Por Ricardo Álvarez
Sociólogo y docente voluntario en el preuniversitario José Carrasco Tapia, de la Universidad de Chile.
Es de conocimiento general que la democracia chilena fue legitimada por muchos años con una promesa aparentemente incuestionable: crecimiento económico, movilidad social y acceso progresivo al bienestar. Bajo esta lógica, la educación superior, el esfuerzo individual y la profesionalización aparecían como mecanismos suficientes para garantizar integración social y estabilidad material. Sin embargo, el Chile contemporáneo evidencia el agotamiento progresivo de dicha promesa histórica. La crisis económica actual ya no puede interpretarse únicamente a partir de indicadores macroeconómicos; su dimensión más profunda radica en el deterioro de las estructuras afectivas y simbólicas que permiten a una sociedad imaginar estabilidad, continuidad y futuro.
En este contexto, la incertidumbre ha dejado de ser una condición excepcional para transformarse en una experiencia cotidiana y estructural. La precariedad laboral, el endeudamiento sostenido, el encarecimiento del costo de la vida y la fragilidad institucional configuran un escenario donde amplios sectores sociales viven bajo una sensación permanente de inseguridad. Más que una crisis transitoria, lo que comienza a consolidarse es una verdadera “administración de la incertidumbre”: una forma de organización social donde el miedo económico opera como mecanismo de disciplina instrumental y regulación subjetiva.
La llegada al poder del gobierno de José Antonio Kast ha intensificado este clima social ya tensionado. Las recientes controversias políticas, los cambios ministeriales y las declaraciones sobre una supuesta “quiebra” del país han contribuido a profundizar la percepción colectiva de fragilidad económica e inestabilidad institucional. Sin embargo, reducir el problema únicamente al actual gobierno resultaría analíticamente insuficiente. El escenario contemporáneo expresa, más bien, el agotamiento estructural de un modelo neoliberal incapaz de sostener las expectativas de integración social que durante décadas legitimaron su funcionamiento. Lo que hoy emerge no es solamente una crisis económica, sino también una crisis de sentido respecto de las promesas históricas sobre las cuales se construyó la legitimidad del Chile pos dictatorial.
Uno de los fenómenos más relevantes de este proceso es la fractura entre expectativas biográficas y posibilidades materiales reales. El informe Sembrando sueños, cosechando frustraciones del Observatorio del Contexto Económico de la Universidad Diego Portales señala que el 35,7% de las personas con educación superior en Chile se encuentra desempleada o subempleada según sus calificaciones profesionales, mientras más de 1.204.053 trabajadores desempeñan labores considerablemente inferiores a aquellas para las cuales fueron formados, percibiendo ingresos hasta un 46,9% menores respecto de quienes logran insertarse en empleos acordes a su preparación académica (Bravo & Espinoza, 2025). Estas cifras revelan mucho más que un problema de inserción laboral: evidencian una ruptura progresiva entre el imaginario meritocrático promovido durante décadas y las condiciones materiales efectivas de existencia.
Standing (2011) conceptualiza este fenómeno mediante la categoría de “precariado”: una nueva clase social marcada por la inseguridad crónica, la discontinuidad laboral y la imposibilidad de proyectar trayectorias vitales estables. La precarización contemporánea ya no afecta exclusivamente a sectores históricamente marginados; alcanza también a profesionales jóvenes y sectores medios que crecieron bajo la promesa del ascenso social mediante el esfuerzo individual. En este sentido, el problema no radica únicamente en la falta de empleo, sino en la creciente imposibilidad de construir horizontes biográficos coherentes y sostenibles en el tiempo.
En paralelo, las cifras del Instituto Nacional de Estadísticas muestran una tasa de desempleo cercana al 8,9%, mientras la informalidad laboral supera el 26%. A ello se suma una disminución sostenida de las expectativas salariales registrada por plataformas de empleo como Laborum, donde trabajadores y profesionales jóvenes manifiestan una creciente disposición a aceptar peores condiciones laborales frente al temor persistente de no encontrar empleo. La adaptación a la precariedad comienza así a consolidarse como norma cultural. El deterioro de las expectativas no sólo modifica las decisiones económicas de las personas; también reconfigura sus vínculos sociales, sus proyectos de vida y la manera en que perciben el futuro.
