Descentrados Chile

Encrucijadas de la economía popular, social y solidaria

Fotografía: Juan Genovés

Por María José Varela
Prof. Comunicación Social
Organización Territorios en Desarrollo

Pensar las economías sociales, solidarias, populares, comunitarias, alternativas, es poner la mirada en una forma de vida que convive, y sobrevive a la vez, con la hegemonía capitalista, dominante y globalizada. Se trata de formas de producir la vida llamadas por el Banco Mundial como economías secundarias o terciarias, o sub-economías de los países en subdesarrollo. Y no menor es la cantidad de personas, familias, grupos y organizaciones que en el mundo, y particularmente pensando en la región de Latinoamérica y el Caribe, producen la vida de una manera contra hegemónica articulada, conformando un gran sector socio económico diverso, que de alguna manera supone un sentido común propio, ¿No es esto otra idea del sentido común? Las diferencias y particularidades de cada país de la región, cada comunidad, cada individuo en sus diferentes formas de expresión, historias, culturas y sus propias tensiones, hacen que no sea todo lo mismo. Pero de algún modo, el sistema en cada país necesita homogeneizar y masificar para diseñar la política pública y las políticas públicas dedicadas al sector de la EPSyS, integrando todas sus expresiones. Se podría diferenciar en este sentido a la economía popular de la economía social y solidaria, en una primera instancia, por el nivel de formalización legal en cooperativas, mutuales, u otros tipos de asociaciones civiles y comerciales, con mayor capacidad de relación con el Estado y el sector empresarial privado, para pensar la políticas públicas diferenciadas, aunque también existen grupos asociativos de emprendedoras/es que trabajan como cooperativas sin formalizarse, una zona gris, que la pensamos como parte del sector en proceso, potenciales tal vez para la capacitación como puerta a procesos de mejora. Y, por otro lado, o el mismo lado, están los emprendimientos familiares, artesanas y artesanos, vendedoras/es ambulantes, manteras/os, feriantes, puesteros/as, con o sin su personería jurídica, y economías de subsistencia, de autoabastecimiento, sin excedente para comercializar, que no asumen las características sociales de la economía solidaria, que las instituciones consideran parte de un sector no formalizado, o de la economía popular. ¿Qué integra a todos estos actores en un mismo “sector”? Más que un pensamiento conceptual esta es una convocatoria a la reflexión, no a todas las personas les interesa capacitarse, ser parte del sistema formal de la economía, cambiar su forma de vida, de producción, o no lo tienen a su alcance y se trata de sobrevivir. Lo cierto es que no todas las cunas tienen sábanas.

La realidad nos cuenta que, en Latinoamérica y el Caribe, según datos publicados por la Cepal a fines de 2022, en la Región vivimos 662 millones de personas, hoy estamos llegando a 665 millones (un 8.2% de la población mundial). En relación al mundo del trabajo, el 48% conforma la población económicamente activa-PEA- (315 millones). De ese 48%, el 43,4% se encuentra formalizada (de las cuales el 52% pertenece al sector privado; el 21% al estatal; y el 27% al sector cooperativo). El 48% de los 315 millones pertenece al sector de la economía informal, popular; y el 8,6% restante se encuentra desocupada, buscando o no un trabajo. Tomar dimensión de la cantidad de personas que eligen el mundo cooperativo da calor al alma, alrededor de 179 millones de personas en LAC, “no estamos solo/as”, pero a la vez abruma. La desocupación ha sido creciente y sobre todo para las mujeres (en el 2021, según datos estadísticos de la CEPALSTAT, 7.7 y 11.3 puntos a favor de los hombres). En Argentina existe actualmente una brecha de ingresos entre hombres y mujeres del 27.9% (Fuente: Ministerio de Economía) En el sector de la economía social y solidaria las mujeres se expresan cada vez con más protagonismo pero las distancias se mantienen, económicas y subjetivas, disminuyen casi sistemáticamente en épocas de crisis económicas, o como sucedió en la Pandemia por el Covid-19, pero con el tiempo vuelven a “su lugar”… así y todo persiste una brecha de 22,6 % (OIT), que representa que el 48% de mujeres en edad de trabajar en la región no participa en el mercado de trabajo, pero sí del Mundo del trabajo. Según el registro de la Economía Popular (ReNaTEP) en Argentina, el 54% son mujeres trabajadoras las que conducen procesos de producción. No puedo extenderme mucho en esta nota, pero si hubo movimientos que pujaron por los derechos de la mujer y la igualdad fueron los movimientos feministas, alzando la voz para quebrar la burbuja, el techo o las paredes de cristal, según distintos autores/as, metáfora de lo invisible para la tarea doméstica y el cuidado como trabajo y no una tarea correspondiente al género, que se traslada al imaginario social en todos los ámbitos de trabajo, así la mujer cobra menos que el hombre por el mismo cargo, trabaja más horas, ocupa menos puestos de conducción, etc.

