionamiento dialéctico que hay que hacerse, el que pone en suspenso toda posibilidad de verdad dogmatizada. Porque la psiquis humana, el pensamiento de un hombre, es un proceso en devenir y no un coágulo estático en el tiempo, como pretende esa “izquierda” idealista que actúa por dogmas e intereses concretos, no por una manera coherente y mucho menos honesta de pensar. Por ejemplo, es sabido que Pablo Sepúlveda Allende estudió medicina gratis en Cuba, después hizo especialización, también gratis, en Venezuela; y se dice, además, que estuvo liado con una hija de Hugo Chávez. Así que, la indignación de Sepúlveda parece típica del que pertenece a un grupo de poder, y reacciona defendiendo los intereses del grupo, que son los suyos propios.

Por suerte, la compaña de censura en contra de Magnitud 11.9 no tuvo mayores consecuencias. La dirección del MSSA, liderada por Claudia Zaldívar, se mantuvo firme, no se dejó intimidar, argumentó con serenidad cuál era la propuesta del Museo, cuál la metodología de trabajo de Tania y cuál su relevancia como artista de gran circulación internacional. Hubo apoyo internacional, del bueno, como el del Comité Internacional de Museos y Colecciones de Arte Moderno (CIMAM), que publicó un comunicado de apoyo al MSSA y a Tania Bruguera, observando con preocupación la situación creada en torno a la exposición, y recordando los principios sobre los que se construye una cultura civilizada, progresista, inclusiva y democrática:

La libertad de expresión para los proyectos artísticos son principios básicos y un marco de trabajo necesario para las instituciones culturales. Garantiza la libertad artística, aun cuando la institución no necesariamente apoye o esté de acuerdo con la posición adoptada por un artista o un proyecto artístico. En este caso, las instituciones culturales deberían encontrar un espacio de diálogo y mediación, especialmente en el contexto de polarización social, para abordar y prevenir el reclamo autoritario de censura y vigilancia del arte y otras expresiones culturales. Hoy en día, los museos tienen la responsabilidad social de preservar la posibilidad de disenso y de ser lugares seguros para mantener conversaciones polémicas o incluso difíciles en un marco de respeto y valores comunes, como la promoción de la diversidad, la inclusión y los derechos humanos.

Ahora bien, el ambiente hostil que se generó en torno a la artista cubana y los ataques que sufrió el MSSA sí tuvieron efectos colaterales, como la decisión de Tania de no realizar la intervención pública en el barrio República, dónde se ubica el museo. Una de las ideas estratégicas del proyecto era hacer entrar dicha barriada en el circuito de la memoria crítica sobre la dictadura militar. Para ello Tania pretendía emplazar placas de memoria, en forma cruz roja, frente a cinco chalets de dicha localidad, los cuales habían funcionado como sede de operaciones de la Central Nacional de Informaciones (CNI) durante la dictadura. Se estaban gestionando los permisos para poder demoler la porción de acera donde quedarían instaladas las placas rojas frente a cada vivienda, con la dirección inscrita y la frase: NUNCA MÁS. Los vecinos estaban colaborando con la artista, y la intervención se consumaría a modo de performance colectivo que dejaría inaugurada Magnitud 11.9, aportando, además, una obra permanente a la ciudad de Santiago.

Pero, cuenta Tania en la citada entrevista en El País, que cuando se desató la polémica y comenzaron las presiones, algunos de los vecinos y familiares de las víctimas que estaban colaborando con su investigación, dieron un paso atrás y hasta solicitaron que quitaran sus fotos de internet. Ante esa situación ella decidió parar el proyecto de intervenir el barrio República, no le pareció ético continuar adelante sin el consentimiento de vecinos y familiares.

Esa es la razón por la cual la obra tuvo que ser emplazada en el interior del museo. Cuando se suben las escaleras que dan acceso al segundo piso, el espectador se encuentra con las cinco cruces, conformadas a partir del ensamblaje de cinco mosaicos rojos de cemento, respectivamente. En las paredes de esa primera sala la artista desplegó una gran cantidad de documentación que transparenta toda la polémica que envolvió a la exposición, así como los proyectos de las obras que no se pudieron realizar; de manera que Tania, adaptándose el tiempo político (que es su proceder habitual) convirtió en materia prima de la muestra las propias contingencias generadas por su presencia en Chile. Y por ironías de esta vida, Pablo Sepúlveda Allende, Daniel Jadue y todos los que se unieron en el intento de censura, terminaron siendo cocreadores de la exposición.

