Descentrados Chile

Entrevista y relato de Ana María Condorí

Fotografía: Mariana Muñoz y edición fotográfica Fabiola Castro Mardones

Entrevista y relato de Ana María Condorí

Dirigente de las redes de economías solidarias de Bolivia. Organización “El Ceibo”.

Karin Berlien: Estimada Ana, te puedes presentar y a tu historia:
Ana: Mi nombre es Ana María Condori, soy boliviana de nacimiento.

La mayor parte de los años he vivido en la Paz, en el Departamento de la Paz y ahora radico en el Alto.

Yo soy de origen Aymara, en el Departamento de Oruro, cerca de Chile, mi comunidad es Choquecota. Ese es mi origen de nacimiento, somos aymaras. Pero por motivos de la extrema pobreza que vivía la familia entonces, hemos migrado desde muy temprana edad. Somos once hermanos, seis varones y cinco mujeres, y de las mujeres yo soy la hermana mayor. Entonces como hermana mayor y mi hermano mayor, hemos migrado de muy pequeña edad, por la necesidad que vivían mis papás, mis hermanitos entonces, de acuerdo que hemos ido creciendo, hemos buscado nuestras fuentes de ingreso.

De muy temprana edad yo he migrado a la ciudad de Oruro, y ahí he trabajado primero cuando tenía mis 8 hasta 10 y 11 años, como niñera, cuidadora de niños, en ese tiempo yo no conocía de los zapatitos ¿cuál era derecha? ¿cuál era izquierda?, ¿cómo se vestía las guaguas a los bebés? Pero me enseñaron y aprendí.

Y fui creciendo, creciendo, pero hasta mi edad, de 20 años trabajando como empleada doméstica, pero en diferentes ciudades, no en Oruro, Cochabamba y por último en La Paz.

Entonces no tuve la oportunidad de tener una educación formal. Yo decía a mis jefes: señora quiero estudiar, quiero entrar a una escuelita, será que me puedes dar esa oportunidad. – ¿tu India? O ¿qué sabes de estudiar? si quieres ser profesional, podrías, pero ¿estudiar, pero qué cosa vas a hacer? pues son India. Bueno, ese era el trato.

Yo he crecido un poco como niña renegada contra la sociedad y una mujer adolescente renegada contra la sociedad. Y una joven, o sea, una joven también renegada contra la sociedad. Por el trato, por no tener. Oportunidades, no de estudiar nada. ¿Qué sabía? Lo único que sabía es hacer la limpieza de la casa, cocinar es lo que aprendí, no. Y me da mucha pena de que mis padres estuvieran en condiciones críticas y mis hermanitos, pero yo pensaba en algún rato estudiaré, siempre era mi sueño.

Y cuando ya tenía mis 21 años y fui en busca de mis padres. A la zona de colonización en ese entonces se llamaba colonizadas los colonizadores, ya que a los migrantes del altiplano del Valle el Gobierno les distribuyó terrenos y mi papá tomo uno. Era un terreno, un monte virgen, era lindo, lindo, lindo, realmente. Pero como yo ya me había acostumbrado a vivir en casas lujosas, con comidas especiales para mí fue bien duro, después de trabajar años como empleada doméstica, me pregunté si estaba dispuesta a volver a la agricultura. Y me costó, ya no estaba habituada a trabajar en la tierra, ya no quería ensuciarme, cocinar en fogón con tizna las manos por las ollas, o sea, todo era para mí incómodo y yo no quería estar ya en mi origen de nacimiento.  Entonces fue de lo más duro para mí, cambiar el hábito del consumo de alimentos, como por ejemplo la yuca, la walusa, papa chuño, maíz. Todos estos alimentos me parecían diferentes y no me gustaba nada, parecía que comía un tronco, por ejemplo, en caso de la yuca.

Entonces mi papá, que había ido a visitar, me dijo deberías pensar más en ti, y como estás viniendo aquí al trópico, entonces quédate aquí a cuidar mientras yo voy a ir a ver a tu mamá, voy a viajar por quince días y después te vuelves a ir, me dijo, y me quedé, y resulta que mi papá nunca volvió, los quince días fueron seis meses, y como no llegaba yo no sabía qué hacer, él me explicó qué cosas debía hacer, qué debía cosechar.

De cosecha cacao, vas a cosechar, vas a vender, vas a ir a las reuniones de la cooperativa, vas a ir a las reuniones de del sindicato y entonces ya tenía 22 años. Entonces vas a participar en todas las reuniones, con todas las obligaciones de la Comunidad, vas a participar, hacer trabajo comunal y vas a mantener el lote, vas a cuidar los animales que se tiene y vas a vivir de eso también, y lo que sobra me vas a mandar. Y eso hice, lo hice todo correcto. Entonces empecé ahí mi liderazgo.

Sí, entonces fue como obligatorio, cumplir con las obligaciones sociales de la Comunidad.
Con la cooperativa, fui participando muy joven, a mis 22 años ya participando y como también una mujer resentida, dolida por no haber estudiado y por no haber disfrutado.  Entonces empecé a involucrarme más, impulsando a la organización, a mujeres para que nos organicemos, aprendamos algo entonces así empecé, y ya luego me fueron conociendo.

En las comunidades viví la discriminación por las y los jóvenes que siempre me hacían burla. En las reuniones yo opinaba, y todo el mundo murmuraba y se reían de mí. No eran escuchadas mis sugerencias, mis opiniones, solo era risa. Bueno, yo era jovencita también, entonces fui a capacitarme, y las” monjitas” ahí me decían tú misma tienes que valorarte, a ti a tu cuerpo, respetarte tú misma y para eso tienes que cuidarte, tienes que ser fuerte, tienes que ser valiente. Como una roca, eso me dio mucha fortaleza también y ya empecé de soltera a ser una mujer líder.

