Descentrados Chile

Educación para la resiliencia

Fotografía: Victoria, 5 años

Por Claudio Yáñez
Psicólogo Educacional

El siglo XXI ha sido categorizado por diversos organismos internacionales e intelectuales como un siglo de contante transformación e incertidumbre.

Si bien, la incertidumbre forma parte de la vida humana, tanto en su dimensión personal como social, solo sabemos que existimos y que somos mortales, el resto, es un constante juego por tratar de predecir probabilidades e improvisar creativamente. Sin embargo, el presente siglo se ha caracterizado por la pérdida de las certezas paradigmáticas en lo social, la caída de las instituciones y los proyectos a largo plazo; sus consecuencias, la migración, las guerras, el terrorismo, la pobreza, la delincuencia y la trata de personas, entre otros, son situaciones que se deben enfrentar cotidianamente.

¿Y en las escuelas cuál es el impacto de esta crisis? Aumento significativo de la violencia escolar, pérdida del vínculo familia-escuela, venta de drogas, problemas de salud mental, suicidio adolescente, agotamiento laboral de docentes, renuncia a la profesión, son algunas de las dificultades que se deben enfrentar constantemente en los establecimientos educacionales.

Inevitablemente nos preguntamos ¿Cómo podemos enseñar a los jóvenes a prepararse para el futuro? ¿Cómo podemos enseñar a enfrentar las adversidades de la vida y la incertidumbre del presente siglo? y aquellos que ya han enfrenado adversidades en sus vidas ¿cómo les podemos apoyar para resignificar las experiencias, tomar el control de sus propias vidas y a la vez participar y mantenerse incluidos en esta sociedad desgastada?

No nos engañemos, continuarán existiendo cambios y crisis, el tiempo de la historia no se puede detener y como señala Bauman, vivimos en una sociedad líquida, en donde las instituciones se desarman a gran velocidad. Y siendo la educación formal una institución educativa, pensamos que también se encuentra enfrentando la misma crisis.

El problema de la complejidad

Cuando nos referimos al problema de la complejidad abordamos dos aspectos, en primer lugar, hablamos de complejidad al referimos por una parte a la definición propia de la palabra, como aquello que está entrelazado y de múltiples variables, es decir, aquello que no tiene una solución ni sencilla ni inmediata. Pero también abordamos la complejidad como una disciplina o más bien como u conjunto de disciplinas que intentan abordar nuevas perspectivas y conocimientos en cómo los seres vivos, los sistemas u organismo se autoorganizan, evolucionan y se adaptan, como resultado de procesos de cooperación e interacciones mutuas entre los elementos que los constituyen, específicamente las ciencias de la complejidad.

Mencionamos este problema, en tanto es necesario re imaginar y repensar los sistemas educativos y las estrategias de crianza, volverlos adaptativos y sustentables. De tal forma, que sea posible establecer métodos y prácticas que permitan desarrollar el potencial de los y las estudiantes; fortaleciendo su carácter, potenciar su desarrollo socioemocional, expandiendo sus habilidades cognitivas y expandiendo su crecimiento espiritual.  Y mencionamos los sistemas educativos, dado que la educación como idea y principios seguirá siendo la misma, aunque los sistemas educativos se han vuelto progresivamente obsoletos para las necesidades del siglo XXI.

Esto quedó de manifiesto con la crisis generada por el COVID-19, en tanto, el sistema educativo intentó adaptarse a través de la educación online, lo hizo de manera tardía y solo en el aspecto formal, ya que, se implementaron planes y programas que se encontraban diseñados para al educación presencial guiada por especialistas de la educación, con la misma metodología expositiva de información poco atingente al contexto, y con dificultades importantes para generar la motivación y entusiasmo con el proceso educativo, siendo esto catastrófico para una generación completa, ya que, tanto el rezago educativo como la salud mental se han afectado estructuralmente en la población Infanto-juvenil.

¿Qué podemos hacer entonces?

Es en este escenario en que las ciencias de la complejidad nos puedes ser de gran utilidad para reimaginar los procesos educativos.…

En primer lugar, recordar que la supuesta “realidad” para la cual estamos preparando a los niños, niñas y estudiantes no es una fotografía, que no cambia con el pasar del tiempo, sino, que en este siglo la constante es el cambio y el movimiento en sí mismo, estamos en un periodo de ausencia de grandes propuestas y proyecto a largo plazo, la adaptabilidad y la flexibilidad es fundamental. Esto no significa, cambiar con la moda, sino, aprender a mantener una sana estabilidad en movimiento.

En segundo lugar, desarrollar habilidades integrales y prácticas ya que, los sistemas se autoorganizan constantemente, por tanto, los cambios no son inmediatos, sino que se requiere mucha paciencia y constancia para instalar nuevas prácticas y aprendizajes.

En tercer lugar, enseñar el trabajo en equipo, la importancia de la colaboración y la cooperación, esto debido a la interdependencia global de los sistemas, por tanto, es fundamental aprender a relacionarse positivamente.

Y, por último, la producción y el desarrollo de factores productores de resiliencia.

En general la resiliencia ha sido definida como: “un proceso dinámico que abarca la adaptación positiva dentro del contexto de una significativa adversidad”. La designación “proceso dinámico” destaca el hecho de que la resiliencia es una palabra empleada para una multitud de factores que influyen sobre las probabilidades de éxito o superación de una persona frente a la adversidad”. (C. Fadel et al, 2015).

A nivel individual para lograr desarrollar los elementos que contribuyen a la resiliencia es necesario formar la noción de firmeza de carácter, definida como “la perseverancia y la pasión por objetivos a largo plazo” y junto a ella aprender a desarrollar la habilidad para manejar el estrés.

A nivel colectivo los tres principales factores identificados en las escuelas, comunidades

y sistemas de apoyo social, que afectan positivamente la resiliencia en la juventud, son:

  1. Relaciones Afectivas.
  2. Comunicación de expectativas elevadas en base a los propios intereses.
  3. Oportunidades significativas de involucramiento y participación, es decir, socialización.

El desarrollo de estos elementos debidamente dosificados en la infancia y en la adolescencia permitirá enfrentar progresivamente los desafíos de este siglo.

En la infancia el principal objetivo es lograr transmitir seguridad y afecto a los niños y las niñas, como también brindar oportunidades de aventura, es decir, enfrentar pequeños riesgos que puedan superar, esto desarrolla valores intrínsecos de valentía y auto superación.

En la adolescencia progresivamente enseñar organización del pensamiento, expresión afectiva controlada y responsabilidad, en este último sentido, específicamente asumir responsabilidades prácticas con sus pares y en su entorno, resolver problemas prácticos de la vida cotidiana y fortalecer la autonomía. De su eficacia en manejar su entorno surgirá el autoconcepto y la autoestima psicológica.

Desafíos para el educador

Destacamos que quienes asuman el enorme desafío de educar y promocionar en los estudiantes estas competencias transversales, deberán realizarlo a través del ejemplo, y por tanto, deben adquirirlas previamente, pues estas se adquieren tanto por metodología pedagógica como también por reflejo o aprendizaje vicario e inconsciente.

Finalmente, recordamos que todos los organismos, incluyendo a los seres humanos, se encuentra en contante desarrollo, evolución y autoorganización, pero que, además, buscan un contante equilibrio dinámico (homeostasis tanto física como psicológica), por lo que el proceso implica un constante ciclo espiralado de avances y retrocesos, que se van instalando a manera de una escalera dinámica de maduración.