Descentrados Chile

Pobrecitos gringos… tan lejos de Dios y tan cerca de Estados Unidos. 

Fotografía: Pinterest

Por Andrés Monares

Antropólogo y profesor en ETHICS de la Escuela de Ingeniería y Ciencias de la U. de Chile.

 

La periodista independiente Laura Jedeed, crítica del “ICE, la administración Trump” y del “proyecto general de derecha del país”, explicó en un artículo que el Servicio de Inmigración y Control de Aduanas (ICE, por sus siglas en inglés) la contrató sin verificar sus antecedentes. O sea, para la Casa Blanca cualquiera es apto para salir a cazar latinos y a otros residentes no blancos armados hasta los dientes, con el rostro cubierto, cometiendo violencia innecesaria y violando Derechos Humanos.

Pero, hay una afirmación de Jedeed que pasa inadvertida hasta para ella misma: “me alisté en el Ejército nada más terminar el instituto y fui desplegada en Afganistán dos veces con la 82ª División Aerotransportada. Tras mi baja, pasé varios años trabajando como analista civil”. Palabras que, de igual modo, cualquier estadounidense pasa por alto no por incapacidad, sino porque es culturalmenteestadounidense… tanto como Jedeed y los propios agentes del ICE1.

¿A qué viene todo esto? Por supuesto es muy grave que el reclutamiento de agentes sea, como acusa Jedeed, “tan descuidado que la administración prácticamente no tiene ni idea de quién se une a sus filas” y que luego en las calles aquellos ejerzan violencia ilegal y violen Derechos Humanos. Sin embargo, todo indica que esas acciones son perversas para la periodista solo porque son internas. No ve ninguna relación o paralelo entre aquellas y su servicio en el ejército imperial de Washington, el cual históricamente se conduce así en el exterior. Para Jedeed y no pocos de sus compatriotas, los del ICE son malvados porque lo hacen dentro del país.

Establecido ese punto, vamos ahora con un olvido de la opinión pública occidental. A pesar de que hoy está profundamente consternada por lo mal que lo están pasando los estadounidenses, las acciones violentas contra grupos específicos no es nueva en la Unión. Por ejemplo, se tienen las agresiones militares y anexiones de los territorios de las naciones nativas, en la práctica invasiones y ocupaciones por medio de lo que llegaría a conocerse en el siglo XX como genocidio y limpieza étnica2. Asimismo, considérese el tráfico, venta y esclavización de africanos negros y de sus descendientes y, si bien luego de la Guerra de Secesión (1861-65) será abolida la esclavitud, se mantuvo transversalmente la discriminación, segregación y el racismo3.

A ese primer olvido se suma otro para nada menor: el dilatado prontuario imperialista de Washington en el que se constatan agresiones abiertas y encubiertas, invasiones, ocupaciones, presiones políticas y económicas, instalación y apoyo a dictaduras, etc. Todas esa violencia ilegal y violaciones de Derechos Humanos han sido apoyadas por la mayoría de su ciudadanía “a través del pago de impuestos para financiarlas, de una opinión pública favorable, como soldados, con votos o, lo que tampoco es menor, con su abulia y silencio”.

Ni de lejos quiero decir que los estadounidenses se merecen lo que están sufriendo; solo resulta curiosa su rebeldía selectiva. Tan curiosa como la compasión recibida por ellos de pueblos víctimas de violencia ilegal y violaciones de Derechos Humanos mucho peores por voluntad del actual y de otros presidentes de la Unión4

Trump no es tan distinto de sus antecesores en la Casa Blanca, su diferencia es de grado o de formas y no de naturaleza. Sus acciones de política exterior lo dejan claro. Tal vez la más cruel ha sido su irrestricto apoyo a Israel mientras lleva a cabo un genocidio en vivo en Gaza5 y su perverso proyecto de construir un resort sobre los cuerpos de miles de palestinos asesinados. Más, no debe olvidarse que dicho apoyo sigue exactamente la misma línea de su predecesor demócrata Joe Biden y del Partido Demócrata incluso antes de la administración de este último.

Parte de esa política exterior de Washington, luego de la Segunda Guerra Mundial, fue convencernos de que encabezaba y sostenía un “orden internacional basado en normas”. Ordenamiento que, como afirmó recientemente en el Foro de Davos Mark Carney, primer ministro de Canadá era “una ficción agradable” y “útil” que ha llegado a su fin con la violencia de Trump. Esta evidenció el baile de máscaras geopolítico euro norteamericano.

Por una parte, el actuar de Trump permite ver lo irónica que es la compasión externa por el pueblo estadounidense. Uno que por siglos ha estado convencido de ser excepcional y por ende obligado a cumplir, mediante la violencia ilegal y violaciones de derechos humanos, su providencial “destino manifiesto”6.

Por otra parte, ya a nivel nacional, la segunda ironía es el orgullo que han tenido nuestros políticos por el irrestricto respeto de Chile a ese “orden internacional basado en normas”. Esta “ficción” que, como afirma Carney, se sostenía en “la hegemonía estadounidense” y “contribuía a garantizar beneficios” para Washington y las potencias de su club. He ahí lo patético de ufanarse por ser el alumno más bien portado de la clase.

Finalmente, los compasivos y los orgullosos deberían reflexionar sobre su compasión y su orgullo. De igual modo, esperemos que el pueblo estadounidense se rebele la próxima vez que alguno de sus gobiernos ejerza violencia ilegal contra otros pueblos y viole sus Derechos Humanos.

Quedamos atentos.

  1. Las citas y datos en los cuales no se señale la referencia corresponden al libro Imperios liberales. Estados Unidos y Francia, texto de acceso abierto disponible en línea. ↩︎
  2. Proceso iniciado ya en la época colonial y que en el período republicano tiene cuatro fases: la administración de Andrew Jackson (década de 1830), la ocupación de California (1840-1850), las “Guerras indias” de las praderas (1865-1890) y la relocalización final de los indígenas (década de 1950). ↩︎
  3. La mitología estadounidense gusta de fundamentar su Guerra Civil en la altruista meta de liberar a los esclavos. No obstante, el propio Congreso, en 1861, señala que el conflicto contra el Sur “no se hace… por ninguna causa… que tenga que ver con la abolición”, sino “para preservar la Unión”. Luego, en 1880, lo refrendará el filósofo e historiador John Fiske: la “emancipación del negro” fue un “resultado incidental de la lucha” que buscaba mantener unida a la nación. ↩︎
  4. No se discute si esa solidaridad es fruto de la amnesia o de una admirable superioridad moral y menos se trata de rechazarla: el punto aquí es Estados Unidos. ↩︎
  5. Los propios soldados israelíes, con sádica profusión y entusiasmo, han difundido sus crímenes a través de sus cuentas personales de redes sociales. ↩︎
  6. No hay espacio aquí para explayarse sobre las diferentes estrategias que ambos partidos hegemónicos platean para su beligerante política exterior desde mediados de los sesenta. Acá se opina que tales ideas dan lo mismo para sus víctimas. ↩︎