Por Cristian Mancilla
Profesor de Castellano
Instituto de Estudios Hispanoamericanos Benito Jerónimo Feijoo
El Dr. Diego Pérez Hernández señala, en su nota del 9-IV-20261, que se espera que los alumnos del colegio «entren en contacto con una cultura que […] desconfía de los dogmas por principio» y luego procede a defender los dogmas de la modernidad. Los que trata en su columna son el racismo, la jerarquía y el anacronismo, todos los cuales se articulan con la mitología posmedieval para atacar la Cristiandad. Lo que llama la atención, pues, es la contradicción entre la máxima ilustradade desconfiar de los dogmas por principio y el ejercicio de defender irreflexivamente los dogmas modernos.
La gran diferencia entre los dogmas mundanos y los católicos es que estos fueron revelados, mientras que aquellos han sido formulados. El dogmático mundano no se atrevería a afirmar que sus postulados son infalibles o que la razón —su falsa diosa— sea la llave definitiva para todos los misterios de la creación. El católico sí lo hace y el mundano tiende a asumir que esto se debe a la mera convicción de aquel sobre sus creencias. Esta asunción debe ser sometida a examen, no obstante. Si todas las creencias tienen un mismo valor, una misma jerarquía y siempre provienen desde los hombres, todos los conjuntos de creyentes deben recurrir al mismo argumento que el católico, esto es, que los dogmas que confiesa son infalibles y que su Dios es la llave definitiva para todos los misterios de la creación. Como la conmutación resulta negativa —esto es, al intercambiar al católico por cualquier otro tipo de creyente, el resultado no es el mismo, puesto que los otros conjuntos no interponen afirmaciones tan categóricas—, la presunción modernista ha de descartarse: el católico no es categórico en virtud de que todos los creyentes defiendan sus creencias, sino por otro motivo. Este es que él integra una institución divina y habitada por el Señor en persona, pero el mundano siempre escogerá responder algo que no contradiga sus principios anticristianos y antirrealistas. En este caso, se preocupa de no entrar en contradicciones. Cuando se trata de la relación de su creencia y su práctica, es más flexible.
El mito moderno de la democracia, que se funda en negar la soberanía divina y reemplazarla con una falsa soberanía popular —o nacional, según el color de los liberales en cuestión—, incluye los factores interpuestos por el Dr. Pérez en su nota: el racismo (que puede ser censurado o promovido), la jerarquización (entendida como mera convención social en lugar de orden celeste) y el anacronismo (que es condenado a la vez que aplicado de manera inconsciente). No se trata de nociones ordenadas racionalmente, sino de miembros de un mito que pretende darle sentido al apóstata moderno, quien ha decidido rechazar la verdad revelada pero necesita aún adecuar su vida a un orden. Este orden, por supuesto, es errado y esto se nota, entre otras cosas, en la contradicción entre su discurso y su praxis, como la que he observado en la columna comentada: el Dr. Pérez nos advierte contra los anacronismos, pero su doctrina condena sin dudarlo la cristianización de América —llega al extremo de utilizar el difemismo colonial—; menosprecia la jerarquía al tiempo que asume que hay valores superiores a otros; denuncia el racismo y cree verlo incluso cuando se hacen distinciones de credo en lugar de étnicas. La contradicción fundamental, no obstante, sigue estando en el Principio de Desconfianza en los Dogmas, que manda al hombre moderno desconfiar de los dogmas al tiempo que le ordena no cuestionar la democracia, el antirracismo, la antijerarquía, la inmigración, el reemplazo poblacional, etc.
¿A qué se refiere, en realidad, el Principio de Desconfianza en los Dogmas? Para responder esta pregunta, debemos recurrir al ejercicio dialógico del modernista ateo que pregunta «¿a cuál de todos los dioses te refieres?», lo que se responde con «al Que tú odias». Una y otra vez, la respuesta es la misma: el ateísmo modernista se dirige contra una sola religión. De la misma manera, el Principio de Desconfianza en los Dogmas se refiere a un solo conjunto de ellos: el verdadero, es decir, el católico.
Llama la atención que el culto a la diosa razón haya sobrevivido hasta hoy, teniendo en cuenta las múltiples contradicciones que contiene. No por nada sus ritos han variado tanto. Pero esta es también una señal de advertencia: el espíritu de la Revolución Francesa sigue vivo y sus promotores persisten en aniquilar cualquier asomo de catolicidad en el mundo.
Ave María Purísima.
- «Día del Libro y de los Derechos de autor: una oportunidad para leer el racismo en nuestras escuelas», Descentrados, <https://descentrados.cl/educacion/dia-del-libro-y-de-los-derechos-de-autor-una-oportunidad-para-leer-el-racismo-en-nuestras-escuelas/>. ↩︎

