Descentrados Chile

Protegiendo a los Protectores: Garantizando la Seguridad del Personal de Salud en Chile

Fotografía: SDI Productions

Por Eileen Serrano Toledo

Soy Licenciada y enfermera de la Universidad Pedro de Valdivia. Diplomada en Urgencias; enamorada de cada uno de los niveles del sistema prehospitalario. Miembro de Fundación   Emergencias Poniente en la comuna de Lo Prado. Actualmente, directora general de Consulta médica Servisalud, ubicada en la misma comuna donde vivo hace más de 20 años ¡Lopradina de corazón!

En la línea del frente de la batalla por la salud, el personal médico y de enfermería son los héroes silenciosos que enfrentan desafíos inimaginables día tras día. Sin embargo, su valentía y dedicación se ven obstaculizadas por la falta de seguridad en los recintos asistenciales, una realidad que merece urgente atención y acción por parte de las autoridades y la sociedad en su conjunto.

Las estadísticas son claras y preocupantes: en Chile, el 80% del personal de salud ha sido víctima de violencia en el lugar de trabajo en algún momento de su carrera, según datos del Colegio Médico de Chile. Este alarmante número incluye casos de agresiones físicas y verbales, que van desde insultos hasta amenazas de muerte, creando un ambiente de trabajo tenso y peligroso para quienes se dedican a salvar vidas.

Además, un estudio reciente realizado por la Organización Mundial de la Salud (OMS) reveló que más del 60% de los trabajadores de la salud en Chile informaron haber sufrido algún tipo de lesión relacionada con su trabajo en el último año. Estas lesiones van desde cortes y pinchazos accidentales hasta fracturas causadas por agresiones físicas por parte de pacientes o familiares.

La falta de seguridad en los recintos asistenciales no solo pone en riesgo la integridad física y mental del personal de salud, sino que también afecta la calidad de la atención médica y el bienestar de los pacientes. Cuando los trabajadores se sienten inseguros en su entorno laboral, su capacidad para brindar atención de calidad se ve comprometida, lo que pone en peligro la salud y la vida de quienes dependen de ellos.

Es hora de reconocer y abordar este problema de manera integral y urgente. Esto implica implementar medidas efectivas para prevenir la violencia en el lugar de trabajo, mejorar la seguridad física de los recintos asistenciales y proporcionar apoyo psicológico y emocional adecuado al personal de salud.

El personal de salud merece nuestro más profundo respeto y gratitud por su incansable labor en la primera línea de la atención médica. Es nuestro deber como sociedad garantizar que puedan desempeñar su trabajo de manera segura y digna. Al proteger a quienes nos protegen, estamos asegurando un sistema de salud más fuerte y resiliente para todos los chilenos. La seguridad del personal de salud no es un lujo, es una necesidad urgente que no puede esperar más.

Soy enfermera desde hace ocho años y he tenido el beneficio y la fortuna de poder ejercer mi labor en diferentes áreas de la profesión. Si bien todas estas áreas me han permitido vivir circunstancias diversas, las que más marcaron mi carrera, lamentablemente, fueron hechos que vulneraron mi seguridad tanto personal como profesional. Puedo mencionar desaires de compañeros, amenazas de muerte provenientes de pacientes descontentos con el flujo de atención o con la información brindada por el personal, así como también jefaturas que se enorgullecen de ser jefes, pero no líderes dentro del equipo multidisciplinario con el que convivimos día a día, a menudo más que con nuestras propias familias.

A lo largo de mi carrera, he trabajado en el área comunitaria, prehospitalaria e intrahospitalaria, donde conocí a grandes personas, profesionales y líderes. A pesar de su esfuerzo por mejorar la calidad de atención, muchos de ellos fueron vulnerados mientras cumplían con su rol dentro del servicio.

Como enfermeros/as, tenemos muchas áreas en las que podemos enfocar nuestro desarrollo profesional. En lo personal, desde antes de ingresar a la universidad, ya sabía que el servicio de urgencias era lo que llenaba mi corazón. Por eso decidí iniciar mi camino en la enfermería en esta hermosa y caótica área, donde la mayoría de las personas están en sus momentos más complicados de salud.

Inicialmente, conocí el área del Servicio de Atención Primaria de Urgencias (SAPU), donde un equipo médico de cinco personas, de una u otra forma, recibía agresiones durante el turno. Estas agresiones venían de compañeros, pacientes o incluso de las jefaturas. Identifiqué que las personas simplemente no saben comunicarse con empatía, responsabilidad afectiva y respeto, lo que realmente les afecta o incomoda.

Por ejemplo, es común que el personal no pueda retirarse de su puesto de trabajo hasta que su compañero llegue para el siguiente turno en el horario correspondiente. Sin embargo, la baja conciencia o el cansancio mental, físico y psicológico del personal provocaba múltiples retrasos, lo que creaba conflictos entre ellos.

Las jefaturas no se eximen de este tema. Muchas veces no brindan el apoyo y la cobertura necesaria al personal, y se ven casos de acoso laboral a diario. Esto es perjudicial, ya que los trabajadores están en un servicio de mucha presión y, además, deben lidiar con la falta de tacto de las jefaturas.

Lamentablemente, la mayor cantidad de los casos en que se ve quebrantada nuestra seguridad proviene de los usuarios, quienes no tienen la educación respecto a la atención en salud, ni saben cuándo y dónde concurrir a un servicio de urgencias.

Es importante también destacar la baja seguridad del personal, ya que muchos trabajan en zonas rojas, las cuales tienen un beneficio monetario que, a modo personal, desearía que fuese invertido en salud mental para la población y el personal, así como en el entrenamiento necesario del personal de seguridad. A menudo vemos adultos mayores cubriendo los puestos de seguridad, lo que no es suficiente para protegernos adecuadamente.

En muchas ocasiones, se repetía el patrón de bajo conocimiento del sistema y de las metodologías de trabajo dentro del área hospitalaria por parte de la población. Muchas veces, las agresiones que se visualizaban en cada uno de los centros estaban relacionadas con el flujo de atención y los protocolos, lo que generaba conflictos innecesarios y evitables.