Luego me casé y mi esposo me apoyo para estudiar, él era líder de otra organización entonces.  Y formamos una cooperativa grande, que se llama ahora central de cooperativas agroindustrial “El Ceibo”.

Karin Berlien: Cuéntame más sobre esta central de cooperativas “El Ceibo”:

 Ana: Primero se organizaron las cooperativas en diferentes colonias, le llamábamos antes colonias ahora cooperativas, y hemos empezado con siete cooperativas, con un promedio de diez participantes por cooperativas, y hemos armado la central de cooperativas. Este es ahora una central, “El Ceibo” muy conocida a nivel mundial con los temas de chocolates.

Y como he sido fundadora y líder de y también para impulsar a que las mujeres sean partícipes. No he querido que las mujeres tengan otra organización, sino que sean integrantes en “El Ceibo” y que la mujer sea valorada.

Mi papel, es como agricultora, como productora, y como líder.

Para que me incluyan en todas las actividades, dentro de la actividad técnica, la actividad administrativa y liderado. Entonces la he peleado bastante, bastante claro en las cooperativas. Fui reconocida y de esta manera me han apoyado también en el estudio, y viajé bastante a conocer otras experiencias y estudiar.

Porque en “El Ceibo” solo teníamos 3 objetivos bien importantes:

1.- Un objetivo era el rompimiento del monopolio de transporte, en la zona en la región.

2.-  Otro era, avanzar en la industrialización, industrialización de nuestro producto, materia prima que es el cacao. Y bueno, en esta industrialización está inmerso lo que es la comercialización, entonces hemos venido manejado lo que es: producción, transformación y comercialización

3.-  Y la formación del recurso humano propio.

Y para eso hemos decidido de que nuestro propio hijos e hijas mujeres puedan estudiar capacitarse en otros países, unos a Colombia, Brasil, Chile, Ecuador, Alemania y Estados Unidos también.

Entonces hemos salido de a tres personas y cuatro a estudiar, pero tiempos limitados tres meses, otros seis meses, otro un año. Y así y hemos ido conociendo instituciones, muchas instituciones. Y nos han apoyado y hemos también solicitado cooperantes alemanes, se han involucrado bastante en “El Ceibo”. Y ellos nos han formado un tema administrativo en temas técnicas, pero el liderazgo especializado es según nuestra vocación. Entonces, gracias a todo ese proceso, ahorita “El Ceibo” tiene su propio personal. No tiene personal externo contratado que no sea socio, socia o hijo o hija de socio o socia.

Son comprometidos y “El Ceibo” da becas de estudio: básico, intermedio medio hasta licenciatura de acuerdo a la necesidad y especialistas que se requieren. Con el compromiso de que volverá y estará 5 años trabajando después. Después de los cinco años puede salir el joven, la señorita o el joven para ir a buscar otras fuentes. Esto fue muy exitoso para nosotros.

Yo siempre digo, “El Ceibo” ha sido mi escuela, ha sido todo para mí y siempre pongo el ejemplo del ceibo, donde he empezado como la primera mujer y la única que he llegado a ser Presidente, llevo ya dieciséis años en “El Ceibo”, pero ya hoy no estoy en la administración.

Karin Berlien: Y ¿cómo observas los desafíos de género para la organización y en adelante para la Economía Solidaria?

 Ana: La mayor parte de las mujeres sufren la discriminación. Bueno, la intolerancia de los esposos. Y siempre hay una, discriminación hacia las mujeres, por ejemplo, de los mismos ingenieros, los agrónomos o administradores, es decir me consideraban simplemente como una técnica. Entonces siempre era la guerra en el trabajo. Porque el hombre siempre quiere estar y no te dan opción y yo lanzo una idea y ellos se apropian.

Pero eso me ha dado fuerza también, esta oportunidad en “El Ceibo” como líder y no como técnico, pero yo quería hacer algo que realmente las mujeres podamos transmitir todo lo que sabemos y qué queremos que las mujeres hagan. Por eso también ha sido mi objetivo fundar la Fundación Nayan Uñatatawi Aymara, que significa mi despertar.

Desde mi experiencia, he visto la necesidad de apoyo en todo lo que es la producción primaria, capacitación. ¿Pero cómo hacer la comercialización? ¿Qué tipos de mercado hemos apoyado y queremos cultivar, mejorar? ¿y después qué? Y hemos formado empresas y productos con mujeres y para las mujeres y varones, para el cuidado de la salud, como por ejemplo variedad de “mates” o “té” de albahaca, salvia, para los dolores menstruales, para la próstata. Trabajamos la mayoría mujeres 25 de 27 personas, y en todo trabajan las mujeres, en la molienda, las máquinas, el envasado, todo. Y todo dentro del Movimiento de economía solidaria y Comercio justo.

En Bolivia, desde nuestra organización hay mujeres que asumen cargos políticos, son alcaldesas, o han sido, han sido concejales o mucho mejor que yo, mucho más que yo y me alegra mucho. Entonces hemos formado bastantes mujeres con la experiencia que hemos tenido, que las mujeres podemos y no hay excusa: no hay excusa de guagua, no hay excusa de esposo, no hay excusa de hay que saber convencer. Hay que buscar estrategias, entonces sí hay alguna mujer que ha tenido problemas porque no todo es una maravilla, me alegra mucho que las mujeres nos hagamos escuchar y no estemos organizando, que también estemos las mujeres y que varones nos escuchen y también asuman los desafíos de género. Para alcanzar la igualdad, eso es lo que buscamos que seamos 50/50 en todo.

 Karin:

Muchas gracias, Ana por este significativo testimonio.