Desde esa primera sala, mientras el público observa las placas y lee la información en pared, ya se comienzan a escuchar sonidos raros, violentos. Por una parte, se escucha un sonido como producido por una máquina, o una descarga eléctrica muy fuerte. De otra se escuchan gritos, ruido de multitud, y en un momento, de manera muy nítida, un coro masivo que grita ¡liberta! ¡libertad! ¡libertad!

En efecto, los sonidos vienen de dos environments. En uno de ellos, titulado Impunidad (sala 6), la artista convirtió el espacio en una especie de mazmorra de tortura, con las paredes manchadas, humedad, suciedad o salpicaduras de sangre. El sonido produce esa sensación desagradable de fuerzas capaces de mutilar el cuerpo como descargas eléctricas, cierras, golpes metálicos, etc. Y en una de las paredes se proyecta la imagen de un ojo, un ojo ensangrentado, ciego, mutilado.

El otro environments se titula Trompe-I΄oeil (Trampa de ojo), y aquí Tania inserta el tema cubano. Esta sala (la 2), al contrario de la ya descrita, es de un blanco impoluto, que nubla la vista. Hay que acercarse bien a las paredes para percibir que están llenas de nombres y apellidos calados en la superficie: se trata de los 1862 cubanos y cubanas que fueron detenidos por salir a protestar a las calles el 11 de julio de 2021. De ellos, 784 continúan en prisión, 911 han sido juzgados, y 91 pudieron exiliarse (según datos del Grupo de Trabajo Justicia 11J). En el mismo centro de la sala baja del techo una estructura rectangular, minimal, desde la cual se amplifica el sonido ambiente captado durante las manifestaciones masivas ocurridas en Cuba en el verano 2021.

Impunidad está basada en la capacidad de generar simulacros que tiene todo lenguaje. Se trata de pura representación, el tipo de representación estética que crea el referente en el mismo proceso de construcción del texto. Me refiero a que en este caso tanto la imagen del ojo mutilado como los sonidos que crean una atmósfera terrible de tortura, deben haber sido creados de manera experimental. Pero ese es el proceder del arte desde siempre; el arte representa cosas que no son reales como si lo fueran, escribió Hegel en sus Lecciones de Estética. Esos simulacros emulan la realidad y nos obligan a sentir y a pensar; ese es el valor de la “apariencia” en el arte.

Ya Trompe-I΄oeil es una obra basada en el principio de la indexicalidad de algunos signos. El registro sonoro de miles de personas manifestándose en las calles de toda Cuba es un índice, es una huella del acontecimiento histórico. Y el índice puro (no manipulado) es un signo embestido del estatus de la verdad. Nadie puede decir que el coro multitudinario que grita ¡liberta! ¡libertad! ¡libertad! es una ficción, un simulacro creado por la artista. Esas voces, esa exigencia colectiva es una evidencia real de un estado de psiquis compartida, de la intersubjetividad de un pueblo expresándose en las calles en un acto de autoemancipación. Y los nombres propios inscritos en las paredes también son índices, porque son signos que denotan debido a una conexión real con su referente: un individuo concreto. Al escribir y leer cada nombre se produce una referencia directa a cada uno de esos 1862 cubanos y cubanas que fueron reprimidos por ejercer un derecho ciudadano.

Hay un diálogo entre ambos ambientes instalativos (environments). El simulacro del sonido y la imagen de la tortura (que alude al pasado chileno) es un aviso, una alerta de lo que puede acontecer en contextos como el cubano (venezolano y nicaragüense) si se continúa reprimiendo impunemente a la ciudadanía por exigir sus derechos y expresar su clamor de libertad. Pienso que es en la intersección de estas dos obras donde se inscribe el principal statement de Tania Bruguera: “Mi reclamo, desde la izquierda a la izquierda, es que como no se puede justificar jamás la dictadura de Pinochet, tampoco se puede justificar la dictadura que hay hoy en Cuba. Ese es mi único pedido”.

La otra sala (la 5) que toca el tema Cuba no se puede definir como una obra propiamente dicha, sino como un espacio donde se accede a información audiovisual sobre el trabajo del Instituto de Artivismo Hannah Arendt (INSTAR), creado por la artista para generar proyectos comunitarios en la isla. En mi opinión esa sala no aporta nada significativo en términos artísticos, no le encuentro justificación desde el punto de vista de la curaduría, no establece ningún diálogo con el resto de las obras y sobrecarga la exposición con un tema muy específico de Cuba que nada tiene que ver con el contexto chileno de reflexión sobre los 50 años del golpe militar y su “magnitud” en la historia nacional y regional.