Desde una perspectiva sociológica, este fenómeno posee implicancias mucho más profundas que la mera inestabilidad económica. Lorey (2016) sostiene que la precarización contemporánea funciona como una racionalidad política orientada a gobernar sujetos vulnerables mediante la inseguridad permanente. Del mismo modo, Gago (2015) advierte que el neoliberalismo actual opera capturando la vida cotidiana a través del endeudamiento y la fragilidad económica, debilitando progresivamente los márgenes reales de autonomía social. Bajo estas condiciones, la incertidumbre deja de percibirse como una anomalía transitoria y comienza a naturalizarse como condición permanente de existencia.
Las consecuencias subjetivas de este escenario resultan particularmente visibles entre las nuevas generaciones. Una investigación desarrollada por la Universidad de Concepción, la Universidad de Playa Ancha y la Pontificia Universidad Católica de Valparaíso sobre estudiantes que ingresaron a la educación superior durante la Pandemia, identificó un fuerte avance del “individualismo defensivo” y de la lógica del “sálvese quien pueda” como respuesta frente a un entorno percibido como frágil, competitivo e incierto. El estudio, basado en 121 entrevistas y 17 grupos de discusión con 236 estudiantes de Santiago, Valparaíso y Concepción, concluye que existe una creciente percepción de que “todo depende de uno mismo”, acompañada de expectativas moderadas respecto del futuro, desconfianza hacia el mercado laboral y debilitamiento de los proyectos colectivos (Aravena et al., 2026).
Este fenómeno resulta particularmente significativo porque evidencia cómo la precarización económica comienza a transformarse también en precarización relacional y afectiva. Cuando las condiciones materiales de vida se vuelven inestables, las formas de solidaridad colectiva tienden a debilitarse, mientras las estrategias individuales de supervivencia adquieren centralidad creciente. El “sálvese quien pueda” deja entonces de constituir únicamente una expresión coloquial y pasa a transformarse en una racionalidad social internalizada. La competencia permanente, el miedo al descenso social y la sensación de abandono institucional producen sujetos crecientemente agotados, aislados y emocionalmente sobrecargados.
Como plantea Araujo (2019), gran parte del malestar contemporáneo surge de la obligación de enfrentar individualmente problemas que son estructurales. La precarización debilita los vínculos colectivos, intensifica el agotamiento y normaliza la incertidumbre como forma cotidiana de vida. En este contexto, la crisis deja de ser únicamente económica y comienza a transformarse también en una crisis social, cultural y de horizonte futuro.
Referencias
Araujo, K. (2019). Habitar lo social: usos y abusos en la vida cotidiana en el Chile actual. LOM Ediciones.
Aravena, A., Sandoval, J., Muñoz, G., & otros. (2026). Nuevas subjetividades e imaginarios sociales juveniles en estudiantes de educación superior: la generación 2020 en tres regiones de Chile. Universidad de Concepción, Universidad de Playa Ancha y Pontificia Universidad Católica de Valparaíso.
Berardi, F. (2019). Después del futuro: desde el futurismo al cyberpunk, el agotamiento de la modernidad. Caja Negra Editora.
Bravo, J., & Espinoza, A. (2025). Sembrando sueños, cosechando frustraciones: desempleo ilustrado y subempleo por calificaciones (Informe N. º 59). Observatorio del Contexto Económico, Universidad Diego Portales.
Gago, V. (2015). La razón neoliberal: economías barrocas y pragmática popular. Tinta Limón Ediciones.
Instituto Nacional de Estadísticas. (2026). Boletín estadístico: empleo trimestral enero-marzo 2026. Gobierno de Chile.
Laborum. (2026). Reporte mercado laboral Chile 2026: expectativas salariales y percepción de empleo. Laborum Chile.
Lorey, I. (2016). Estado de inseguridad: gobernar la precariedad. Traficantes de Sueños.
Standing, G. (2011). The Precariat: The New Dangerous Class. Bloomsbury Academic.

