Descentrados Chile

Más allá de la emancipación precaria. Apuntes sobre la Autonomía Económica de las Mujeres

Fotografía: Ignacia Banda.

Por María Ignacia Banda-Cárcamo
Socióloga. Valparaíso, Chile

La Autonomía Económica de las Mujeres ha sido definida por la CEPAL como la “capacidad de las mujeres de acceder, generar y controlar ingresos propios, activos y recursos productivos, financieros y tecnológicos, así como el tiempo y la propiedad”, y considera, según la misma definición, la División Sexual del Trabajo y la desigual organización social del cuidado en nuestras sociedades.

En contextos neoliberales como es el caso de Chile, esta capacidad cumple un rol central en las oportunidades de las mujeres, ya que las posibilidades de labrar una vida plena están fuertemente condicionadas al manejo de recursos económicos. Sin ir más lejos, la capacidad de salir de situaciones de Violencia contra la Mujer (VCM) está fuertemente asociada a la posibilidad de tener con qué sostenerse materialmente; de partida dónde vivir y de qué, y así también, cómo sostener, muchas veces, a hijos e hijas. La magnitud del problema concita la preocupación de muchos organismos y actores institucionales, ya que, además, es de amplio consenso la idea de que, dada la proporción de hogares con aporte monetario mayoritariamente femenino, la baja participación de las mujeres en el mercado laboral, así como su participación en desventaja, contribuye al sostenimiento de condiciones de pobreza en dichos hogares y en la población en general. Se conmina entonces a las mujeres a participar del mercado laboral sobre la base de hechos por cierto atendibles, pero ¿en qué condiciones y en qué mercado?

En forma inmediatamente previa a la crisis del COVID 19, (año 2020) la CEPAL insistía fuertemente en la necesidad de políticas públicas intersectoriales efectivas orientadas a eliminar la división sexual del trabajo y la segregación y discriminación de género en el mercado laboral, siendo este uno de los principales “nudos estructurales” limitando a las mujeres el pleno goce de sus derechos. Tras la crisis sanitaria, los efectos en la situación de las mujeres fueron notorios a nivel global y difíciles de contrastar, y no fueron pocos los organismos y encuestas (como la Encuesta Nacional de Empleo) que señalaron que las razones familiares tuvieron un peso incontrastable entre las razones de las mujeres -no así de los varones- para no buscar trabajo, una situación que, sin ser nueva ni novedosa, se hizo ineludible. Cabe tener en cuenta, además, que al analizar las razones distintas a las familiares en hombres y mujeres (encontrarse estudiando o jubilada/o, por ejemplo) no se encuentra mayor diferencia, lo cual parece indicar que, “toda la brecha de género en la salida laboral se explica porque las mujeres asumieron mayores responsabilidades familiares” (Cabezón, Cases et al. 2023, s/p).

Las soluciones y recomendaciones han estado centradas, desde luego, en la generación de puestos de empleo que tienen a las mujeres como sujeto prioritario, la capacitación en rubros de trabajo masculinizados, y un foco particular, quizá más novedoso, en impulsar políticas de cuidado a nivel nacional, que buscan reconocer, pero también apoyar en forma directa las necesidades de cuidado a fin de permitir a las mujeres un uso diversificado de su tiempo. En la misma línea de la “inserción” encontramos también diversos estímulos al emprendimiento; desde fondos concursables para el microemprendimiento y la proliferación de ferias de emprendedoras en diversos rubros, hasta capacitaciones y coaching para mejorar habilidades de liderazgo, modelos de negocio, marketing digital y otras estrategias en esa línea. Ha de tenerse en cuenta, no obstante, que, al analizar los datos sobre microemprendimiento, se observa que las razones de las mujeres para emprender en esta escala son prácticamente las mismas que para restarse del empleo remunerado; la posibilidad de compatibilizar con responsabilidades de cuidado. Esto difiere por cierto de las razones masculinas como la es la razón principal de los varones, ser su propio jefe. Así también, sabemos que el microemprendimiento femenino replica tendencias similares a las del trabajo remunerado en lo que respecta a la feminización de oficios y/o rubros, encontrándose el 73,8 % de los microemprendimientos de mujeres concentrado en los sectores de servicios y comercio (Ministerio de Economía, Fomento y Turismo, 2020).

