Por Francis Valverde Mosquera
Directora de ACHNU
“No era un monstruo, es el amigo más
dulce que he tenido. Estaba herido.
Merecía ayuda mientras nadie se
preocupaba por él”.
un compañero de colegio
en el diario El Nortero1.
La muerte de la inspectora María Victoria Reyes, en el Liceo de Calama, a manos de una estudiante, merece más que un pórtico detector de metales. Merece un cambio profundo sobre cómo se están enfrentando las situaciones de violencia a nivel escolar, que tal como lo plantea la Neuropsiquiatra Infanto juvenil, Amanda Céspedes2, la violencia escolar es la expresión dentro de la escuela de la Violencia Social, que experimentan día a día los y las estudiantes en su entorno cotidiano.
Nada justifica una muerte como esta. Por ello debemos preguntarnos por qué suceden estas situaciones de violencia tan extrema; y ello requiere un análisis que obligue a mirar críticamente lo que se ha realizado hasta ahora para enfrentar las alertas que se vienen dando desde hace años, y que se recrudecieron pos Pandemia 2022, con múltiples diagnósticos de salud mental, aumento de agresiones en los espacios escolares, y algunos que nos decían claramente que los y las adolescentes se sentían solos, sin proyecto, sin interacciones humanas que les entregara sentido de pertenencia y valía, muchos con ideación suicida3.
Si agregamos a esto la falta de recursos humanos y presupuestarios necesarios para enfrentar la magnitud de estas situaciones y la permanente restricción de recursos impuesta por la Dipres o el Ministerio de Hacienda a las políticas públicas, entonces claramente, no hay posibilidad de tener respuestas integrales a la complejidad de la vida de niñas, niños y adolescentes y, solo se mantienen respuestas reactivas que no dan soluciones en el tiempo. Sí, porque situaciones de la gravedad y complejidad como las vividas en Calama, no se resuelven con una medida paliativa y coercitiva como los pórticos detectores de metales.
Al preguntarnos el ¿Por qué los y las jóvenes, pero también las niñas y niños más pequeños reaccionan violentamente?, es necesario mirar cómo se están desarrollando las interacciones sociales de todos y todas en nuestra sociedad. Kathya Araujo, le llama el Circuito del desapego4. Ella plantea cuatro estadios o fases de este proceso, el desborde, el desencanto, la irritación y el desapego. Este último como la culminación de un proceso de desconfianza social en las instituciones y autoridades, donde el “me rasco con mis propias uñas”, se constituye en el lema de sobrevivencia. Sí, sobrevivencia en un entorno hostil, donde el no logro de las metas personales exigidas por el sistema y, el no cumplimiento de las promesas electorales hace del desencanto y la irritación las emociones que embargan la vida, esto cruzado con el total convencimiento de todos y todas de que tenemos igual dignidad y derechos, pero que no se respetan, sino que siguen funcionando las jerarquías de clase y de poder para lograr trabajo y/o bienes. Parece que la promesa de democratización está lejos de alcanzarse.
La autora analiza a partir de estudios empíricos realizados con adultos hombres y mujeres, pero estos adultos seguramente tienen hijos e hijas, ¿Cómo afecta la vida de niños, niñas y adolescentes el convivir con adultos desencantados e irritados? ¿Cómo les afecta los entornos donde no son respetados, reconocidos ni apoyados? Quizás debiésemos plantearnos estas preguntas para llegar a la raíz de la violencia social que se expresa en la escuela. Los pórticos no lo resolverán.
No hay pórticos que detecten la tristeza y la soledad5. ¡¿Debiéramos construirlos?
- Citado en G5 Noticias | Columna: No es un monstruo, del 4 de abril 2026. ↩︎
- https://www.instagram.com/p/DWyocnDjN1Y/?igsh=a3o5a2JiMGRzMTF2 ↩︎
- Informe INJUV-SENDA 2025 Encuesta Juventud y Bienestar. https://www.senda.gob.cl/programa-prevencion/encuesta-juventud-y-bienestar/ ↩︎
- Kathya Araujo (2025). El circuito del desapego. Neoliberalismo, democratización y lazo social. Editorial Pólvora. ↩︎
- Parte de la frase tomada de Iván Silva, Dr. Pediatra en Calama. ↩︎

