Descentrados Chile

Diseñar con protagonismo, implementar con calidad. Programas de salud mental para niños, niñas y jóvenes.

Fotografía: Celeste, 7 años

Por Dr. Rodrigo Rojas-Andrade
Universidad de Santiago de Chile.  

 La salud mental de los niños, niñas y jóvenes es un tema de gran preocupación para las políticas públicas nacionales e internacionales (Claro & Mizala, 2020).  La alta prevalencia de sintomatología depresiva y ansiosa, así como la intensidad en la soledad experimentada durante los últimos años (Larraguibel et al., 2021; Rojas-Andrade et al., 2021), han impulsado una agenda de intervención que no solo busca ampliar el acceso a la atención especializada, sino que sobre todo instalar estrategias de promoción y prevención en escuelas y comunidades (Organización Mundial de la Salud, 2021).

En el contexto chileno, esto ha implicado una ampliación de la cobertura del programa Habilidades para la Vida de Junaeb, un reforzamiento de las estrategias de prevención del suicidio, un impulso a los canales digitales de atención psicológica, un aumento de la difusión de actividades de aprendizaje socioemocional y una emergencia explosiva de iniciativas de educación emocional de la sociedad civil y las empresas privadas.

La preocupación ha sido alta y las respuestas no han tardado en llegar.  Sin embargo, del problema a su resolución efectiva hay brechas que son importantes de cerrar, pues como muestra la literatura en ciencia de implementación, implementar bien un mal programa no solo es incorrecto éticamente, sino que representa una inversión tan mala como implementar mal un buen programa (Durlak, 2015).  Eso nos lleva a poner atención en dos dimensiones claves: el diseño y la implementación.

Respecto al diseño, es fundamental que los programas se basen en una teoría del cambio clara y robusta, que no solo considere la mejor evidencia científica disponible sino también la perspectiva de quienes serán sus usuarios; esto implica considerar a niños, niñas y jóvenes como co-diseñadores protagónicos (Prosser et al., 2020). Frecuentemente, los programas se desarrollan desde una perspectiva adultocéntrica, asumiendo una realidad normativa que omite la visión propia del mundo infantil y juvenil. Un enfoque integral y participativo es fundamental para garantizar que las intervenciones sean no solo pertinentes y efectivas, sino también respetuosas de las necesidades y contextos de su población objetivo (Lay-Lisboa & Serrano, 2018). Son raros los programas de salud mental que abordan las experiencias cotidianas de los estudiantes en condiciones de vulnerabilidad o las iniciativas socioemocionales que intentan rescatar la manera única y específica de experimentar emociones de los niños en culturas latinoamericanas; más bien los tienden a estandarizar en modelos clásicos y foráneos. Para solucionar esto, las teorías, intervenciones y materiales deben diseñarse con los niños y jóvenes, pero al mismo tiempo probarse, con tal de conocer sus efectos.

Respecto a la implementación, cuando se diseña un programa robusto y situado, este solo podrá producir los resultados esperados si se aplica de manera correcta y completa (Rojas-Andrade & Leiva, 2018). Para esto se requiere capacitar a los equipos de intervención, apoyarlos durante la ejecución de las acciones y fortalecer un contexto posibilitador. Muchos buenos programas fracasan porque los profesionales no tienen los conocimientos, motivaciones y oportunidades para aplicar los programas como fueron diseñados (Fixsen et al., 2019). Por ejemplo, en las escuelas es habitual que no existan los espacios físicos, los recursos didácticos o los tiempos suficientes para llevar a cabo una puesta en marcha exitosa. En este sentido, gran parte de las intervenciones se sostienen gracias al vinculo establecido con quienes lo desarrollan. Sin embargo, por más que sea cierto que una buena parte del cambio se explica por tal vínculo, no logra ser suficiente cuando se espera que los profesionales del área psicosocial puedan hacer algo más que lo que puede hacer un adulto bienintencionado con una sensibilidad empática mayor que el promedio.

Al analizar los programas de salud mental escolar desde las perspectivas del diseño y la implementación, emergen patrones que los caracterizan como predominantemente inespecíficos en su concepción teórica y operativamente restringidos en su ejecución. Esta situación refleja un marco ambiguo, donde los profesionales se ven constreñidos por objetivos enfocados más en la cobertura que en la calidad, y expuestos a una supervisión burocrática y un acompañamiento deficiente, que más que apoyarlos en la ejecución, los enjuicia y los devalúa (Calquin et al., 2021).

