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Descentrados Chile

Volver a los 15 (y haber sido parte de fandom)

Fotografía: EC Stanzel

Por Amanda Ahumada

Licenciada en Antropología Social de la Universidad de Chile. Interesada en investigaciones ligadas a migraciones, trabajo sexual y género. Amante del Reino Fungi.

 

Ya con 25 años, el cumplimiento de este número coincide con la revuelta de las ARMYS (nombre del fandom de BTS). Miro atrás para pensar quién era hace 10 años, y me enternece al verme a mí misma partícipe de un fandom, niña que encontró un grupo de chicas como yo, que en la fiebre de la adolescencia se refugió en el furor de la música y sus representantes; junto con otros miles, encontré una comunidad que no distingue idiomas, cultura o geografía, puesto que había una unión en común. La mía fue One Direction, y sigo pensando en el fondo que todavía existe ese hilo invisible que me une con otros millones de mujeres (y en menor medida hombres) que recuerdan su adolescencia con cariño, marcada por el fanatismo desenfrenado y el estudio minucioso de una cultura propia nacida de la devoción a una banda inglesa. Y ese punto me lleva a no solo conectarme con mi generación, sino que a otras generaciones de fangirls que se desmayaban por Los Beatles; me lleva a mirar a mi abuela llorando la muerte de Sandro, o a mi madre recordando a Pablito Ruiz.

Pero ¿Qué es este fenómeno? ¿Es acaso parte de ser una adolescente esta fiebre? ¿Por qué se desvanece? Podríamos hacer una tesis doctoral con estas preguntas, pero mi motivación a escribir esta columna no es hacer una cátedra, es recordarnos tener compasión y empatía por nosotras mismas. Y darnos un poco de crédito, por la chucha, porque el feminismo también se vive desde el apoyar a nuestras hermanas ARMYS en su pelea y triunfo. Escuché críticas a estas, pero creo en el derecho a la manifestación y a la lucha, y si un grupo de hombres puede salir a celebrar la victoria de un partido, ¿por qué no las ARMYS luchar por su concierto? Mi yo de 14 años se hubiera vuelto loca si cancelaba el concierto de One Direction en Chile, por lo que mi empatía florece por su lucha. 

Creo que como sociedad hemos visto de forma superficial lo que significa ser una adolescente y ser parte de un fandom, sea cual sea. Adentrarnos a las aguas coloridas y pop de ser partícipe de una comunidad así nos deja entrever procesos culturales que forjan una identidad colectiva, así como propia, a la vez que es un soporte emocional para chicas que en su adolescencia se encuentran perdidas y aún no saben quiénes son (Lacasa, 2017). 

Estos procesos identitarios generan una reapropiación de un fenómeno global, adaptándolo a la cultura local. Recuerdo que dentro del fandom de 1D, a integrantes como Louis Tomlinson o Niall Horan las directioners latinas les poníamos sobrenombres latinos como “lucho” o “rucio” respectivamente, por lo que puedo identificar un proceso de apropiación y significación en el que se producen significados locales y compartidos. Además de crear una cercanía y un vínculo estrecho, en donde se genera una relación de amor, donde la fan se refugia en la música, un libro o en el fandom en sí. Crea inspiración, se convierte en un ejemplo a seguir y en un referente de cómo ser, puesto que no es visto como un ser inalcanzable y superior, sino que el fandom lo ve como un amigo o amiga, alguien cercano. Esta misma cercanía se potencia cuando se consume contenido como los Lives de Instagram, o en el caso de 1D los videos diarios que grababan desde la escalera de la casa donde se quedaban mientras estaban en X Factor. Todos estos factores crean una complicidad entre ambas partes, ídolo y fandom, en donde en el último no existe un líder público o claro, sino que funciona mediante una organización horizontal, sin jerarquías, en la que la producción y creación responde a gustos colectivos y espontaneidad, un meme, un edit de TikTok, etc. El resultado es gracias a pequeños esfuerzos colectivos de personas talentosas que usan sus habilidades tecnológicas y creativas para generar contenido que alimenta al fandom (Flores, 2024).

Muchas de estas comunidades se comunicaban y existían en las esferas presenciales, como lo es el colegio, juntas en parques, entre otros, y a su vez en la esfera online, donde se potenciaba alcanzando niveles globales. En esta esfera online las raíces del fandom se extendieron por redes sociales: grupos de facebook, paginas de Instagram, videos de Youtube como entrevistas y recopilación de distintos videos, blogs de Tumblr, edits de TikTok y uno que podía ser sorpresivo para aquellos que no estaban dentro de este mundo; los fanfics

El fanfic de por sí solo es una galaxia de información y potencial investigativo, y como todo, tenía aquello bueno y malo. Este representaba un lugar donde el fandom podía crear y ser partícipe de universos paralelos donde todo era posible, adentrarse a Hogwarts como hechicera o groupie de Justin Bieber. Es un espacio de creatividad que, sin la existencia de la inspiración original, no hubiera existido y no hubiera dejado que chicas, chicos y chiques jóvenes desarrollaran su imaginación de forma anónima. Por lo que se crea una comunidad artística digital que sigue la línea que ya he planteado: La necesidad de un colectivo que abrace la creatividad.

Puedo establecer que los fandoms responden a la necesidad de pertenecer a algo más grande, colectivo y que funciona como apoyo emocional (Lacasa, 2017; Flores, 2024), apoyo que se extrapola del mundo digital a lo presencial, y viceversa, creando redes de apoyo que se convierten en amistades duraderas. Infravalorar, minimizarlo y ridiculizarlo, siendo un fenómeno característico de adolescentes mujeres responde a una misoginia internalizada que, lamentablemente, es muy común. Es en este punto que surgen dos aristas que involucran al feminismo: La primera es como en algunos fandoms, principalmente literarios, se utiliza la creación de contenido como herramienta política y social (Nieto, 2023) en contra de los estereotipos de género, lucha contra el patriarcado o figuras de opresión y la relevancia de personajes femeninos. Es aquí donde adquieren relevancia personajes femeninos que aparecen en carteles de manifestaciones feministas, tales como Katniss Everdeen de Los Juegos del Hambre o Hermione de Harry Potter.  El segundo punto es la misoginia internalizada que afecta a los fandom es producto de minimizar el sentir femenino, de llamarnos histéricas y criticar no solo el ser fan de alguien o algo, sino que querer pertenecer y tener una comunidad que muchas veces funciona como una red de apoyo importante, puesto que todas y todes estábamos pasando por algo en común: la adolescencia y juventud. 

 

Referencias: 

Flores, S. N. P. (2024). Creación de comunidades afectivas a partir de interacciones en Twitter entre mujeres dentro del fandom ARMY de BTS.

Lacasa, P., de la Fuente, J., Garcia-Pernia, M., & Cortes, S. (2017). Teenagers, fandom and identity. Persona Studies3(2), 51-65.

Nieto, M. P. (2023). Nuevos modos de expresión en la web: el feminismo en el fandom de Harry Potter. Cuadernos de Gestión de Información7, 11-11.