Volviendo a la reflexión, ¿Qué unifica a todo el sector de la ESPS?, ¿con qué sentido lo piensan los gobiernos y diseñan, o no, las políticas públicas?, y en el sentido inverso, ¿qué subjetividades se producen en el sector social de la economía a la hora de pensar al Estado? Por ejemplo, en Argentina hoy, año electoral, ¿cómo se entiende que fuerzas políticas de las derechas, que históricamente ignoran la pobreza, o la utilizan para mostrar un lado “benevolente”, sean apoyadas por el oprimido en las tendencias de voto? Siendo desafiado por un “cambio” por el cambio mismo. ¿Al desamparo?, es preocupante. Ya decía Eliseo Verón (2013) que vivimos en sociedades polarizadas, en gran parte por los medios de comunicación hegemónicos. Los medios masivos reproducen sociedades de las diferencias y la indiferencia, sociedades del poder del patriarcado, de concepciones que no toman materialidad y disimulan la pobreza y la vulnerabilidad porque es incómoda, o la muestran porque es útil a la producción de poder.  Tal como en las películas, los momentos críticos marcan un punto de giro, una situación en la que algo se transforma y ya no se puede volver atrás, algo se desata, pero en la realidad para que algo se renueve y tome fuerza hay que encontrar el camino, como fueron haciendo los movimientos feministas y de las disidencias, seguir actuando y siendo protagonistas. ¿por dónde empezar?

En la organización federal de la que soy parte, Territorios en Desarrollo, creemos que el camino para el fortalecimiento del sector de la EPSS comienza en la construcción y desarrollo de instancias de formación en las que los modos del decir y del hacer sean producidos por las/los participantes. La formación a la que refiero es aquella que reconoce saberes previos, ya vengan de la educación formal o de distintos ámbitos de la vida, e interpela esas condiciones de origen para ponerlas en juego con nuevos aprendizajes. Consideramos que es una puerta al desarrollo de procesos con más herramientas para fortalecer la vida productiva, las relaciones con los grupos de trabajo, con la comunidad, con el Estado, con otros sectores. Particularmente respecto a la economía popular, hay en general una baja valoración social asociada a la falta de formalidad de las/os trabajadoras/es, y a una baja valoración económica sobre su trabajo. Uno de los factores que promueve ese posicionamiento es la educación formal que, sin desmerecer su importancia, formamos para el mercado privado y el empleo. En función de esto, la educación bancaria (P. Freire, 1968) es selectiva y refuerza las brechas sociales. Para pensarnos dentro, la tasa de finalización de la educación primaria en América Latina y el Caribe en el 2020 fue de un 98% (UNESCO), sin embargo, de la educación secundaria, requisito fundamental para el empleo (relación de dependencia), en el quintil (nivel de adquisición económica) más bajo, más pobre, es del 43%, seguida por el 53% en el quintil II y aumentando progresivamente al 92% en el quintil más alto. Gustavo Wansidler (2023) expresa respecto a la educación bancaria “Deposito algo q está por fuera de ti, no pudiendo ser tú quien participes en las condiciones de no sólo como alcanzarlo, sino de lo que tiene que ser alcanzado”, algo que es ajeno más que desconocido. Como señalé anteriormente, no todos/as nacen en cunas con sábanas, y no todas/os tienen las mismas oportunidades, pero eso no quiere decir que no sepan y no se sepan. Paulo Freire (1967) señalaba que “la educación popular se presenta en América Latina como una práctica liberadora, una práctica pedagógica elaborada con el oprimido y no para el oprimido”, porque la educación es un acto político, “es pensar-sentir-hacer en el cambio social y en la disposición de los educadores para imaginar un mundo diferente…” (Freire, 1967), y esas construcciones son posibles en procesos participativos.

