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Descentrados Chile

Pinche manada

Imagen: dibujo de Nicolas de Crécy

Por Juan Pablo Correa Salinas 

Psicólogo social. Analista del discurso. Investigador de las relaciones de reconocimiento, violencia y poder y sus efectos en los procesos de subjetivación. 

 

Las nuevas derechas, —también llamadas derechas iliberales, aliberales, extremas y radicales— están empeñadas en librar una batalla cultural contra las ideas progresistas que, en su opinión, habrían colonizado las sociedades occidentales, amenazando la interpretación que hacen de su cultura y sociabilidad. Las nuevas derechas parecen haber identificado las ideas socialistas de igualdad sustantiva, las que operan tanto en el supuesto de igual dignidad de los seres humanos, como en el horizonte utópico de reconocimiento recíproco positivo, insertos tanto en las condiciones de funcionamiento del lenguaje como en las del lazo democrático. De este modo, su rechazo al socialismo se amplía en el cuestionamiento simultáneo de la democracia liberal y los Derechos Humanos (DDHH).

La reivindicación que las nuevas derechas hacen de las desigualdades actualmente existentes, como justas, necesarias e insuperables, las sitúa en pie de guerra con las ideas progresistas que reivindican los derechos de las mujeres, de las minorías sexogenéricas y de las identidades no hegemónicas, además de la justicia socioeconómica, la ampliación y profundización de las decisiones democráticas, la desconcentración de la riqueza, etc. Esta confrontación es librada en diferentes campos, partiendo por las instituciones políticas, pero agregando las instituciones educativas y de investigación, los medios de comunicación pública, las redes digitales y, en general, las diferentes manifestaciones culturales.

En Chile estas nuevas derechas son lideradas por el gobierno de José Antonio Kast y los partidos Republicano y Nacional Libertario (PNL) quienes, a pesar de sus diferencias, comparten un mismo discurso reaccionario ante las transformaciones vividas por el país desde 1990 en adelante. El carácter reaccionario de su discurso se manifiesta en la reivindicación del golpe militar de 1973, la dictadura militar que instaló y la herencia institucional que ella dejó por medio de la Constitución de 1980. Pero van aún más lejos. Estas derechas reivindican un orden social más cercano a la sociedad del honor que a la de la dignidad, en donde la separación de poderes no es un requisito indispensable y la superación de jerarquías naturalizadas, así como la creación de derechos sociales, no son bienes deseables.

En su estrategia cotidiana de desmantelamiento del orden democrático liberal y la cultura de los DDHH, los militantes y simpatizantes de los partidos Republicano y Nacional Libertario van quitando progresivamente valor a los compromisos y vínculos sociales que genera el uso del lenguaje. Demás está recordar el momento en que el presidente Kast desconoció algunos de sus compromisos de campaña, afirmando que se trataba de metáforas. O cuando Johannes Kaiser, líder de los “nacional libertarios” sostuvo que su afirmación sobre la necesidad de reconsiderar el derecho a voto de las mujeres sólo era un sarcasmo. En estos días, los integrantes de La Cofradía1, militantes y simpatizantes del PNL clasifican como chistes y sentido del humor sus afirmaciones discriminadoras, ofensivas, abusadoras y misóginas.  La situación recuerda a la conversación que Alicia sostiene con Humpty Dumpty en el libro de Carroll Alicia a través del espejo

—Cuando yo utilizo una palabra —replicó Humpty Dumpty en tono desdeñoso— significa lo que yo quiero que signifique, ni más ni menos.

—La cuestión es —prosiguió Alicia— si puedes hacer que las palabras signifiquen cosas diferentes.

—La cuestión es —dijo Humpty Dumpty— saber quién manda; eso es todo.

Una característica adicional de las nuevas derechas en Chile es el liderazgo que en ellas ejercen los machos a través de discursos masculinistas, de carácter machista, con claras orientaciones homofóbicas, transfóbicas y misóginas. Veamos de qué se trata y cómo conecta con lo que señalamos antes.

