Descentrados Chile

Aproximación al encuentro entre Feminismo y Bioética

Ilustración: Gustavo Lulo Arias

Por

Carolina Muñoz Vergara

Docente Facultad de Medicina y Ciencias de la Salud, Departamento Formación Transversal, Universidad Central.

Carolina Valdebenito
Docente Investigadora, Facultad de Medicina y Ciencias de la Salud, Instituto Investigación y Postgrado Universidad Central.

Esta columna es una reflexión a los orígenes del feminismo y la bioética, así como las intersecciones entre ambos, destacando cómo estas corrientes han influido mutuamente y han contribuido al desarrollo de un enfoque más inclusivo y ético en la toma de decisiones en el ámbito de la salud y bienestar del ser humano.

El feminismo y la bioética son campos académicos que han emergido con fuerza y que sin duda responden a intereses en común, como por ejemplo el abuso del ser humano, la justicia y los derechos humanos, la violencia, tanto en el contexto sociopolítico como de la salud y la medicina.

La bioética, como campo interdisciplinario, surge como respuesta a los dilemas éticos planteados por los avances en la ciencia y la tecnología, especialmente en el ámbito de la atención médica y la investigación biomédica en el mundo de las grandes guerras donde los derechos humanos, así como el respeto por la vida y dignidad humana fueron atropellados a través de la experimentación con seres humanos, genocidios, entre otros.

Es así como en Occidente, la bioética ha evolucionado desde sus primeras formulaciones en la segunda mitad del siglo XX, influida por una variedad de tradiciones éticas y filosóficas desde las más conservadoras hasta las más individualistas y progresistas.

¿Qué es la Bioética?

La Teoría de los Principios (Principialismo o “Mantra de Georgetown”) se expuso por vez primera en 1979 en el libro “Principios de ética biomédica” de Tom Beauchamp y James Childress. Su antecedente fue el Informe Belmont de 1978 producido por la Comisión Nacional para la Protección de Sujetos Humanos en la Investigación Biomédica y de la Conducta, creada por el Congreso de los Estados Unidos en 1974.

En “Principios de ética biomédica” Beuchamp y Childress presentan 4 principios: autonomía – no maleficencia – beneficencia – justicia. Estos principios son universales y no presentan excepciones (se deben cumplir a menos que entre en conflicto con una obligación de la misma magnitud). (Beauchamp, T. L., & Childress, J. F. 001 pág. 12)

En términos simples se puede indicar que la autonomía expresa la capacidad para darse normas o reglas a uno mismo sin influencia de presiones. Este principio tiene un carácter imperativo y debe respetarse como norma, excepto cuando se dan situaciones en que las personas puedan no ser autónomas o presenten una autonomía disminuida (personas en estado vegetativo o con daño cerebral, etc.), en cuyo caso será necesario justificar por qué no existe autonomía o por qué esta se encuentra disminuida.  En el ámbito médico, el consentimiento informado es la máxima expresión de este principio de autonomía, constituyendo un derecho del paciente y un deber del médico, pues las preferencias y los valores del enfermo son primordiales desde el punto de vista ético y suponen que el objetivo del médico es respetar esta autonomía porque se trata de la salud del paciente. (Beauchamp, T. L., & Childress, J. F. 2001 pág. 77) El principio de no maleficencia aparece por primera vez en el Informe Belmont (1978). Y se refiere a abstenerse intencionadamente de realizar actos que puedan causar daño a otros.  Es un imperativo ético válido para todos, no sólo en el ámbito biomédico, sino en todos los sectores de la vida humana.  Por su parte la justicia trata a cada uno como corresponda, con la finalidad de disminuir las situaciones de desigualdad (ideológica, social, cultural, económica, etc.).  El principio de justicia puede comprenderse de dos maneras, en tanto principio formal (tratar igual a los iguales y desigual a los desiguales) y en tanto principio material (determinar las características relevantes para la distribución de los recursos sanitarios: necesidades personales, mérito, capacidad económica, esfuerzo personal, etc.) (Beauchamp, T. L., & Childress, J. F. 2001 pág. 272)

Sin embargo, cabe mencionar que la bioética se ha centrado en la aplicación de principios éticos universales, como la autonomía, la beneficencia, la no maleficencia y la justicia, a situaciones concretas en el ámbito de la salud y la medicina, tales principios veremos que serán aplicados a diferentes ámbitos de la ciencia e incluso no solo de las ciencias biomédicas sino también en el área de las ciencias sociales y humanas.