En este escenario y frente a estas alternativas, urge preguntarse ¿Qué otras alternativas existen a esta forma de entender la autonomía económica? Las economías feministas son una referencia particularmente útil, porque parten del reconocimiento de que esta problemática va más allá de lo estrictamente monetario. No extrañan, desde esa lectura, las suspicacias de algunas mujeres que, conociendo las condiciones que el mercado establece para ellas en los espacios laborales formales, han preferido restarse, bien porque evalúan que percibir ingresos y delegar el cuidado de hijos e hijas “no sale a cuenta”, o bien porque han llegado a la conclusión de que “no compensa” respecto de otras actividades, al fin y al cabo, más gratificantes y creativas que el trabajo remunerado en el retail (por nombrar alguno).

El estudio “Mujeres y Retorno Laboral” del PNUD señalaba por ejemplo en 2022 que, para las mujeres entre 18 y 44 años, la razón preponderante para no retornar al mercado laboral es la necesidad de cuidar a hijas e hijos menores de 15 años. La razón preponderante en el grupo mayor de 45, por otra parte, fue la oportunidad de desarrollar otros intereses, la cual emergió para algunas durante la Pandemia gracias a las transferencias monetarias estatales extraordinarias como el Ingreso Familiar de Emergencia (IFE), y/o gracias a las leyes que autorizaron el retiro de un porcentaje de los fondos de pensiones privatizados en el sistema de AFP. Si bien se trató de medidas de carácter circunstancial, estas parecieron proporcionar a algunas mujeres la oportunidad de repensar sus trayectorias como trabajadoras y dar lugar a un cuestionamiento que les hizo al menos pensar dos veces antes de correr a buscar la “inserción” en el mercado laboral post pandémico.

Se trata de un cuestionamiento sano y necesario, precisamente en este tipo de escenarios, en que las presiones por participar del mismo son fuertes y en cierta medida justificables. Las historiadoras Joan Scott y Louise Tilly propusieron, no obstante, hace ya varias décadas en su libro “Women, Work and Family” (1977), que la participación de las mujeres en el mercado laboral sigue una curva en “U”, es decir, fluctuante, en un entrar y salir de las mujeres de este espacio, en directa relación con las necesidades del mismo y con momentos de crisis económicas cuya resolución ha pasado por la “incorporación” de las mujeres como mano de obra competitiva en que se tolera, por ejemplo, que reciban una menor remuneración que sus pares varones. Respecto de los procesos de “asalarización” de las mujeres, puede decirse que son relativamente recientes si se piensan desde la noción de “salario”, propia de una economía industrial, pero muy antiguos en lo que respecta a la participación de las mujeres en actividades remuneradas, como empleadas o por cuenta propia. Con todo, es posible observar en investigaciones situadas en el mercado laboral chileno cómo estos procesos han permitido abrir espacios para las mujeres y su autonomía, y han generado, al mismo tiempo, tensiones y ambivalencias.

En sus trabajos sobre las condiciones laborales de las mujeres trabajadoras del campo chileno, cuya asalarización se produjo en el marco del desarrollo de la industria frutícola y sobre todo exportadora en Chile, la reciente premio nacional de geografía, Ximena Valdés Subercaseaux, identificó estas tensiones con el concepto de “Emancipación Precaria”; las mujeres estaban accediendo a recursos propios y con ello accediendo a la posibilidad de tomar decisiones sobre sus hogares, su vida y sus relaciones. Al mismo tiempo y en base al mismo elemento gatillador -el dinero- se producía una alienación y sometimiento a un nuevo patrón, muchas veces invisible, pero de presencia innegable en las nuevas condiciones de explotación como fue el trabajo por temporadas, muchas veces mal pagado, y en horarios incompatibles con otros aspectos de la vida personal y familiar. Se evidencia así la tensión entre una mayor independencia económica -y una serie de beneficios asociados- y una mayor o nueva experiencia de alienación en sus vidas.

