Descentrados Chile

Declarar la guerra contra las terf: conquistar el Feminismo

Ilustración: Gustavo Lulo Arias

Por Vicente Santibáñez
Estudiante de licenciatura en Filosofía (c), cuyos intereses principales se relacionan con la filosofía francesa contemporánea, los estudios de género, teoría queer, teoría de los afectos, literatura y poshumanismo. Ha participado en diversos congresos a nivel nacional e internacional, con ponencias en el VIII congreso nacional de la Asociación Chilena de Filosofía, en el VI simposio “pensar los afectos” de la Universidad de Buenos Aires, en el Primer encuentro nacional “Utopías por-venir: perspectivas desde la literatura a 50 años del golpe”, y en el XI Congreso Internacional Orbis Tertius, entre otros. Además, cuenta con un artículo titulado “El cuerpo y su memoria: heridas y cicatrices de la dictadura”, publicado por la Revista Nomadías de la Facultad de Filosofía y Humanidades de la Universidad de Chile.

Desde hace algún tiempo hasta hoy se está gestando en Chile un movimiento anti-trans (género y sexual), y, aunque cabe admitir la escala mundial de este movimiento, quisiera que nos concentráramos solo en nuestro pequeño y delimitado territorio, en quienes han intentado, por medio de numerosas técnicas, injertar el pensamiento heteronormado y segregador en la piel del feminismo. En ese sentido, el gesto que pretendo aquí consiste, simplemente, en realizar dos preguntas: por una parte, ¿en qué consiste su proyecto, el intento trans-excluyente por definir una esencia de ‘la mujer’?; y, por otra parte, ¿qué podemos hacer, ¿cómo debemos actuar ante esta ofensiva?

Gabriela Caviedes y Catalina Siles firman un curioso texto titulado “El cuerpo en disputa, hacia una experiencia común de lo femenino” (2019), allí, además de realizar no-lecturas[1] sobre diversxs autores, como Mary Wollstonecraft, Judith Butler, Michel Foucault y Simone de Beauvoir, Caviedes y Siles intentan proponer la idea de que existía una cierta «experiencia femenina en el feminismo originario» (91), la cual se basaba en que todas las mujeres compartían «una experiencia vital» (92) que les permitía reunirse. Esa experiencia vital común estaría fundamentalmente anclada en la “corporalidad femenina”, la cual otorgaría la esencia de lo que es “ser mujer”, esto es muy destacable según las autoras, pues significa «recuperar el sentido de lo que significa ser mujer y dar un curso al feminismo desde una comprensión concreta de las mujeres reales» (107-8). En efecto, esta propuesta parece ser razonable si consideramos al feminismo como un movimiento político “de y para mujeres”; sin embargo, si el feminismo definiese una esencia de “lo que es ser una mujer real”, ¿no estaría ocupando la misma táctica que el patriarcado heterosexual usó para definir a la mujer en el siglo XIX y XX como un ser sin capacidad suficiente para razonar, quien solo debía dedicarse a las tareas domésticas y la reproducción, y que no tenía derecho a voto? Esencializar, pareciera ser, responde a la necesidad de encausar y limitar a un ser a determinadas prácticas y características. Pero, aún más importante es preguntarse quién esencializa y por qué lo hace: en este caso, Gabriela Caviedes y Catalina Siles no nos presentan una propuesta inocente, sino que les conviene profundamente hacer que el feminismo sea una mercancía exclusiva de las mujeres blancas heterosexuales (grupos a los que ellas pertenecen), ya que abrir el movimiento a las disidencias sexo-genéricas, destruir el binarismo de género y el machismo, atenta contra el conservadurismo al que ellas responden. Hacer explotar el género les asusta, porque, tal como afirma Félix Guattari, «esta perturbación [que ellas sienten] viene del hecho de que lo amenazado es su persona militante, su funcionamiento personal; no solo sus concepciones en materia de organización, sino también sus “intereses” afectivos en un determinado tipo de organización» (2020, 62), así, lo que aquí se ve amenazado es su interés en una organización heteropatriarcal.

Que quede claro: definir que el feminismo se basa en una experiencia común de la feminidad, otorgada por un cierto tipo de corporalidad, no tiene otro propósito que el de excluir a las personas trans de una representación política más amplia, y, por lo tanto, subterráneamente también busca aislar al feminismo de los numerosos estudios filosóficos, artísticos, científicos, sociológicos, entre otros, que buscan destruir las barreras de género que aún rigen nuestra sociedad. Hacer del feminismo “una cuestión de mujeres biológicas” es caer en la misma lógica de exclusión que en un principio privaba a las mujeres de sus derechos más básicos, pero también consiste en invalidar y ocultar su potencial crítico y político como una red de resistencia entre grupos marginalizados, excluidos, parias.

