Descentrados Chile

Una herida que no sana

Fotografía: ABD ELRAHIM FARAJALLAH

Por Quenaz 1

 

Hay una herida que no sana, rancia, infecunda está infectada,

es de piedra, madera, escombros, despojo es una grieta antigua que se abre

no supura, no se detiene, no cierra.

 

Persiste, en una hermosa tierra, repleta de olivos que sangran

exilio, llantos, bombas, hambre y muerte.

Palestina, un cuerpo de madre, una casa sin puertas ni ventanas

con manos pequeñas en la tierra, dientes en pan añejo, plegarias en silencio.

 

El día es de manos cansadas, de ojos insomnes

la bomba, la última bomba cayó sobre el olivo, justo allí donde brotaba una rama, y un niño, con polvo en la frente y un crayón dibujaba una casa.

 

Palestina está herida, está herido su pan, la vida, en un estertor como un gorrión revoloteando por un poco de agua

y a pesar del silencio, de la cara que no mira, de la boca sellada hay semillas, hay semillas, esperando la lluvia.

¿Llegará una mañana sin sirenas, sin cascos en las escuelas, quedarán los olivares sin cicatrices?

 

Se vuelve urgente gritar que aún se anhela una madrugada que no huela a pólvora,

donde no haya desalojos, ni despojos, ni codiciosos.

 

El sueño — aunque lo hostiguen —vive, late, camina

no es una guerra, porque los caídos no están en trincheras duermen en una cuna, en una escuela,

esperan en un hospital, vigilan la cocina que humea.

 

El país encendido como un gran pan caliente con tambores en vez de corazones

con pies que golpean la tierra Palestina sigue erguida, en vigilia sabe que la acechan.

 

Aunque la guerra no da tregua los jóvenes danzan el dabke como si en cada paso dijeran:

aquí estamos, continuamos, amamos.

 

Israel no le teme al niño que recuerda ni al anciano que ha perdido su morada dicen que es defensa, pero es dominio dicen que es justo lo que hacen

pero es genocidio

no quieren ser vecinos de madres con brazos vacíos.

 

Y mientras cae fuego sobre Gaza,

Y el mundo, sigue cómplice y silente Palestina escribe en los muros:

estamos aquí, con nuestras palabras, con nuestro pasado

con lo que hemos bordado con nuestra gente.

 

Recordarás y el aire te traerá sus aromas:

canela, comino, cardamomo, arroz dormido sobre cordero, berenjena que abraza, coliflor y aceite,

cierra los ojos y verás ese patio lleno de voces, esa mesa larga donde escucharás a Palestina

a pesar del silencio y de la boca sellada sabes que ella resiste.

  1.  Cecilia Aravena: Es asistente social, casada, dos hijos y dos nietas. Participa en taller literario de poli Délano desde el año 2007, y es miembro de la Corporación Letras de Chile desde el año 2014. Ha publicado el libro de cuentos Fragmentos de Chile (2018), la novela Proyecto D and D (2022). Coescribió las novelas: La verdad secuestrada (2019), Estación Yungay (2020) y el libro de ciencia ficción Investigando humanos y otros cuentos para el fin del mundo (2020) con Eduardo Contreras Villablanca. Tiene cuentos y poemas publicados en antologías como: Entrepuentes (2007, edición impresa) de Mago Editores y Antología de poesía chilena reciente, Corporación Letras de Chile (2020, edición digital), El taller de Poli Délano (2017), ¿Están escribiendo? (2019), y Polinizando (2020). Participó en antologías de Quimantú, LOM, Espora y Mago Editores, destacando Crímenes con M de mujer (2023) y Martes Negro, 50 años del golpe de Estado (2023) y Jóvenes en dictadura (2023). Ha sido jurado en concursos literarios, incluyendo el de la Municipalidad de Santiago. Escribe reseñas y críticas en el diario digital El Mostrador. Es parte del Comité Editorial de la revista Descentrados.cl, sección “De Letras”. ↩︎