“Ley Zamudio” es el nombre con que se conoce popularmente a la ley N.º 20.609 o “Ley Antidiscriminación”. Fue denominada así en honor a Daniel Zamudio, joven homosexual que fue agredido, torturado y, finalmente, asesinado, por cuatro hombres en el Parque San Borja, la noche del 2 al 3 de marzo de 2012.

La agresión a Daniel Zamudio formó parte de un ritual de construcción de masculinidad, en el que el líder del grupo exigió al resto de los participantes que se ensañaran con el joven cuando este se encontraba inconsciente. De acuerdo con el relato de sus captores, Zamudio fue golpeado con combos y patadas. En seguida hicieron palanca con una de sus piernas hasta quebrarla. Luego lanzaron repetidamente una piedra grande en su abdomen y cabeza. Finalmente, emplearon el gollete quebrado de una botella de pisco para marcar su cuerpo con una esvástica. Daniel falleció el 27 de marzo en la Posta Central, después de agonizar más de 20 días. El joven vivió en el parque los mismos tormentos que, por motivos no muy diferentes, compatriotas suyos habían experimentado en cárceles clandestinas algunas décadas antes.

El 9 de mayo de 2012, la Cámara de Diputados aprobó la Ley Antidiscriminación por amplia mayoría: noventa votos a favor, tres abstenciones y dieciséis votos en contra. Entre los votos en contra estuvo el del actual presidente del Partido Republicano, Arturo Squella, y el del fundador y líder indiscutido del partido, actualmente presidente de la República de Chile, José Antonio Kast. Ambos formaban parte de la bancada de la UDI, la que se opuso al proyecto.

Hace unos días pudimos ver un video que fue difundido ampliamente en las redes digitales y en los grandes medios de comunicación pública. Se trata de la celebración del cumpleaños de uno de los integrantes de La Cofradía, programa de streaming que se transmite por internet. El video fue grabado y subido a internet por ellos mismos. En el evento, los integrantes del programa entregaban regalos a “Feña” (Fernando Ortiz), el festejado, realizando un juego de lenguaje en el que definían las formas del poder y la fraternidad grupal a través de prácticas de humillación. 

El juego consiste en situar al homenajeado en un lugar abyecto (abusador sexual infantil, abusador de niños con TEA, poco hombre) por medio de regalos cuyo sentido explicitan en el momento en que los entregan. Un muñeco que sustituye fantasiosamente a eventuales víctimas de abuso sexual infantil (“sé que te gustan más grandes, pero es de la edad”). Dulces para capturar o seducir niños “de verdad” (“les gustan a los niños con autismo, que son los que no hablan”). Un vino “para cuando estés con él a solas”. Una bufanda y una corbata “para amarrar niños” que sirven además “para que te tapes el rostro cuando vas al parque”. Y como complementos, el libro “Espiritualidad y fe” escrito por Jaime Guzmán y un patito de hule, “un patito de José que crió a un hijo que no era de él, como el Feña”, afirma Ítalo Omegna, quién hace de locutor en la ceremonia. Otro amigo comenta “no habían de hombre”, cuando entregan los obsequios. En síntesis: validación jocosa del abuso sexual infantil, transfobia y fantasías paranoicas con la crianza de un hijo procreado por otro hombre.  

Ítalo Omegna milita en el Partido Nacional Libertario, fundado por Johannes Kaiser (otro ex militante de la UDI) y en el momento de creación del video era el jefe de Gabinete del diputado Hans Marowski. Este último es un militar retirado que hoy oficia como vicepresidente del partido de Kaiser. La Cofradía es un programa de extrema derecha, identificado con las ideas del PNL, al que asisten regularmente diputados y dirigentes vinculados con esa fuerza política, como Pier Karlezi y Cristián Labbé.