Mencioné que el proyecto de Caviedes y Siles es un “intento”, y la palabra no es accidental, ya que, si lo entendemos como tal, entonces podemos pensar que su planteamiento es una ofensiva estratégica, un ataque calculado para detener el avance que las disidencias sexuales hemos logrado en materia de impacto social, cultural e intelectual. De ser así, hay que dejar de engañarnos con un activismo pacifista, blanqueado por la hegemonía cristiana que nos dice que debemos responder a la violencia “poniendo la otra mejilla”, es decir, doblegándonos, y tenemos que «renunciar definitivamente a fórmulas demasiado fáciles del tipo “el fascismo no avanzará”. El fascismo ya avanzó y no deja de seguir avanzando» (Guattari, 2020, 128. Las cursivas son propias). Hay que comprender estas últimas dos cosas, y nunca olvidar que nuestras vidas han sido cruzadas, moldeadas y esculpidas por la violencia. ¡Nosotrxs hemos sido tragadxs y escupidxs por la violencia! Recordemos solo este pasaje de la obra Las malas, de Camila Sosa Villada (escritora y activista trans argentina), que dice: «Así era la rabia que habían inoculado en cada una de nosotras. Tomar la ciudad por asalto: ese era nuestro anhelo. Terminar de una vez con todo aquel mundo fuera de nuestro mundo, el mundo legítimo. Envenenarles la comida, destrozar sus jardines de césped bien cortado, hervir el agua de sus piscinas, destrozar a mazazos esas camionetas de mierda, arrancarles del cuello esas cadenas de oro, tomar sus preciosas caras de gente bien alimentada y rallarlas contra el pavimento hasta dejar expuestos los huesos. […] Me pregunto qué habría pasado si, en vez de mandar la rabia a lo más hondo de nuestra alma travesti, nos hubiéramos organizado. ¿Qué pasó, en cambio? ¿Adónde nos llevó tragarnos el veneno? A morir jóvenes. Porque, salvo en esos súbitos y rabiosos estallidos fratricidas, las travestis no matábamos ni una mosca» (2023, 121-2). Por lo tanto, ¿qué es lo que nos impide encausar esa violencia que nos ha engendrado, precisamente para lograr aquello que queremos?

Repensar la violencia es una tarea que tomará tiempo, pero sépase desde ya: nada lograremos si nos quedamos de brazos cruzados y permitimos que las ofensivas fascistas sigan avanzando y dominen los discursos y las representaciones que rigen nuestra vida cotidiana. Por esto, y en honor a todos/as los/as que han muerto a causa del odio, es que tenemos que declararle la guerra a las feministas trans-excluyentes, a todas las formas de odio que atentan contra nuestra vida y libertad. Tenemos que luchar no en términos de ideales, sino estratégicamente, en términos de guerra.

Referencias:

 Caviedes, Gabriela; Siles, Catalina. “El cuerpo en disputa, hacia una experiencia común de lo femenino”. En primera persona singular, ed. Claudio Alvarado. Santiago de Chile: Instituto de Estudios de la Sociedad, 2019: 89-110.

Deleuze, Gilles. El poder. Curso sobre Foucault II. Buenos Aires: Cactus, 2014.

Guattari, Félix. Las luchas del deseo. Capitalismo, territorio, ecología. Santiago: Pólvora Editorial, 2020.

Sosa Villada, Camila. Las malas. Santiago de Chile: Tusquets Editores, 2023.

[1] Concepto acuñado por Gilles Deleuze para describir a algunos críticos de Foucault: “Evidentemente hay lecturas insostenibles. Siempre hay lecturas insostenibles. Son las lecturas que banalizan, son las lecturas que transforman las cosas nuevas en preconcebidas. Vean lo que los imbéciles dicen hoy sobre Foucault. En ese momento hay que decir que no son lecturas insostenibles, sino no-lecturas. Nunca lo leyeron, no saben leer.” (Deleuze, Gilles. El Poder. Curso sobre Foucault II. Buenos Aires: Cactus, 2014). Espero abordar en detalle estas no-lecturas que proponen en un artículo que se encuentra en preparación para publicarse este 2024.