En este esfuerzo por comprender las sociedades y sus sistemas y subsistemas sociales y culturales desde sus complejidades, es que cobra sentido la intersección entre la emergencia del Feminismo y la lucha de género, especialmente cuando es posible patentar las agresiones, anulaciones, injusticias que las mujeres han sufrido históricamente.

Feminismo y violencia de género

En los libros de historia en las sociedades prehistóricas se ha vinculado el rol de la mujer al cuidado de los niños, mientras el hombre salía a la caza, sin embargo, ello no significa que la mujer no pudiese cazar o enfrentar situaciones de peligro y riesgo, esto fue simplemente una práctica estratégica para la conservación de la especie en sus orígenes. Ciertamente esta estrategia de sobrevivencia no pretendía invalidar a la mujer si no, proteger a la descendencia del clan y así asegurar su sobrevivencia.

Sin embargo, se produce así la disociación entre (hombre)cultura y (mujer)naturaleza. Si la mujer se asocia a la naturaleza, entonces ésta debe ser dominada y controlada por la cultura.

Conocido es que la posición de protectora y cuidadora se ha perpetuado y lejos de ser una relación de empoderamiento ha sido una posición de encierro, de exclusión de discriminación y de aislamiento. La cual, por otra parte, en no menos casos ha sido exacerbada por sus propias congéneres.

Aunque es difícil señalar un punto exacto de inicio de los feminismos, ya que son muchos y depende del tipo de opresión y contexto histórico, político y social que se consideren, desde una mirada eurocéntrica podemos identificar varias etapas u olas, por ejemplo durante la primera ola del feminismo en la Ilustración, surgieron ideas sobre la libertad, igualdad y fraternidad, sin embargo lo anterior estaba pensado para hombres, apareciendo mujeres que interpelan éstos pensamientos como Olympe de Gauss, quien reescribió los derechos del hombre y el ciudadano, cambiando a los derechos de la mujer y la ciudadana, por su acción, tuvo una represión social, siendo guillotinada en 1793. En el siglo XIX una de las opresiones es que se consideraba a la mujer como un menor de edad, sin derecho a voto, sin derecho a adquisición de bienes y pasando del cuidado y tutela del padre de familia al de su esposo si es que se casaba, durante este tiempo el movimiento sufragista, que buscaba el derecho al voto para las mujeres, se convirtió en una fuerza importante en países como Estados Unidos, Reino Unido y otros lugares. La segunda se puede situar entre las décadas de 1960 y 1970, esta ola se enfocó en cuestiones como la igualdad salarial, el acceso a la educación y la autonomía reproductiva. La tercera ola, a partir de la década de 1990, amplió el enfoque para abordar la interseccionalidad de la opresión y las experiencias de mujeres de diferentes etnias, orientaciones sexuales y clases sociales.

Actualmente el feminismo contemporáneo continúa evolucionando y adaptándose a los desafíos y cambios sociales actuales, entre ellos la Inteligencia Artificial, el uso de nuevas tecnologías, la bioseguridad. Se ha centrado en temas como la violencia de género, el acoso sexual, la representación de las mujeres en los medios de comunicación y la igualdad en el lugar de trabajo.