Para entender la situación, las personas buscaron rápidamente información adicional en internet. Y la encontraron. Apareció un video de La Cofradía en el que Ítalo Omegna conversa delante de sus compañeros con el líder del programa, Emiliano Fernández, autor del video del cumpleaños, quién trabajó en la campaña presidencial de Kaiser. En este segundo video el tema es diferente. Fernández pregunta a Omegna si su hermana está casada o se separó. Se refiere a María Gracia Omegna, actriz chilena de cine y televisión. María Gracia es conocida, entre otras razones, por haber desempeñado el papel de Antonia en la película “Joven y alocada” de Marialy Rivas. Antonia tiene una relación amorosa con Daniela, la protagonista, interpretada por Alicia Rodríguez. En la película se explora la búsqueda de una joven que quiere entenderse a sí misma, conocer sus deseos y escapar de las prácticas represivas de una familia evangélica. Un guión muy alejado del que actúan los integrantes de La Cofradía y, por lo mismo, objeto de deseo y malestar para sus integrantes. Ítalo responde a Emiliano que su hermana nunca ha estado casada. Su voz es baja y seria, intenta situarse ante lo que supone que viene a continuación. Fernández pregunta en voz alta y tono jocoso “si le propongo cul… un día”, ambos se ríen estrepitosamente, Omegna contesta en voz alta y tono de payaso: “negociemos de chulo a chulo”. “Cuánto costaría”, dice Fernández. “Tú mamá”, responde Omegna. “Mi mamá es mayor ya, puh huevón” dice Fernández, “tu hermana está en edad de merecer”, “pero cuanto me…”. “Tu mamá y la del Feña por mi hermana”, dice Omegna. “¿Andaba con el manguera2?” pregunta Fernández, Omegna asiente, Fernández dice “¡ah, tiene el…! Todos se ríen. “Multípara, como te gustan”, responde Omegna, agachando el moño, equivocando el término y concediendo el punto. “Yo te quiero con todo mi corazón”, dice otro de los participantes (Marcelo Anabalón), “pero a tu hermana se lo pongo…” Risas de todos otra vez.

En la masculinidad de manada existen distintos juegos de lenguaje, pero hay uno que lo estructura todo. Se trata de definir quién es más macho y quién lo es menos. Es el juego de la dominancia. Paradójicamente, en La Cofradía, como en la gran mayoría de las manadas, el lugar del macho dominante está definido desde el principio. Enfrentar figuradamente al gran matón (como hace Omegna con Fernández) no es una estrategia para desbancarlo, sino un esfuerzo para obtener su aprobación, situarse a su alero, como su mano derecha, su delfín o su capataz. Su mocito, incluso. Ser el Infantino de Trump o el Milei de Netanyahu, de eso se trata. La competencia es por el segundo lugar. Y el premio lo otorga el macho dominante. Esto fue lo que llevó a Kast al encuentro con Trump en el “Escudo de las Américas”. Y al asesinato de Daniel Zamudio en el Parque San Borja. En este lugar, todos querían agradar al “Pato Core” (Iván Ahumada), líder del grupo que torturó a Zamudio hasta la muerte. Estaban dispuestos a obedecer sus órdenes ciegamente. A aceptar la definición que él hacía de la situación sin cuestionamientos, sin detenerse ante las consecuencias, por horribles que fueran. Algo parecido a lo que ocurrió con las FFAA chilenas tras el golpe militar de 1973. La situación fue institucionalizada a través de las figuras de “responsabilidad de mando” y “obediencia debida”. “No entienden la cosa militar” decía Osvaldo Romo en una entrevista, mientras se frotaba las manos al hablar de las graves violaciones a los DDHH en las que participó. Romo no fue militar, pero trabajó para ellos como agente de la DINA. Violador de mujeres detenidas, cruel torturador y asesino despiadado, Osvaldo Romo” fue abusador con sus víctimas y sumiso ante sus jefes (Miguel Krassnoff, por ejemplo). En esos días, la manada estaba a cargo de la guerra sucia en nuestro país. Una parte de ella hoy cumple condenas por violaciones a los DDHH. Los partidos Republicano y Nacional Libertario han planteado su interés en indultar a los condenados o permitir que cumplan la condena en sus casas.

