Descentrados Chile

Argentina, 1985: Memoria, Verdad y Justicia

Fotografía: https://www.cultura.gob.sv/

Argentina, 1985: Memoria, Verdad y Justicia
Por Amanda Sánchez Vega
Socióloga y profesora universitaria

 La presidencia de Raúl Alfonsín inició un proceso de gran significación para la historia argentina, el Juicio a las Juntas Militares (dispuesto por el decreto 158/83). Las jornadas que tuvieron lugar en el Palacio de Justicia de la Nación de abril a septiembre de 1985 mantuvieron en vilo al país. En la causa 13/84, primera en la historia en que un tribunal civil tuvo potestad para procesar a militares, estaba en juego el encarcelamiento de 9 excomandantes que integraron las tres primeras juntas militares que operaron en dictadura (1976-1983). Fueron llevados al banquillo de los acusados por crímenes de lesa humanidad los generales Jorge Rafael Videla, Roberto Eduardo Viola y Leopoldo Galtieri; los almirantes Emilio Massera, Armando Lambruschini y Jorge Anaya; y los brigadieres Orlando Ramón Agosti, Omar Graffigna y Basilio Lami Dozo. El filme Argentina, 1985 (2022), dirigido por Santiago Mitre, recibido con merecido éxito por el público y la crítica tanto nacional como internacional[i], sigue el curso de la causa desde la cotidianidad de los implicados en la demostración de los delitos. Con un sólido reparto y una excelente factura cinematográfica, el retrato de la concepción del juicio (desde la búsqueda de las pruebas hasta la sentencia) conjuga el drama y el humor sin perder la cohesión narrativa y la capacidad de emocionar.

Al llevar a la gran pantalla un acontecimiento como el que nos ocupa, creadores como Mitre asumen un compromiso con la reivindicación de la memoria histórica de nuestra región. Como ya se ha mencionado en varios artículos de esta columna, nunca son suficientes las propuestas fílmicas que escarban desde la responsabilidad en sucesos de obligatoria referencia para encarar los desafíos que nos depara nuestra historia. Sobre la importancia del cine y la televisión para el estímulo de la conciencia histórica trata el prólogo a la edición de 2022 de Cuando el poder perdió el juicio, libro que ofrece una radiografía de la dictadura militar argentina, el Juicio a las Juntas y el posterior tratamiento dado a la justicia en el ámbito nacional e internacional. Su autor, Luis Moreno Ocampo – quien se desempeñó como fiscal adjunto en el Juicio a las Juntas – incluyó en la obra el subtítulo Argentina, 1985 en alusión a la película y recuerda otros casos de la filmografía nacional donde prima la denuncia a diversas problemáticas asociadas al contexto dictatorial como La historia oficial (Luis Puenzo, 1985), La noche de los lápices (Héctor Olivera, 1986), Garage Olimpo (Marco Bechis, 1999), Crónica de una fuga (Claudio Tumburrini, 2006) y El Clan (Pablo Trapero, 2015).

En Argentina, 1985 acudimos al Juicio a las Juntas desde la perspectiva del fiscal Julio César Strassera, figura medular para la consecución del veredicto. En el filme Strassera es consciente de la falta de voluntad del Consejo Supremo de las Fuerzas Armadas, jurisdicción a la que correspondía instruir la causa 13/84, para encarcelar a los dictadores. Además, desde la preocupación y el enojo observa como un alto cargo del gobierno, el ministro del Interior Antonio Tróccoli, pronuncia un discurso en la emisión televisiva de “Nunca más”, un especial de la Comisión Nacional sobre la Desaparición de Personas (CONADEP). Para Strassera y su familia, que atienden al programa desde su hogar, las palabras de Tróccoli justifican la violencia dictatorial como medida de contención a la “subversión y el terrorismo”, culpabilizando así a las víctimas.

En octubre de 1984 la Cámara Federal decidió tomar las riendas del proceso y el fiscal Strassera fue el encargado de presentar ante la Corte Suprema las evidencias que permitieron al fuero civil (Cámara Federal de Apelaciones) asumir la potestad del juicio. Desde entonces este hombre lidió con el miedo a las posibles represalias que podría acarrear el cumplimiento de su deber. Aquellos que se oponían al desarrollo del juicio incurrieron en un sinfín de amenazas, cuyo objetivo era tanto Strassera como su familia, con el fin de disuadir al fiscal de su propósito. Sin embargo, firme en la convicción de que con el juicio estaba en juego un bien mayor que iba más allá de su individualidad, los preparativos siguieron adelante.

Junto a un equipo de trabajo compuesto por varios jóvenes liderados por Luis Moreno Ocampo, el fiscal se entregó desde finales de 1984 al acopio de las pruebas necesarias para demostrar la responsabilidad penal de los miembros de las Juntas. Sin la rigurosidad de las investigaciones, el chequeo y contraste de miles de expedientes presentados en dictadura y la búsqueda de testigos, no hubiese sido posible reunir los más de 700 casos que se pretendían exponer ante el tribunal. Dirigidos por una aspiración común, la búsqueda de verdad y justicia, lograron la comparecencia de testigos y sobrevivientes que declararon las atrocidades que sucedían en los centros clandestinos de detención, las sistemáticas torturas a las que eran sometidos los secuestrados, y los asesinatos que se perpetraban al amparo de la impunidad.

