Descentrados Chile

Consumo de pornografía en hombres jóvenes en Chile: Un desafío de Salud Pública

Ilustración: Gustavo Lulo Arias

Por Margarita Bernales
Psicóloga Clínica UC.
Magister en Psicología de la Salud UC.
PhD Community Health, The university of Auckland, Nueva Zelanda.
Profesora Asociada, Escuela de Enfermería UC
Mail: mmbernal@uc.cl

El acceso a internet por parte de los jóvenes se ha convertido en un importante reto sanitario. La identidad y la socialización se ven afectadas por el uso masivo de redes sociales. Además, Chile ha visto un aumento significativo en la incidencia del VIH, y los hombres jóvenes presentan las tasas más altas de infección. En el marco del proyecto Fondecyt Nº 11190286, titulado Masculinidades jóvenes y salud en el contexto actual del aumento de VIH en Chile, uno de los objetivos fue explorar las creencias de los hombres jóvenes con respecto a sus comportamientos de salud sexual.

En el contexto de ese proyecto entrevisté a diversos jóvenes entre 15 y 29 años para entender cómo se relacionan con su salud física y mental, y comprender también sus visiones respecto al VIH. Algunas de las preguntas se enfocaron en cómo experimentaban los hombres jóvenes su sexualidad, dónde podían encontrar información cuando tenían dudas, dónde podían pedir ayuda si tenían algún problema de salud relacionado a la vivencia de su sexualidad, entre otras. La mayoría de los participantes me comentaron que no habían recibido ningún tipo de información respecto a su sexualidad, que toda la información que tenían provenía de internet, y que gran parte de esa información venía del porno. Todos los participantes reportaron un consumo permanente de pornografía como fuente de información sobre sexualidad.

¿A qué edad empieza el consumo de pornografía en los niños/adolescentes? ¿Qué tipo de porno están viendo los niños/adolescentes? ¿Quién habla con ellos acerca de lo que les pasa con el porno? ¿Dónde pueden conversar acerca de las dudas que pueden surgir respecto a su sexualidad? De acuerdo a la literatura internacional, el consumo de porno comienza entre los 10 y 12 años [1], momento del ciclo vital que coincide con los cambios físicos, psicológicos, emocionales y sociales propios de la adolescencia.

¿Qué desafíos presenta la exposición temprana al porno? Uno de los problemas más evidentes corresponde a la normalización de la violencia como parte de la experiencia de la sexualidad. Las imágenes que reciben los niños y jóvenes habitualmente involucran escenas de sexo en que alguno de los involucrados es violentado por otro, habitualmente la mujer en la pornografía heterosexual, y por ende se naturalizan relaciones en las que está presente la dominación, la agresión, la humillación e incluso el sometimiento en las relaciones sexuales, lo que produce representaciones de la sexualidad basadas en la violencia y estereotipos de género que afectan negativamente tanto a hombres como a mujeres. Esto tiene un impacto directo en las relaciones interpersonales de los jóvenes, quienes al iniciar sus primeras relaciones de pareja muchas veces tienen expectativas erradas respecto a los roles que asumirán en la vivencia de la sexualidad.

Es muy difícil para los niños y jóvenes restarse del consumo de pornografía, ya que es una práctica habitual que otorga pertenencia al grupo de pares entre hombres. Comparten links de videos, se reúnen en torno al celular, y quien no se hace parte de la práctica queda fuera de la complicidad grupal que se genera entre ellos. La pornografía impacta en sus actitudes hacia la sexualidad, el hecho de ser compartida entre pares impacta en las normas subjetivas, y se fomenta una percepción de control masculino en las relaciones sexuales, no dando espacio a la percepción de riesgo en torno a las propias conductas sexuales.

¿Qué estamos haciendo como sociedad frente a esta práctica? ¿Qué están haciendo las familias de estos niños frente al inicio temprano de consumo de porno? ¿Qué están haciendo las escuelas para contrarrestar el impacto de esta práctica? Nada, no estamos haciendo nada. No hablamos de sexualidad con los adolescentes, los colegios habitualmente no entregan información -ya sea porque no cuentan con los lineamientos de cómo hacerlo o porque encuentran resistencias en la comunidad educativa-, las familias usualmente no saben cómo abordar estas temáticas con sus hijos, y desde el sector salud hay una desconexión con los hombres jóvenes quienes dejan de asistir a los servicios de salud cuando sus padres y cuidadores dejan de llevarlos a control de niño sano.

Hoy debemos enfrentarnos al hecho de que el acceso a la pornografía se ha generalizado en la población masculina. Tenemos todos el desafío de informarnos y visibilizar esta temática en nuestro entorno. Sugiero revisar el programa Generación Porno que se está desarrollando actualmente en España: Generación Porno: diálogo con adolescentes, padres, profesionales del porno y expertos en educación sexual | EITB.

En base a los argumentos presentados, podría analizarse la relación entre la ESI [Educación Sexual Integral], como política pública que busca dar una respuesta “integral” al complejo tema de la sexualidad, y las necesidades específicas de hombres jóvenes, considerando que sus contextos particulares se ven cruzados por el consumo de pornografía y, sobre eso, cómo esta experiencia afecta sus comportamientos de salud frente al aumento de conductas sexuales de riesgo y las tasas de VIH. Considerando, asimismo, la necesidad de un enfoque anti-punitivista, de acompañamiento, emocionalidad, inclusión y apertura, considerando políticas públicas que sean pertinentes y dialogantes con todas las comunidades.

[1] Raine, G., Khouja, C., Scott, R., Wright, K., & Sowden, A. J. (2020). Pornography use and sexting amongst children and young people: A systematic overview of reviews. Systematic reviews9, 1-12.