Pero ¿Qué es la manada? La expresión se usa genéricamente para aludir a un conjunto de animales de la misma especie “que andan reunidos” (definición de la RAE). Pero tratándose de seres humanos, tiene usos más específicos3. Empleo aquí la expresión para referirme a un tipo específico de fraternidad cómplice, es decir, a un vínculo social que se define simultáneamente por dos propósitos: La celebración de la vida en común y la defensa colectiva ante cualquier amenaza. En el caso de la manada, la fraternidad cómplice se organiza a propósito del género. Es un grupo de machos que comparte una misma cultura sexo-genérica: el sexismo machista, misógino, homofóbico y transfóbico. En su versión más suave, la manada es prejuiciosa, estereotipadora, maniquea y grosera. En su versión más fuerte puede ser muy cruel e, incluso, asesina. Rita Segato, la antropóloga y teórica del género argentina, lo ha señalado con especial claridad. Los hombres que realizan violaciones, afirma, buscan el reconocimiento de sus pares —esto es, de su manada— a la masculinidad que desempeñan por medio de la violencia sexual. La violación es un espectáculo, un ritual del que el autor se vanagloria ante sus colegas.

Emiliano Fernández y sus colegas realizan prácticas de violencia sexual ritualizada en La Cofradía. Al hacer pública la fantasía “estoy dispuesto a pagarte para tener sexo con tu hermana”, Fernández no viola a María Gracia Omegna sino a su hermano Ítalo, a quien somete públicamente delante del grupo al que está liderando. Como decía Pedro Lemebel, en los juegos de la manada siempre existe una forma de “homosexualidad tapada”, como en “el fútbol (…) el box, la política y el vino”. Pero la fantasía de violación de María Gracia está también presente en la conversación. Marcelo Anabalón la explicita cuando dice: “yo te quiero con todo mi corazón, pero a tu hermana se lo pongo…”. Los esfuerzos de Ítalo no resuelven la situación en la que queda. Intentar “llevarse consigo” a las madres de sus colegas no cambia el hecho de haber entregado simbólicamente a su hermana, más bien lo agrava. La Cofradía actualiza en jerga incestuosa las múltiples formas del acoso sexual callejero que todos los días se repiten en nuestro país. Es un juego de lenguaje que busca incidir a distancia —mediante palabras, manoseos o bocinazos— en la experiencia sexual de una persona que es objeto de su acoso. Emplean el lenguaje para desplazar la satisfacción de un deseo a través de un objeto vicario. 

En la manada todos ocupan lugares abyectos, viles, despreciables. Pero el macho dominante escapa a la vergüenza de la situación pisoteando las cabezas de los demás. Tanto la de las víctimas como la de los victimarios. Como ha señalado muy bien Andrés Kogan, sociólogo del género, a propósito de este tema: la de La Cofradía no es una situación aislada o extraña, sino una expresión más —exagerada quizá— de la cultura hegemónica chilena en materia de género. 

Un dato interesante que fundamenta lo que digo es la extraña calificación que reciben los abusadores sexuales de mujeres adultas cuando son condenados por las autoridades. Nadie habla de abusadores o de conductas abusivas. Las palabras “abusador” y “abusiva” son reemplazadas por “cobarde”. Pero “cobarde” no implica abuso o violencia. El cobarde, afirma la RAE, es aquel que no tiene valor para enfrentar situaciones peligrosas o arriesgadas. Pero, para nuestra cultura hegemónica, es mucho más grave ser tildado de cobarde que de abusador. Al aparecer públicamente como un abusador, el más valiente deberá vivir la vergüenza de ser considerado un cobarde. Por eso, la manada de Omegna y Fernández ha reaccionado a las críticas reafirmando su posición inicial. Sus disculpas han sido menores y su victimización ha sido tan extrema como la agresión verbal a quienes los critican. Han respondido al juicio de la opinión pública con actuaciones impostadas de valentía y acusaciones que buscan empatar la situación. Desde el “todos somos miserables” de la auto-victimización, al “ustedes son peores que nosotros”, de quién asume que la mejor defensa es el ataque.  