En la sala 4 Tania Bruguera trabaja el tema de la corrupción, con una instalación titulada Exempli Gratia (Por ejemplo). La obra consiste en una larga mesa con los residuos de un suntuoso banquete, vemos la vajilla lujosa con almejas, dulces finos, frutas, botellas de vino, whisky, cigarros. Y en las paredes la artista dispuso la reproducción de documentos sobre el escándalo de corrupción asociado a la institución Centros de Madres (CEMA-CHILE), cuya presidencia fue asumida por Lucía Hiriart (la esposa de Pinochet) en 1973, permaneciendo en el cargo nada más y nada menos que hasta el 2016.

Por lo que ha salido a la luz en la prensa chilena, al parecer dicha institución de beneficencia (que siempre fue presidida por la primera dama del país desde su creación durante el gobierno de Carlos Ibáñez del Campo [1952-1958]) fue uno de los principales mecanismos de transferencia de activos mal habidos desde el gobierno hacia la familia del dictador golpista. Durante el periodo 1973-1990 CEMA-CHILE recibió del Fisco el traspaso gratuito de inúmeras propiedades inmobiliarias a lo largo del país, muchas de las cuales fueron vendidas en sumas que totalizan hoy una fortuna multimillonaria. Hasta la fecha no se sabe bien a dónde fue a parar buena parte de esa plata, porque no existen registros en los libros contables de la institución, por eso la hipótesis más evidente apunta a las arcas de la familia Pinochet.

En El Conde, el último filme de Pablo Larraín producido por Netflix, hay una escena en la que, el vampiro y su esposa sentados en un sofá (que en la sátira de Larraín funciona como un simbólico banquillo de acusados), responden a las preguntas de la monja exorcista y reconocen la existencia de toda la operación de corrupción montada a través de CEMA-CHILE. Sin embargo, ni en el filme de Larraín ni en esta instalación de Tania el tema es novedad. Desde finales de 2022 un tribunal chileno dictaminó la disolución de la institución dadas las evidencias de corrupción que la envolvían. Pero en arte la novedad de un tema poco importa, lo relevante es el cómo se aborda para generar comprensión histórica.

La instalación Exempli Gratia es sugestiva, la mesa con los despojos del banquete crea una atmósfera sensorial que transparenta bien la hipocresía del poder banal, el poder corrupto que se alimenta de la falsa superioridad que refleja el espejismo de los lujos materiales. Ahora, siendo sincero, para mi gusto es una obra en exceso mimética, es exactamente eso, “un ejemplo”, una puesta en escena de un estereotipo muy fácil de reconocer y decodificar; por lo que eché en falta la complejidad de la metáfora que caracteriza el trabajo de la Bruguera, más tratándose de uno de los temas centrales de la exposición.

Magnitud 11.9 se completa con una obra interactiva titulada La fragilidad de la democracia, en la que la artista le propone al público un diálogo sincero, democrático, a partir de tres preguntas: ¿qué obras debió realizar la artista para conmemorar los 50 años del golpe de Estado civil-militar, por qué?; ¿cuál de las obras en esta exposición no debió realizar la artista, por qué?; ¿qué obra habrías hecho tú para conmemorar el 50 aniversario del golpe de Estado civil-militar, por qué? Va a ser interesante la subjetividad que el público volque en los tres soportes dispuestos para ello; permitiría un estudio de recepción autoproducido por la exposición, o quizás la materia prima para una nueva obra.

Para terminar, un consejo a los políticos, organizaciones y activistas que reaccionaron con virulencia censora a la exposición de Tania Bruguera en el MSSA. Censurar a priori nunca es la mejor opción. Intentar impedir que el público conozca el trabajo de un artista por no gustar de su proyección política, es un absurdo en pleno siglo XXI. A quien hay que juzgar es a la exposición, a las obras, a la propuesta cultural concreta, no al artista. Se debe dejar que la crítica y la prensa especializada haga su trabajo, y que cada ciudadano tenga la posibilidad de juzgar por sí mismo, porque eso es un derecho. El gobierno cubano ha hecho caso omiso, hasta hoy, de esos principios básicos de la cultura civilizada y por ende democrática. Y les ha ido muy mal: ningún artista o intelectual que se respete, los respeta.

Fotografía: Artista Tania Brugera.