Frente a estos escenarios, Wansidler, secretario Gral. De Territorios en Desarrollo, propuso en el Encuentro Latinoamericano de Economía Popular y Comunitaria: Debates en torno al trabajo y los desafíos de la política pública en el marco de la paz total, llevado a cabo el pasado 13 de octubre en Bogotá, que la política pública debe/ría asumir algunos desafíos que pongan en valor y fortalezcan al sector de la EPSS, integrando a las/los actores de la EPSS en la producción de las políticas públicas, “…generar movimientos simbólicos y materiales de negociación, articulación e/o integración entre los sectores privado, estatal y social, que tomando como punto de partida y de proceso la puesta en valor, juego y tensión de las “capacidades y problemas territoriales” producen otras continuidades de pertenencia protagónica social”, y no bajando beneficios pensados desde arriba que generan espacios vacíos para la producción de la existencia. Al respecto citó a Guevara D. y Zambrano P., (en Economía Popular desde abajo, 2017), quienes señalan en un ejemplo que “con la ayuda del microcrédito se puede acceder a soluciones de mercado para generar ingresos, de tal forma que las personas de menores recursos puedan depender menos de la asistencia social.(…) La tragedia es que más del 95% de las personas que caen en la trampa del emprendimiento por subsistencia termina fracasando: queda con una deuda que no tiene cómo pagar y con un proyecto de vida destruido. Descienden en el mencionado “valle de la muerte”. Por otra parte, el sujeto pobre (emprendedor), es ahora considerado como un cliente de una entidad financiera, más que como un beneficiario de una política social”.

Hay mucho camino por recorrer sanando vínculos, porque “es el primer territorio que habitamos” (G.W, 2009).

Referencias

Giraldo, César. Lo popular: dimensiones económicas, sociales y políticas (Buenos Aires: CLACSO, agosto de 2022). ISBN 978-987-81-279-2

Caracciolo Basco, M; Forti, M.P. (2010), Las mujeres en la economía social y solidaria: experiencias rurales y urbanas en Argentina

Martín Retamozo (2012), Movimientos sociales, política y hegemonía en Argentina

Wansidler, G.J. Seminario Taller “Economía Popular y Prácticas Formativas”-Servicio Nacional de Aprendizaje – Colombia (abril 2023).

Guevara D. y Zambrano P. (2017), Economía Popular desde abajo

Freire, Paulo (1967), La educación como práctica de la libertad

Freire, Paulo (1968), Pedagogía del oprimido

Verón, E. (2013). La Semiosis Social 2: Ideas, Momentos, Interpretantes. Buenos Aires: Paidós.

https://statistics.cepal.org/portal/cepalstat/dashboard.html?lang=es

https://agenda2030lac.org/estadisticas/monitoreo-estadistico-regional.html

https://ilostat.ilo.org/es/topics/informality/

ReNaTEP y Potenciar Trabajo: Principales características de la economía popular registrada. Informe noviembre 2022. Disponible en: https://publicaciones.sociales.uba.ar/index.php/osera/article/view/8025/6683