Descentrados Chile

El del devenir la relación docente y estudiante en el aula.
Reflexiones educativas a propósito de los momentos de crisis y cambio
que experimenta el contexto educativo actual.

Fotografía: EKATERINA BOLOVTSOVA

Por Marco Parada
Profesor de Filosofía, con 25 años trabajando en Educación, principalmente en el ámbito de desarrollo cognitivo y actualmente trabaja en la evaluación y orientación de la gestión de las escuelas.

En el contexto del retorno a clases presenciales luego de casi dos años en que docentes y estudiantes mantuvieron contacto, casi únicamente por medio de una pantalla, es preciso reflexionar sobre la forma en que debería retomarse esta relación para que se produzca entre ambos, el denominado acto educativo, de tal manera que efectivamente la escuela se convierta en el lugar donde alumnas y alumnos alcancen un adecuado desarrollo de sus conocimientos, habilidades y capacidades.

En esta breve reflexión, se propone que la relación entre docentes y estudiantes se realice en un devenir, puesto que es en este, donde se puede producir un conocimiento significativo. No obstante, para entender la propuesta que conlleva esta reflexión, lo primero es tratar de dar respuesta, de un modo simple, pero profundo a la pregunta ¿Qué significa devenir en la relación profesor – alumno? A partir de lo que plantea el pensamiento de Deleuze, el devenir profesor alumno implica un proceso de intercambio y retroalimentación constante entre quien enseña y quien aprende. Ambos están implicados en una relación de coaprendizaje, el profesor aprende de las experiencias y perspectivas del alumno, y el alumno aprende de la experiencia y conocimiento del profesor. Esta relación dialógica y horizontal busca generar nuevas formas de pensamiento y conocimiento, rompiendo con las jerarquías tradicionales y fomentando la creatividad y la experimentación.

En este estadio, que el docente actúe en Devenir con sus estudiantes implica que este se plantee desde el abandono del sitial de control que le es conferido desde la escuela tradicional, en que se ejercía el discurso cerrado y academista que dictaba la escuela binario – positivista, aquella de la educación bancaria mencionada por Paulo Freire, donde el estudiante es un depositario de recetas y conocimientos establecidos con anterioridad, sin el derecho de explorar sus propios conocimientos previos, manifestar sus intereses o dar cuenta de sus necesidades y dolores.

Desde esta perspectiva, plantearse en Devenir implica que el docente active sus capacidades de escucha, de atención, de guía y se posicione como un actor que asiste al encuentro con sus estudiantes desde una perspectiva genuina de aprendizaje mutuo, donde las experiencias de ambos sujetos aportan a la formación del conocimiento. En este sentido, se puede señalar que el autor crea el mundo, pero no existe mundo alguno que espere por nosotros para ser creado. Luego, la creación consiste en que los acontecimientos producidos por el encuentro entre el docente y sus estudiantes impacten en ambos, del mismo modo que sucede con la escritura donde se produce el devenir. “Sucede lo mismo para el libro y el mundo: el libro no es la imagen del mundo, según una creencia arraigada. Hace Rizoma con el mundo, hay evolución a paralela del libro y del mundo, el libro asegura la desterritorialización del mundo, pero el mundo opera una reterritorialización del libro, que le desterritorializa a su vez, si es capaz, si puede” (Deleuze, G. y Guattari, F. (1994).

Actuar en el devenir implica, un encuentro entre dos reinos, un cortocircuito, una captura de códigos, en la que cada cual se desterritorializa. Utilizando la figura que nos entrega Deleuze, en la desterritorialización del uno, el otro se territorializa y se produce el conocimiento, donde cada uno de los involucrados se posiciona ahí, en el lugar en que el otro se abandona al devenir. Este posicionarse también permite que el otro se reterritorialice y otorgue plusvalía a sus propios códigos; en este encuentro no hay copias ni mimetismo, sino verdadera construcción de nuevos mapas de conocimientos que se construyen y evolucionan.

Del encuentro entre el docente y su estudiante surge el conocimiento producido entre dos cuerpos que chocan entre sí, se cortan o se perpetúan, la carne y la espada. El efecto no es el orden de los cuerpos, aparece como batalla imposible, incorporal, impenetrable. De este encuentro aparece el conocimiento, pero en un orden ajeno al de los cuerpos. En el devenir, este se va a encadenar con los conocimientos anteriores, con los conocimientos precisos, a la vez que se constituye realmente una producción de conceptos y de sentido. A esta producción, que surge de encuentros reales y se despliega desde la multiplicidad territorial en que se manifiesta el devenir que produce el acontecimiento de aprender, le llamamos producción de aprendizaje profundo.

La conexión entre conocimiento y experiencia, del mismo modo que los encuentros entre el docente y el estudiante tienen que ver con el devenir. Cada uno busca ampliar su territorio mediante sus devenires, a través de lo que conviene a cada sí. El choque–encuentro que genera el devenir, significa para ambos participantes ampliar su territorio, la potencialidad particular de cada uno. “La vida es un predicado, es una relación, no es algo que se encuentra entre los sujetos, no es este o aquel…La vida es aquello que está entre, entre los seres humanos, las plantas y los animales…El aprendizaje es hacer un mundo entre las cosas, como la hierba, como un Rizoma” (Laurrauri, G. Parnet,1980, pág 23.)

En síntesis, esta propuesta sustenta la idea de que plantear la relación profesor alumno desde la perspectiva del devenir en Deleuze desafía las concepciones tradicionales de la enseñanza y el aprendizaje, proponiendo una relación de intercambio y colaboración mutua entre los actores educativos como si se tratara de un teatro escolar. En esta propuesta, se promueve la experimentación, la creatividad y la transformación, y rompe con los roles fijos y preestablecidos en la educación. Esta columna conlleva un llamado a compensar la relación entre docentes y estudiantes, de reconocer la importancia de la autonomía y la singularidad en el proceso educativo. De igual modo, es una invitación para que la o el docente se encuentre dispuesto a aprender de su alumnado, reconociendo su singularidad y escuchando sus perspectivas y experiencias. A su vez, el alumnado es animado a asumir un papel activo en su propio aprendizaje, es una invitación a cuestionar, investigar y construir su propio conocimiento.

Referencias:

 Colebrook, C. (2002). Gilles Deleuze. Routledge.

Francisco José Martínez Martínez (1987). Ontología y diferencia: la filosofía de Gilles Deleuze Orígenes. Madrid.

Laurrauri, G. Parnet (1980). Deleuze, G. Diálogos, Editorial. Pre-textos, Valencia.

Deleuze, G. y Guattari, F. (1994). Mil mesetas: Capitalismo y esquizofrenia. Prensa de la Universidad de Minnesota. Traducción de José Vázquez Pérez y Umbelina Larraceleta. Editorial. Pre-textos, Valencia.

Deleuze, G. (1994). Diferencia y repetición. Prensa de la Universidad de Columbia.