La respuesta de Chile a las necesidades de salud mental de niños, niñas y jóvenes revela tanto avances significativos como desafíos persistentes. Mientras que las iniciativas han sido diversas y han intentado abordar la creciente prevalencia de problemas de salud mental, surgen interrogantes cruciales que merecen una reflexión profunda y continua. ¿Hasta qué punto los programas actuales reflejan verdaderamente las necesidades y experiencias infantiles y juveniles, especialmente en un país tan diverso y complejo como Chile? ¿Cómo podemos asegurar que el diseño y la implementación de estos programas sean no solo inclusivos y participativos, sino también culturalmente sensibles y efectivos en su aplicación? ¿Estamos realmente cerrando las brechas entre la teoría y la práctica, y entre el acceso y la calidad en la atención de la salud mental? ¿Cómo podemos equilibrar la adaptación cultural y regional con la coherencia y fidelidad de los programas de salud mental? ¿cómo podemos mejorar la infraestructura y la capacitación de los profesionales para garantizar una implementación eficaz y empática que realmente transforme la experiencia de salud mental?

Estas reflexiones nos llevan a reconocer la necesidad de una evaluación y un análisis continuos, enfatizando un compromiso con la mejora y adaptabilidad constantes. Responder a estas preguntas no es solo un desafío, sino una obligación para quienes buscan desarrollar estrategias de salud mental que sean efectivas ahora y sostenibles en el futuro. La salud mental no es un tema estático; es un campo dinámico que requiere una atención y una innovación constantes. El futuro de nuestras intervenciones dependerá de nuestra capacidad para hacer estas preguntas difíciles y buscar respuestas que sean tan diversas y complejas como la realidad de nuestros niños, niñas y jóvenes.

Referencias

 Calquín, C., Guerra-Arrau, R., & Araya Fernández, N. (2021). Exposed lives, suffering and moral injury: The case of workers in the psychosocial area in times of the COVID-19 pandemic. Psicoperspectivas, 20(3), 163-176. Epub 15 de noviembre de 2021. https://dx.doi.org/10.5027/psicoperspectivas-vol20-issue3-fulltext-2450

Claro, M., & Mizala, A. (2020). Propuestas de educación. Trabajo interuniversitario. Mesa Social COVID-19.

Durlak, J. A. (2015). Studying Program Implementation Is Not Easy but It Is Essential. Prevention Science, 16(8), 1123–1127. https://doi.org/10.1007/s11121-015-0606-3

Fixsen, D., Blase, K., & Van Dyke, M. (2019). Implementation. Practice & Science. Active Implementation Research Network.

Larraguibel, M., Rojas-Andrade, R., Halpern, M., María, & Montt, E. (2021). Impacto de la Pandemia por COVID-19 en la Salud Mental de Preescolares y Escolares en Chile. Revista Chilena de Psiquiatría y Neurología de la Infancia y Adolescencia, 32(1), 12–21.

Lay-Lisboa, S., & Serrano, M. M. (2018). De la participación adultocéntrica a la disidente: La otra participación infantil. Psicoperspectivas Individuo y Sociedad, 17(2). https://doi.org/10.5027/psicoperspectivas

Organización Mundial de la Salud. (2021). Diectrices sobre las intervenciones de promoción y prevención en materia de salud mental destinadas a adolescentes: estrategias para ayudar a los adolescentes a prosperar: resumen ejecutivo. https://iris.who.int/handle/10665/341147

Prosser Bravo, G., Romo-Medina, I., & Rojas-Andrade, R. (2020). Niveles de participación de niños, niñas y adolescentes en investigaciones de educación ambiental en Hispanoamérica (1999-2019). Pensamiento educativo, 57(2). https://dx.doi.org/10.7764/pel.57.2.2020.8

Rojas-Andrade, R., & Leiva, L. (2018). Is Implementation Fidelity Important? A Systematic Review on School-Based Mental Health Programs. Contemporary School Psychology. https://doi.org/10.1007/s40688-018-0175-0

Rojas-Andrade, R., Larraguibel, M., Davanzo, M. P., Montt, M. E., Halpern, M., & Aldunate, C. (2021). Experiencias emocionales negativas durante el cierre de las escuelas por COVID-19 en una muestra de estudiantes en Chile. Terapia Psicológica, 39(2), 273–289. https://doi.org/10.4067/S0718-48082021000200273