En La política como profesión (1919), el sociólogo alemán Max Weber construye una distinción entre de la ética de la responsabilidad y la ética de la convicción. Ambos tipos ideales, utilizados en su caso para el análisis de la relación entre la ética y el ejercicio de la política, han sido objeto de múltiples interpretaciones. Considero que si intentamos clasificar a Strassera y su equipo tomando como marco la tipología weberiana notaremos que estos encarnan ambas concepciones[ii]. Sus acciones estaban orientadas tanto por la convicción y el compromiso con la causa de los detenidos y desaparecidos, como por la responsabilidad que conllevaba su rol como funcionarios públicos (o como parte de sus grupos de investigación) y por la certeza de la importancia que tendría las consecuencias de su trabajo para la historia de la nación. O sea, estaban guiados por sus ideales y valores sin que ello significara el desconocimiento o la desconsideración de las repercusiones de sus actos.

Una lectura ética puede asociarse también a las palabras de acusación de Strassera cuando denuncia la perversión y el sadismo del Estado en dictadura, que operó al margen de toda condena judicial a los detenidos. Tras la presentación de cientos de testimonios que comprueban la imputabilidad de los acusados, su discurso sanciona la violación de un principio moral fundamental, el respeto a la dignidad del hombre. El alegato concluye con una frase, utilizada por primera vez por la CONADEP, que se convertiría en síntesis de la memoria del pueblo argentino: “Nunca más”.

Meses antes del conocimiento del veredicto fue publicado en la revista cultural argentina Punto de Vista el artículo “El juicio: un ritual de la memoria colectiva”, donde Hugo Vezzetti reflexiona sobre su impacto para el futuro del país:

El juicio puede ser encarado como un rito que marca el pasaje posible a un nuevo ciclo, con sus oficiantes y sus efectos; y la reconstrucción que hace posible puede ser caracterizada, ante todo, como la afirmación de una dimensión ética de saber, de conocer en particular y develar la suerte de cada desaparecido: de sacarlo, simbólicamente, de la oscuridad del “chupadero” para volverlo a la vida del conocimiento y el reconocimiento de sus congéneres. Pero en el mismo movimiento de rescate de ese ser humano, anónimo y condenado al olvido, en el acto que lo reintegra a la identidad común de conciudadano, aparece pronunciada la voluntad de construir una lógica diferente en la relación entre los hombres[iii].  

El 9 de diciembre de 1985 la Cámara Federal dictó sentencia. De los 9 excomandantes juzgados 5 fueron condenados y destituidos: Jorge Rafael Videla (reclusión perpetua), Emilio Massera (prisión perpetua), Roberto Viola (17 años de prisión), Armando Lambruschini (8 años) y Orlando Ramón Agosti (4 años y 6 meses). El resto de los imputados fueron absueltos[iv].

Comparado con los juicios de Nüremberg (1945-1948), donde fueron procesados líderes nazis y otros sectores del régimen (como jueces y fiscales)[v], el Juicio de las Juntas es considerado un pilar de la transición democrática en Argentina. Aunque muchos se sintieron decepciones ante las sentencias de los jueces, este juicio demostró que era posible condenar a los criminales de la dictadura y legitimó el reconocimiento público a la culpabilidad de las más altas esferas militares en los vejámenes sufridos por los detenidos y desaparecidos. Sobre la significación del hecho comenta Luis Moreno Ocampo: “La sentencia condenatoria culminó el proceso de revisión del pasado, pero fue el ritual del juicio, la presencia de las víctimas, sus testimonios, la narración de los hechos y de las prácticas escalofriantes los que generaron un nuevo escenario público”[vi].

[i] Entre los galardones se encuentran: Premio de la Federación Internacional de la Prensa Cinematográfica (79 Festival de Cine de Venecia), premio del público a la mejor película (70 Festival de San Sebastián), Mejor película de habla no inglesa (80 Globos de Oro) y Mejor Película Iberoamericana (Premios Goya). También fue nominada en la 95 edición de los Premios Oscar (Mejor Película Internacional) y los BAFTA 2023 (Mejor película en habla no inglesa).

[ii] Recordemos que, aunque muchos estudiosos de la obra de Weber se han enfocado en la alusión a la oposición de ambas éticas o la superioridad de una sobre la otra, el autor también plantea que hay casos en los que “la ética de las convicciones y la ética de la responsabilidad no se contraponen de manera absoluta, sino que ambas se complementan y sólo juntas hacen al hombre auténtico, a ese hombre que puede tener «Beruf para la política»”. Weber, Max (2007): La política como profesión. Madrid: Biblioteca Nueva, p. 150.

[iii] Vezzetti, Hugo: “El juicio: un ritual de la memoria colectiva”, en Punto de Vista, Año VII, No. 24, agosto-octubre, 1985.

[iv] En 1990 el presidente Carlos Menem indultó a los miembros de las Juntas que fueron condenados en 1985. Sin embargo, como se precisa en el filme: “A pesar de las leyes de impunidad que marcaron los años siguientes, el reclamo de Memoria, Verdad y Justicia no se detuvo”. Néstor Kirchner reabrió los juicios contra crímenes de la dictadura en 2003 y los condenados en 1985 que aún se encontraban con vida fueron detenidos.

[v] Un análisis sobre las diferencias y similitudes entre ambos procesos puede ser consultado en: Ocampo (2022): Cuando el poder perdió el juicio. Argentina, 1985. Ciudad Autónoma de Buenos Aires: Capital Intelectual; obra mencionada al inicio de la presente columna.

[vi] Ibid., p. 89 [edición en formato epub].