Recientemente, la investigadora de la Universidad Diego Portales Martina Yopo exponía sobre los hallazgos de sus investigaciones sobre la autonomía económica de las mujeres en Chile, identificando esta ambivalencia en las vivencias de las mujeres sobre la autonomía económica: empoderamiento y malestar. Producir y controlar ingresos propios sería una fuente de empoderamiento y sentido de igualdad de género y al mismo tiempo, para muchas de ellas, una fuente de agobio.

En septiembre de este año, la historiadora estadounidense Heidi Tinsman expuso en el Seminario “Luchas campesinas”, donde analizó junto a importantes referentes del sector los impactos de la Reforma Agraria sobre la vida de las mujeres en Chile. Durante su charla, se refirió al mismo escenario histórico antes aludido, deteniéndose en una descripción cualitativa del proceso de acceso al salario de las mujeres en la industria del packing, descripción que lograba dar cuenta de cómo el acceso a un salario permitió a las mujeres no sólo aumentar el consumo en sus hogares, sino también contar con medios para realizar entre ellas invitaciones, intercambio de regalos y fortalecer a partir de ello amistades, en un proceso que Tinsman describió como uno de construcción de sociabilidad femenina a través del consumo. Esta interesante reflexión, en diálogo con la pregunta sobre las tensiones y ambivalencias, nos lleva por más de un camino a la hora de pensar en propuestas de análisis del fenómeno.

Una de ellas es la centralidad del acceso a recursos propios, no sólo para acceder a medios de subsistencia sino también para facilitar la toma de decisiones en pos de la propia seguridad física y psicológica. Otra es la precariedad con la que esto se logra, en alguna medida, en la vida de las mujeres, y el necesario ojo crítico para distinguir entre un uso diversificado del tiempo y un uso casi exclusivamente productivo, dentro de los márgenes del trabajo alienado y precarizado. Esto es así para empleadas y emprendedoras, replicándose en el segundo caso la misma tendencia ambivalente: ¿más dueñas de su tiempo o más tiempo para cuidar? Con todo, en el contexto de un mercado laboral particularmente hostil, cabe pensar en la construcción de lazos entre mujeres como un potencial emancipador poco despreciable. La participación de las mujeres en los espacios de capacitación y empleo no solo importa por los medios de vida que proporciona, al menos potencialmente, sino también por la posibilidad de encuentro entre mujeres y de construcción de lazos en esta “sociabilidad femenina”. En categorías hoy antiguas, pero no por ello menos útiles de Maxine Molyneux, esto podría implicar un punto de encuentro entre necesidades prácticas y necesidades estratégicas, con el acceso a recursos por un lado y la generación de redes por otro. Ahora bien, no es el salario el único dispositivo -probablemente tampoco el más llamado a hacerlo- capaz de generar espacios de sociabilidad femenina. Todo lo contrario. Las Economías Feministas no dejan de poner sobre la mesa la necesidad de pensar en una sociedad en que las relaciones sociales no se encuentren mediadas por el dinero, y las autonomías de las mujeres no impliquen para ellas una tensión y/o una renuncia, sino el pleno ejercicio de sus deseos, capacidades e intereses.

Referencias

  • Valdés, Ximena (2020) De la dominación hacendal a la emancipación precaria. Historias y relatos de mujeres inquilinas y temporeras.
  • Tinsman, Heidi (2023) Seminario “Luchas Campesinas” 5 de septiembre de 2023, Facultad de Ciencias Sociales, Universidad de Chile.
  • PNUD – OIT (2022) Mujeres y Retorno Laboral en Chile: Aprendizajes de la pandemia para cerrar la brecha en el empleo. Santiago de Chile: Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo y Organización Internacional del Trabajo.
  • Yopo, Martina (2023) Autonomía económica de las mujeres en Chile. Ciclo de charlas sobre Economía Feminista. Universidad Diego Portales, Julio de 2023.
  • Cabezón, Elisa, Cáceres, Roberto y Feliú, José Tomás (2023) #8M La persistente brecha de género en el mercado laboral. Revista CIPER, 6 de marzo de 2023.
  • Ministerio de Economía, Fomento y Turismo, (2020). El Microemprendimiento Femenino en Chile. Informe de Resultados Unidad de Estudios División Política Comercial e Industrial.