Descentrados Chile

El malestar individualista en la cultura: Algunas consecuencias en la psicopatología por-venir

Fotografía: Pinterest

Por Néstor Martínez

Psicólogo Universidad UCINF. Magister en teoría y clínica psicoanalítica, Universidad Diego Portales. Postítulo en psicopatología psicoanalítica ICHPA. Docente Universidad UNIACC.

Comité Editorial revista Significantes (psicoanálisis, arte y cultura). Psicólogo clínico.

 

En 1930 Freud publicó su ensayo “El malestar en la cultura”, en el que analiza a la luz de sus desarrollos, las causas del malestar psíquico de los individuos por ser parte de una sociedad. Dicho malestar responde a la necesidad de reprimir sus pulsiones, tanto sexuales como agresivas para garantizar el funcionamiento, la convivencia y la seguridad. Así, tal como lo plantea Rousseau, el contrato social solo es posible en tanto cada individuo resigna parte de su libertad y posibilidad de satisfacción (pulsional), en beneficio de la comunidad a la que pertenece, dejando constante un resto de insatisfacción.

Lacan por su parte, desarrolla su noción de gran Otro, propuesto como alteridad y terceridad simbólica, donde residen los códigos, leyes y normas de un grupo social, y que en tanto preceden la existencia de los individuos, los determinan. No se trata de una persona, sino más bien de un lugar, un ordenamiento o estructura, en relación con la cual nos posicionamos subjetivamente. El lazo entre lo psíquico y lo social es íntimo, o más bien, Extimo.

También formula la existencia de “Discursos”, los que, caracterizados por su estabilidad en base al lenguaje, establecen ciertos modos de “lazos sociales”. Una de las relevancias de estos discursos, es que operan como dispositivos, dado que posibilitan la generación de sentido. Uno de estos discursos es el llamado; “Discurso capitalista” (variante del discurso del Amo) y que, entre otras, se caracteriza por su rechazo de la castración, la que, retomando a Freud, podemos pensar vinculada a esa resignación de la satisfacción en beneficio de lo social.

Así entonces, este Otro que nos determina se vincula también con nuestra insatisfacción, pero el discurso capitalista, pareciera albergar la promesa de no resignar nada. Promesa esta que, de la mano del neoliberalismo de fines del siglo pasado, no solo se integra a las relaciones sociales, sino también a la familia, la escuela, la salud, el amor, etc., transformando así la realidad humana en su conjunto, y dando paso a nuevos modos de relación del sujeto con sus objetos, con una lógica privada.

Es que cada época se especifica por las formaciones discursivas y no discursivas que la determinan, y estas surgen en determinados contextos históricos. Así también, cada época tiene sus paradigmas, y Byung-Chul Han nos propone la figura del individuo autoexplotado. Cabe señalar, que más que desarrollar esta figura paradigmática propuesta por el filósofo, interesan las coordenadas epocales de surgimiento para pensar nuestra actualidad y el malestar que podría atravesar nuestra realidad nacional, así como algunas consecuencias posibles.

¿Cuál malestar?

El reciente presidente electo como parte de su propuesta electoral plantea su diagnóstico bajo la rúbrica de “un gobierno de emergencia”. De lo que se trata entonces es de una situación de riesgo que requiere una respuesta inmediata. El peligro que sintetiza la frase está en seguridad, la economía y en el ámbito social. Se trata de una crisis del Estado, incapaz de generar mejoras en la vida de los individuos. Es decir, el Otro social no da garantías y se convierte más bien en obstáculo al desarrollo de las personas y del país.

La burocracia, las grandes dimensiones del Estado, el mal gasto de recursos, la poca sintonía con las necesidades de la ciudadanía, entre otros, estarían en parte causando el malestar de los chilenos, por lo que se hace necesario un recorte y redistribución.

Ejemplo argentino:

Guardando proporciones, un discurso similar fue parte de la campaña de Milei: no solo la “mano dura” en seguridad, sino la reducción del gasto fiscal, de impuestos y de ministerios, entre otras. Más allá de calificar las medidas, lo que importa es la similitud del discurso que se presenta como libertario comparte un diagnóstico, y el tratamiento a dicha enfermedad es la reducción del Estado, con sus regulaciones. Se trata así de reducir el rol de ese Otro, para que los sujetos puedan “ser libres”, acceder a mayores beneficios, rentabilizar más y acceder a un mayor bienestar. La pregunta que legítimamente podemos hacernos entonces es: ¿Argentina se encuentra en vías de lograr lo prometido en campaña? Solo por mencionar un par de cifras, la pobreza se encuentra cercana al 27% según los datos del Gobierno, y un estudio de la UBA sobre el malestar psicológico, recientemente publicado, muestra que un 35% de la población experimenta una serie de síntomas de la llamada salud mental.

A modo de síntesis:

Pareciera que en nuestra época este Otro no solo desfallece incapaz de cumplir con su rol de garantizar un piso mínimo de bienestar para los ciudadanos, y, por tanto, en nombre de la libertad individual habrá que reducirlo al máximo.

El tema complejo en esta linda ecuación libertaria es que la expansión del narcisismo individual, según Byung-Chul Han, es correlativa del sacrificio, lógica que deriva en la auto explotación propia de la sociedad del rendimiento, concepto que acuña para caracterizar la sociedad neoliberal. En este panorama propuesto por la derecha, se refuerza el individualismo en el relato de la meritocracia, la felicidad como logro, sin ligazón histórica. La vida cotidiana se mercantiliza a la vez que se niega la existencia del Otro.

Finalmente, la sociedad del cansancio presenta entre otros, el Burnout y la depresión como los síntomas de este modelo, y tomando entonces la experiencia argentina, podemos considerar que si los sujetos se piensan libres y emancipados (del Otro), esa liberación tiene un costado a considerar, por ejemplo, la precarización laboral, el aumento de la incertidumbre, la inestabilidad y la consiguiente auto explotación, que empalma bien con las reformas laborales libertarias.

De concretarse entonces las propuestas del presidente electo en Chile, por las características del discurso neoliberal, las epocales, que refuerzan el individualismo y desmienten los determinantes de clase, de trayectorias e históricas, y tomando el ejemplo argentino, podría al menos, pensarse en un aumento de las problemáticas de salud mental, dada la íntima relación entre estas y los componentes sociales.