Pero el tema no es sólo cultural. También es político. La resurrección de videos en los últimos días nos ha recordado las palabras de Johannes Kaiser, presidente y fundador del Partido Nacional Libertario sobre la violación de mujeres en Chile. En referencia expresa a la defensa que hacen las mujeres feministas de sus compañeras sexualmente abusadas y citando irónicamente al colectivo “Lastesis”, Kaiser señaló en sus tiempos de youtuber: “Chile está pagando el precio de que le hayan contado a generaciones de chilenos que Chile es el país más desigual y más terrible del mundo, donde todas las mujeres están siendo oprimidas de una forma brutal y bestial…” —“y violadas”, dice su mocito bandejero interrumpiendo— “claro, y violadas —continúa Kaiser— sobre todo las más feas”. Risas de su manada. Y luego agrega: “Porque se habrá dado cuenta que ahí hay un grupo de mujeres especialmente feas, donde yo realmente diría que si el violador eres tú entonces prácticamente mereces una medalla del congreso de los EE. UU. por valor ante el enemigo”.

Todos tenemos experiencias de la manada. En algunas somos víctimas. En otros victimarios. A veces las dos cosas. En pocas ocasiones somos espectadores exclusivamente. Es difícil olvidar a Cristián Labbé hijo celebrando el triunfo presidencial de Kast en La Cofradía, medio borracho, con su hija en las rodillas y diciendo “que los zurdos me la mamen, porque al final del día nací funao y voy a morir funao”. Con la referencia a su nacimiento “funao” Labbé declara y reivindica su linaje. Su padre, Cristián Labbé Galilea, fue parte del ejército de Chile y agente de la DINA durante la dictadura militar. Fue condenado como torturador por la justicia chilena. Pero también es difícil no recordar los programas de televisión del Kike Morandé, con sus gestos de prepotencia y abuso y las actitudes sumisas de sus comparsas. La manada está en muchas partes. En la calle, con las barras bravas acosando mujeres antes y después de un partido. En los colegios, con el bullying homofóbico y transfóbico. En las iglesias repletas de abusadores sexuales y mocitos cómplices realizando tareas de encubrimiento. Hay manadas locales, nacionales e internacionales. Está en el congreso de múltiples maneras. En estos días busca detener la aplicación de la ley de despenalización del aborto en tres causales, exigiendo que sea una obligación para la mujer embarazada escuchar los latidos del corazón del nonato si quiere abortar. También intenta destruir el Instituto Nacional de Derechos Humanos (INDH) y, con él, todas las políticas de Estado en esa materia. Para la manada los DDHH son como una trenza de ajos detrás de la puerta; no soporta las regulaciones que le imponen. 

En sus distintas manifestaciones, la manada es un actor significativo en la batalla cultural. Un actor reaccionario que no se toma en serio la democracia, los derechos humanos y el respeto por la dignidad de las personas. Es una fraternidad cómplice que no entiende que las reglas de operación del lenguaje, la comunicación y el vínculo social asociativo protegen la vida y la libertad de sus integrantes, tanto como las de los demás.

Pinche manada.

  1. Según el diccionario de la RAE, la palabra cofradía tiene cuatro acepciones: 1. Congregación o hermandad que forman algunos devotos, con autorización competente, para ejercitarse en obras de piedad. 2. Gremio, compañía o unión de personas para un fin determinado. 3. Vecindario, unión de personas o pueblos congregados entre sí para participar de ciertos privilegios. 4. Junta de ladrones o rufianes. ↩︎
  2. “El manguera” es el sobrenombre del actor Gonzalo Valenzuela. Le pusieron ese sobrenombre porque actuó en una versión de la obra “The Full Monty” con una prótesis en sus genitales. Además, el actor tiene un cuerpo alto y delgado. ↩︎
  3. Particularmente relevante para nuestra reflexión, es el empleo de “la manada” para denominar a un grupo de cinco hombres que violaron colectivamente a una mujer de dieciocho años, en la fiesta de San Fermín, en Pamplona, España, en julio de 2016. El juicio de primera instancia no los condenó por violación sino por “abuso sexual con prevalimiento”. Esto generó protestas multitudinarias en todo el país. Finalmente, tres años después de producido el acontecimiento, el Tribunal Supremo modificó la sentencia al delito de “violación grupal” y condenó a los autores a quince años de prisión. ↩︎