Por Felipe Valdebenito Leiva
Periodista, cientista social y habitante del Wallmapu
Las elecciones presidenciales terminaron siendo mucho más que una derrota electoral para el campo progresista y las izquierdas. Sin duda se perdió la capacidad de convocatoria y organización. Además, también se perdió el sentido, se perdió el relato, el discurso, la orientación de la sociedad, (si es que la tuvimos estos últimos ocho años), la capacidad de poner temas en el debate público y hacerle sentido a la ciudadanía.
De esta forma, la derrota se puede mirar desde distintos puntos de vista, pero lo importante es mirarla, no dejar de observar hasta construir un análisis común, amplio, diverso de lo que pasó. La invitación de esta columna es aportar en esa mirada de manera abierta y pública. En este debate y análisis nos encontraremos con muchos/as otros/as, organizados y dispersos, pero con la disposición de querer mirar para adelante sin volver a cometer los mismos errores. Refundar nuestro propio campo parece más necesario que nunca.
La derrota no tiene un único culpable. No es Boric, el Gobierno, su coalición, las organizaciones sociales, políticas o la candidata Jara y su comando. Son todas las anteriores juntas porque nunca quisieron ser un proyecto que derrote a la derecha estratégicamente. Desde hace casi dos décadas el modelo de producción, en su fase de acumulación y producción de la vida neoliberal está en crisis, crisis que las oligarquías y sus expresiones políticas no han logrado resolver. Kast en nuestro país será un nuevo intento, copiando experiencias derrotadas como Bolsonaro o Milei en Argentina.
Las izquierdas en Chile, tras un ciclo largo de movilizaciones y malestar lograron abrir una puerta para ser una salida distinta a la crisis, pero su indefinición estratégica ante los problemas del mundo, la región y nuestro país, la terminó alejando de aquellos nuevos polos del planeta, esos que como China ofrecen un nuevo modo de producción de la vida, por tanto, esa indefinición dejó al progresismo y “nueva izquierda chilena” más cerca del mundo occidental, lo que se traduce en Chile como “jugando al ritmo de la derecha” (por graficarlo en algo), no se puede ser tan indefinido en política, menos en el momento político mundial y nacional que vivimos.
Asumiendo que no habría cambio de rumbo profundo, el Gobierno y la candidata de su pacto, no pudieron ni siquiera defender sus avances y buenas iniciativas, asumieron posiciones de derecha ante la gente. Un ejemplo que describe esto para mí es que Kast y Jara eran oposición a Boric. Es “raro” porque en este proceso el PC y el FA son los únicos que estuvieron en todos los espacios: Campaña de Boric, Gobierno, Campaña de Jara.
Nos tocará vivir con un Gobierno que es una respuesta fracasada en el continente -vía Estados Unidos- para resolver su crisis. Esta versión chilena es una versión agudizada de lo que hemos vivido: Más explotación de los recursos naturales, menos derechos y garantías sociales, menos regulación empresarial, más precarización de la vida cotidiana, y lo peor, endurecimiento del discurso, violentando a todo lo que no sea ellos, retornando a valores conservadores y soluciones autoritarias. Lo distinto, quizás, es que hoy tienen mejores condiciones para avanzar que en otros momentos. Partirán su Gobierno sin una oposición real en el Congreso y el sistema de partidos, porque para mí ser oposición es presentar o reflejar una propuesta, un camino, proyecto, etc. En el mundo social y político fuera del sistema de partidos abunda la desarticulación, la derrota ha golpeado fuerte y aún no hay formas claras de salida. Volver a la calle, movilizaciones o territorio, como aparecen rápidamente llamando algunos sectores, no es el problema central. La calle siempre debe estar y ahí deben estar los sueños de mejor vida de todas y todos. Para mí el problema central es que con la experiencia vivida cómo vamos a volver a empezar. Hay que construir una nueva forma de articulación política, de largo aliento, democrática y diversa en su interior, reflejo de Chile en su exterior.
La tarea que viene es inmensa. No puedo desconocer que me abruma asumir la realidad. Debemos pensar, conversar, escuchar, crear, volver a confiar, para volver a intentarlo. Debo reconocer que me gustaría que las izquierdas se reiniciaran por completo, pero también será un trabajo, espero de no tanto tiempo, el acabar con los malos liderazgos y formas de construcción de las izquierdas.
Desde esta pequeña tribuna y probablemente, en un inicio, de la que tengamos cada uno de nosotros y nosotras, debemos resistir, responder, articular y permitir nuevos encuentros. Encuentros que emerjan desde las formas de vida en resistencia en el mundo de las culturas, las artes, el deporte, el comercio, la educación, la salud, la vivienda, los pueblos originarios, las diversidades y tantos sectores que resisten en la práctica, en la vida cotidiana a este modelo que nos vulnera.
En distintas partes del mundo existen experiencias que nos puedan ayudar a construir un camino de salida, debemos entender nuestro contexto, a las personas que queremos convocar, a las nuevas formas de construcción de relaciones sociales, el uso de las nuevas tecnologías y tantas cosas más, todas muy interesantes, que debemos atender para formar algo nuevo, que de sentido y nos permita volver a soñar.

