Descentrados Chile

Cachopo: un abrazo crujiente con sabor a memoria

Fotografía: Pinterest

Por Abanay Quiñones Alonso

Chef, madre, amiga y apasionada de los sabores con alma.

 

Era otra de esas tardes en el restaurante. Todo estaba ordenado, listo, y nos disponíamos a recibir a los primeros clientes a las seis de la tarde, cuando Pilar se metió a la cocina y me dijo que iba a enseñarme cómo se hace un Cachopo, uno de los platos más emblemáticos de la cocina asturiana.

Su origen nace de unir dos piezas de bistec de ternera y rellenarlas, creando un plato nutritivo y contundente, pensado para trabajadores de faena dura. Con el paso del tiempo, el Cachopo ha dado el salto a la alta cocina, incorporando versiones más gourmet, con rellenos variados y nuevas técnicas, sin perder su espíritu original.

Sobre la mesa había dos filetes de ternera, jamón serrano y una cuña de queso Cabales. Pilar comenzó a explicar, con esa seguridad que solo dan los años y la tradición:

  1. El filete hay que aplanarlo bien con un mazo, pero con respeto. Evitar romperlo. Acariciarlo con los golpes justos, buscando que quede uniforme, para que abrace el relleno.
  2. La sal, solo al final. Si salas la carne antes de rellenar y sellar, suda y se separa. La sal va en la harina, justo antes de empanar.
  3. La triple capa, firme y con paciencia: harina, huevo batido con sal y pan rallado. Presiona bien con las manos.
  4. Al freír, el aceite debe estar caliente, pero nunca humeante. Si echa humo, está quemado. Una fritura a fuego medio-alto asegura una cocción correcta y que el queso se convierta en lava por dentro.
  5. Y el reposo, el último ingrediente. Al sacarlo, déjalo unos minutos sobre papel absorbente. Que descanse, como nosotros después de la faena, para que los jugos se repartan.

Las manos de Pilar, seguras y precisas cerraron aquel cachopo como quien guarda un tesoro. Lo pasó por harina, huevo y pan rallado, y lo deslizó al aceite. Mientras se freía, el aroma me tenía extasiada. Pilar me contaba cómo su padre lo llevaba envuelto en papel para el almuerzo, y cómo ella ha ido modernizando la receta, sin que pierda su esencia.

Cuando lo cortó, el espectáculo fue perfecto: una costra crujiente que cedió para mostrar la ternera jugosa; el jamón y el queso fundido, una cascada dorada y aromática. Me dio un trozo y, mientras saboreaba esa mezcla celestial de texturas y sabores, pensé que no es solo comida: es un abrazo servido en el plato.

No es uno de los platos más saludables de los que hemos hablado anteriormente, pero desde una mirada equilibrada también tiene sus beneficios:

  • Alto valor proteico.
  • Fuente de hierro y zinc, aportados por la carne de ternera, fundamentales para el sistema inmunológico y cognitivo.
  • Energía de larga duración, gracias a la combinación de proteínas y grasas, que proporciona saciedad.
  • Beneficio emocional, porque la comida también es placer, memoria y tradición. Disfrutar de un cachopo bien hecho, y en buena compañía, fortalece el vínculo con la cultura gastronómica.

La clave está en el equilibrio: acompañarlo con una ensalada fresca o verduras a la plancha, y dejar que el sabor haga su trabajo. Porque un Cachopo bien hecho no solo alimenta: cuida, abriga y cuenta una historia.