Descentrados Chile

¿Juventudes, participación e igualdad?

Ilustración: Gustavo Lulo Arias

Por Cynthia Cano
Mujer activista feminista y psicóloga comunitaria.

¡La participación es un derecho!, aunque en la práctica no es uno que se ejerza con igualdad. ¿Qué podemos reflexionar en relación a las situaciones de desigualdad sobre la participación juvenil?

La plataforma Dato Joven de la Secretaría Nacional de la Juventud de Perú (Senaju), indica que, según la Encuesta Nacional de Hogares de Perú, en el año 2022 se reporta que el 5.8% de la población joven entre los 15 y 29 años participa de algún tipo de organización o asociación (2024).

También, en la plataforma Dato Joven podemos observar que el Registro Nacional de Organizaciones Juveniles (Renoj) de la Senaju, actualizado a octubre del año 2023, tiene 1323 organizaciones registradas que abordan diferentes temáticas, siendo que sus miembros llegan a 17.775 jóvenes en el rango de edad de 15 a 29 años. Sobre los miembros, hay unos datos importantes que mirar, en primer lugar, el 61.7% de este total de miembros se identifican como mujeres, y el 38.27% como varones; mientras que, si se habla de las y los representantes, observamos que el 54.57% son mujeres y el 45,43% son varones (Senaju, 2024).

Además, en experiencias propias de facilitación con cooperativas agrarias, he podido observar un patrón similar, ya que las lógicas de poder verticales se expresan en el liderazgo y mayores oportunidades para varones y adultos, dejando en un lugar relegado a las juventudes y, en un escalón más abajo, a las mujeres. A pesar de que en proceso de diálogo y reflexión se puede identificar las desventajas de ejercer una masculinidad hegemónica en su contexto, no es suficiente para renunciar a los privilegios que la sociedad patriarcal les brinda y refuerza; así como para dar mayor valor y lugar al aporte de las mujeres desde otros roles en la actividad agraria.

Estos y otros datos, así como testimonios de las y los jóvenes organizados, pueden hacernos reflexionar sobre el ejercicio al derecho a la participación, ¿hay igualdad en participación si comparamos entre personas adultas y jóvenes?, ¿hay igualdad si en las oportunidades entre varones y mujeres?, ¿hay igualdad en las oportunidades de participación en poblaciones en situación de vulnerabilidad?

Cabe mencionar, que desde los espacios de participación ciudadana, finalmente buscamos contribuir a una transformación social y a un camino hacia la igualdad; por lo que el aporte de estos espacios tiene un gran valor, especialmente de las organizaciones juveniles, ya que interpelan constantemente aquellas situaciones de opresión y desigualdad en la comunidad, colegio, ciudad, país y a nivel global; colocando y accionando propuestas desde un lugar y poder que en muchas ocasiones, no es reconocido e incluso, afirmo, hasta es limitado.

En la línea de lo anterior, sobre la participación de las juventudes, podemos observar que operan lógicas adultocéntricas, masculinas hegemónicas y machistas. Por poner un ejemplo, muchas veces la agencia de las y los jóvenes no es reconocida a raíz de su “inexperiencia”, desvalorizando su conocimiento, experiencias y emocionalidad. Desde esa base, se limita la participación de las juventudes en la toma de decisiones. También, considerando la escalera de participación de Hart (1993), muchas veces se coloca a las juventudes como “decoración”, en procesos de “diálogo” intergeneracional, o, a lo mucho, dándoles la opción de “consulta” en la construcción e implementación de políticas enfocadas en juventudes.

Por otro lado, a su vez, de manera interna en las organizaciones juveniles también existe una realidad compleja, acompañada por la necesidad de fortalecer las dinámicas que promuevan la igualdad en la participación de varones, mujeres y poblaciones en situación de vulnerabilidad, especialmente en lugares de representación y en la toma de decisiones.

En otras palabras, la participación ciudadana en nuestra sociedad, como se mencionó, deja en escalones más abajo a lo no hegemónico de manera externa e interna. Por lo que, también es necesario continuar reflexionando sobre ello, junto con construir caminos y oportunidades para fortalecer la participación juvenil, lo que implica cuestionar y desarticular las situaciones de desigualdad que existen para ejercer este derecho; así como considerar las problemáticas y soluciones desde y con las juventudes.

Podemos partir del autocuestionamiento, pero también de una crítica colectiva, interseccional e intergeneracional, desde los lugares en el que nos involucramos, ya sea como sociedad civil, entidades públicas o de manera independiente.