Descentrados Chile

¿Es posible tejer redes en tiempos neoliberales?

Fotografía: Pinterest

Por David Órdenes 

Educador Popular. Director de la Corporación La Caleta y Facilitador del Movimiento MOVILIZÁNDONOS por una Cultura de Derechos de niños, niñas y Adolescentes en Chile.

 

Al parecer nos sale más fácil tejer en contexto globales, que en realidades locales. Los espacios diversos en las comunidades, su relación con los municipios y el tejido social complejo nos lleva al parecer a las redes globales y/o institucionalizadas. 

En estos tiempos donde el modelo capitalista reparte proyectos desde un ministerio “de desarrollo social” (¿cuál desarrollo?), que, en el fondo, pretende “paliar o parcha a través de beneficios” a los problemas que sufren los sectores populares y que están en contexto de vulneración de derechos. Es por ello por lo que nos preguntamos ¿Qué hacer para que los derechos de niños, niñas y adolescentes se hagan realidad en la vida cotidiana y no por un proyecto o escaso tiempo de un taller?

Los niños, niñas, adolescentes y jóvenes de sectores populares en contextos de vulneración de derechos requieren programas estables, de permanencia en los territorios y por supuesto con educadores y educadoras que están presente fortaleciendo capacidades, experiencias que aporten a consolidar comunidades, a recuperar contextos educativos y no dejando esta pega solo a la escuela. 

Es urgente consolidar comunidades que reconozcan la importancia de aquello más allá del día del niño o de la navidad y trabajar directamente espacios permanentes de juegos, deportes y cultura. Para ello se debe implicar a los vecinos y vecinas. 

Nos preguntamos: ¿Qué rol juegan los municipios en ello? La ley 21.430, incluye a los municipios en garantizar y ser promotores de derechos y no sólo preventivos o focalizados en los “problemas”. Está claro que hay municipios pobres y otros ricos. ¿Será posible priorizar en las nuevas generaciones?

No podemos negar que hay sectores en los territorios que son complejos. Generalmente no es la población, son espacios focalizados y donde el tema de drogas, delincuencia, etc., genera impacto de no convivencias. Hay violencia en sectores de la comunidad. El desafío es cómo atender esta realidad y no generalizar. Por lo tanto, ello implica, estrategias diversificadas para avanzar en la promoción de derechos y en paralelo a ello, los temas y problemáticas propias. La participación protagónica de niños y niñas debe implicarnos y que ellos y ellas sean parte de los procesos comunitarios. 

En estos tiempos de licitaciones de proyectos, las comunidades logran acceder a un monto para una actividad específica, que durará tres meses, ocho meses y en el caso de ciertos programas, estos logran un año o dos y donde la sociedad civil incluso los subsidia.  

Las ONG que competimos para asumir un territorio o varios, dispersos y que tiene una focalización personal o familiar, muchas veces impide aportar a procesos donde la comunidad logre empoderamiento para dar continuidad al trabajo con los niños, niñas y adolescentes.

Un ejemplo de ello es el trabajo de los “Abriendo Caminos”, donde se trabaja con familias que tienen una persona significativa privada de libertad. Un tiempo los proyectos duraban dos años. Luego los bajaron a un año y ahora retoman dos años. ¿Qué ha implicado esta realidad de proyectos? En varios casos la no continuidad en los territorios, la dispersión del trabajo en 7 comunidades diferentes y algunas rurales distorsionando procesos. Igual hay avances en las familias y personas y puede ser más en contextos donde se tome en cuenta las experiencias y los procesos ya realizados por años de la sociedad civil.

La perspectiva psicosocial- focalizada, sin contexto social y político, deja a las familias muchas veces sin capacidades de empoderarse y tener alternativas de sobrevivir autónomamente. Muchas de ellas deben buscar alternativas de subsistencia para ellas y con pocas fortalezas en el campo laboral. 

Es más, las ONG dedicadas a ejecutar proyectos del Estado muchas veces, estamos a la pesquisa de lograr “subsistir a honorarios” sin respaldo a la institucionalidad, sino solamente a la “ejecución del proyecto”.  Las alianzas son muchas veces de “cooperación para ver qué hacer”, pero no para incidir y demandar condiciones para un trabajo social que enfrente las causas de las vulneraciones y el fondo de la injusticia social que está presente y sigue en forma permanente en sectores donde por años se han realizado proyectos de todo tipo y en todos los gobiernos. 

¿Qué hace que perdure la miseria, los problemas de drogas problemáticas, la delincuencia? La perspectiva de “atender el riesgo social, de prevenir sin atacar las casusas, de generar relaciones de “cuidado” que al final son de “defenderse” del entorno y donde debiéramos co construir entre todos y todas, un vivir armonioso. 

El trabajo comunitario requiere de tiempos, de recursos, de personas comprometidas en favorecer y facilitar que se recuperen las capacidades propias de las comunidades. Ello implica que los municipios valoren a sus dirigentes, que haya formación de ellos y ellas para que la participación se haga realidad y las personas vean que vale la pena implicarse en los cambios desde el territorio y no esperar “que las fuerzas de orden” disciplinen a las comunidades desde fuera. 

La inseguridad y la emergencia están en el Estado/gobierno que está condicionado al mercado y a lograr el equilibrio para los más ricos, bajando impuestos y diciéndonos que ello ayudará a “chorrear desarrollo”. Todo ello repercute en que los sectores populares se concentren en la subsistencia e impide mirar más allá de esto. 

Es tiempo aún de solidaridad, de buscar formas y maneras de generar espacios de convivencia, de fiesta, de encuentro entre los vecinos y vecinos y donde las niñeces y los adolescentes encuentren que vivir donde viven vale la pena. Que pueden jugar, tener amigos y amigas y crecer en convivencia intergeneracional con los vecinos y vecinas y su ambiente, es como lo piden: “verde, de juegos y plazas”.

Aún con proyectos miserables del Estado, y sin que el Estado valore a la sociedad civil, hay que doblar la mano y hacer de estos proyectos, un instrumento que va más allá de la ejecución y tienda a un nuevo mundo posible desde la base.