Descentrados Chile

Percepciones acerca de Masculinidades Cuidadoras

Fotografía: Archivo familiar. Roberto Hernandes, 37 años, profesor y su hijo Joao (brasileños).

Por Norma Silva-Sá[1]

Mujer cisgénero, lesbiana, no blanca, brasileña, madre, feminista, antirracista y migrante en territorio chileno. Graduada en psicología (UGF/BR), Magíster en Estudios de Género (UCen), candidata a doctora del Programa de Psicología de la Universidad Alberto Hurtado y miembro de la Sociedad Chilena de Salud en Masculinidades Diversas (SOCHISMAD).  

El concepto de masculinidades cuidadoras o caring masculinities (la expresión en inglés) emerge de los estudios críticos de los hombres, donde se identifica un grupo de hombres que expresan masculinidades que buscan romper con los mandatos más rígidos y hegemónicos del género, rechazando la dominación masculina y adoptando, en cambio, un conjunto de valores derivados de la ética del cuidado al responsabilizarse por cuidar a otras personas, además, adoptan prácticas que revelan un camino hacia la división de tareas equilibrada en función del género.

La construcción del concepto de “masculinidad cuidadora” (Elliott, 2016) se vincula a la teoría feminista del cuidado, desde donde el cuidar se entiende como una práctica relacional, emocional, íntima y afectiva, sumado a configuraciones materiales de los cuidados. La ética feminista del cuidado posibilita reconocer la vulnerabilidad como una de las características fundamentales de la existencia humana.

Investigaciones del norte global apuntan una reconfiguración de las identidades masculinas desde la dedicación a cuidar de otras personas, donde incluso se podría tipificar los cuidadores, de acuerdo con Comas D’Argemir y Chirinos (2017), como: a) hombres jubilados, que en general cuidan de familiares y/o esposas, lo que otorga un nuevo sentido en sus vidas; b) hombres en paro, es decir, en situación de desempleo, que cuidan de familiares, pero, en general, sin satisfacción personal y consideran que cuidar es una situación temporal; c) hombres activos, con trabajos remunerados que cuidan de personas del entorno familiar por ausencia de otras personas que lo hagan, como no tener mujeres en la familia o por la no-disponibilidad de mujeres para cuidar y; d) hombres comprometidos, que son un grupo que toma la responsabilidad de cuidar en un rol principal o de forma compartida, manifestando la ruptura con roles tradicionales de género. Se identifica que los hombres cuidadores son un grupo dinámico que responde a un proceso progresivo de aprender a cuidar, pero eso no implica que son un grupo homogéneo, pues presentan actitudes que varían entre sí: actitud de gestión (por ejemplo, cuando organizan los cuidados sin implicarse directamente), acompañamiento, responsabilidad, eficiencia (como la adquisición de determinadas habilidades para el cuidado), e involucración (al realizar actividades directas para brindar cuidados y tomando, de alguna forma, un valor inusual a su estatus de cuidador).

De todas maneras, la evidencia cotidiana deja claro que el trabajo de cuidado se asocia a una elección en la vida de los hombres, mientras que es una cuestión moral e imperativa en la vida de las mujeres.  Dar un giro a ese paradigma es el desafío que debemos tomar, precisamente, para consolidar lo que nombramos como “masculinidades cuidadoras”, donde la expectativa radica en que la incorporación de prácticas del cuidado abra la posibilitad de resignificar los roles y estereotipos del sistema binario de género, asegurando su ruptura.

El cuidado produce masculinidades y desigualdades de género que se constituyen por medio de relaciones de poder, operando como un vector de la división sexual del trabajo, por lo tanto, la masculinidad con matices de cuidadora podría, al mismo tiempo que cuida, conformar riesgos de ser usada para reafirmar la hegemonía masculina y consolidar los regímenes coloniales y dominantes (Nayak, 2023).

Considerar masculinidades cuidadoras nos obliga a cuestionar el sistema heteronormativo evidente en la práctica misma del cuidado, y “desgenerar” el cuidado. Al mismo tiempo, se hace necesario repensar y redefinir las experiencias de masculinidades en Latinoamérica desde la perspectiva de la interseccionalidad, donde operan diferentes opresiones relacionadas al cuidar y recibir cuidados.

Para Joan Tronto (2020) es fundamental la comprensión de que a lo largo de la vida las personas tendrán que ser cuidadas tal como tendrán de cuidar, refiriéndose a un compromiso vital que involucra el poder de decidir cuidar de las demás personas, un tema que pasa no sólo por un interés o compromiso individual, sino que también se espera la participación de los Estados. Por lo que la centralidad del cuidado se torna prioritario en sociedades democráticas (Biroli, 2018; Tronto, 2020). Poner los cuidados en la centralidad de la vida exige la participación de los hombres en la división de las tareas de cuidado, exige la presencia de masculinidades cuidadoras que, por supuesto, tiene el potencial de liberarnos de las limitaciones de un modelo binario de género.

 Referencias:

Biroli, F. (2018). Gênero e desigualdades: limites da democracia no Brasil. Boitempo Editorial.

Comas D’Argemir, D. y Chirinos, C. (2017). Cuidados no pagados: experiencias y percepciones de los hombres cuidadoras en contextos familiares. Revista Murciana de Antropología, 24,65-86. https://revistas.um.es/rmu/article/view/310181

Elliott, K. (2016). Caring Masculinities: Theorizing an Emerging Concept. Men and Masculinities, Vol. 19(3) 240-259. https://doi.org/10.1177/1097184X15576203

Nayak, A. (2023). Decolonizing Care: Hegemonic Masculinity, Caring Masculinities, and the Material Configurations of Care. Men and Masculinities, 26(2), 167–187. https://doi.org/10.1177/1097184X231166900

Tronto, J. (2020). ¿Riesgo o cuidado? Buenos Aires. Fundación Medifé.

[1] Contacto: norma.psi@gmail.com