En este contexto, el feminismo emerge como un movimiento crítico que cuestiona las estructuras de poder y las normas sociales que perpetúan la opresión y la discriminación basadas en el género. El feminismo ha puesto de relieve cómo las desigualdades de género afectan la salud y el bienestar de las mujeres tanto física psicológica y espiritualmente, así como las formas en que las decisiones éticas en el ámbito de la salud pueden estar influenciadas por el patriarcado y otras formas de opresión.

La intersección entre la bioética y el feminismo en occidente se ha convertido en un campo fértil de investigación y debate, donde se exploran las formas en que las perspectivas feministas pueden enriquecer y transformar la teoría y la práctica de la bioética. Al considerar las experiencias y las voces de las mujeres, así como las dimensiones de género, poder y justicia, se abre la posibilidad de desarrollar un enfoque más inclusivo y sensible al contexto en la toma de decisiones éticas en salud.

Intersecciones entre el Feminismo y la Bioética

Las intersecciones entre el feminismo y la bioética son múltiples y complejas y no solo se limitan al ámbito de la salud. Por un lado, el feminismo ha contribuido a ampliar el alcance de la bioética, al destacar la importancia de considerar las dimensiones de género, poder y justicia en la formulación de políticas públicas en diferentes ámbitos de las sociedades.

Específicamente en términos relacionados con la salud y el bienestar, es posible destacar que el feminismo ha puesto de relieve las desigualdades de género en el acceso a la atención médica, la investigación biomédica y la toma de decisiones en salud, reproducción y cuidados paliativos, principalmente.

Por otro lado, la bioética ha enriquecido el feminismo al proporcionar un marco ético para abordar cuestiones relacionadas con la salud reproductiva, la genética, la violencia de género y otros temas de interés. La bioética feminista, en particular, se ha centrado en ampliar la agenda feminista para incluir preocupaciones éticas relacionadas con la salud física, psicológica y espiritual, así como en promover la participación activa de las mujeres en la toma de decisiones sobre cuestiones de salud que les afectan directamente, por ejemplo, en el rol de cuidadora de primera línea, sobre todo en los países en desarrollo o menos desarrollados.

El rol de cuidadora, ciertamente es un rol necesario e importante en la sociedad, y lo ha sido desde los orígenes de la humanidad, sin embargo no ha sido valorado si no que ha sido postergado y castigado  a través de la historia, incluso haciendo dudar a las mujeres sobre su derecho a vivir, o haciéndolas dudar sobre sus elecciones de vida, esto es, tener hijos o tener una carrera profesional, pues ambas tareas ciertamente no siempre son compatibles y de poder serlo requieren de la colaboración de terceros, las cuales también son mujeres. Entonces, cómo romper ese círculo malicioso, es entonces cuando los principios de autonomía, justicia, no maleficencia y beneficencia tienen algo que decir para promover la incorporación de los diferentes géneros a las tareas y quehaceres, al cuidado, sostén y refugio de la sociedad.

Referencias:

Beauchamp, T. L., & Childress, J. F. (2001). Principles of Biomedical Ethics . Oxford University Press

Gilligan, C. (1982).  In a Different Voice: Psychological Theory and Women’s Development. Harvard University Press.

Paredes Carvajal, J. E. (2018). Entronque patriarcal: la situación de las mujeres de los pueblos originarios de Abya Yala después de la invasión colonial de 1492 (Master’s thesis, Buenos Aires: FLACSO. Sede Académica Argentina.).

Sherwin, S. (1992). No Longer Patient: Feminist Ethics and Health Care. Temple University Press.

Warren, M. A. (1987). Gendercide: The Implications of Sex Selection.  Rowman & Littlefield Publishers.

Tong, R. (2009). Feminist Approaches to Bioethics: Theoretical Reflections and Practical Applications. Westview Press.

Waring, M. (1997). Counting for Nothing: What Men Value and What Women are Worth. University of Toronto Press.

Valdebenito, C., Lama, A., & Lolas, F. (2006). Relación mujer y biotecnología: aproximación al impacto de la bioética. Acta Bioethica, 12(2), 145-150