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Descentrados Chile

Repensando las migraciones desde julio 2026: acontecimientos, emociones y territorios en ciudades chilenas

Fotografía: Pinterest

Por Dr. Nicolás Gissi B. 

Universidad de Chile

 

  • Acontecimientos, emociones, movilidades

Los acontecimientos ocurridos en Venezuela durante el presente año 2026, la intervención de Estados Unidos el 3 de enero y los terremotos del 24 de junio han resultado especialmente significativos para la población migrante venezolana, generándose una dinámica realidad entre cambios políticos, impactos humanitarios, emociones y movilidad transnacional. Estos eventos han provocado efectos no solo en la posibilidad de un nuevo flujo o retorno, sino en la reconfiguración del paisaje urbano-cultural, el arraigo y la vecindad, especialmente en ciudades como Santiago, Antofagasta y Valparaíso, por su concentración migrante, así como Concepción y Talca, para quienes optan por un modo de vida más tranquilo y seguro, con un menor costo que el que implica Santiago (Gissi, 2026). De hecho, 6300 venezolanos han abandonado Chile este año de modo voluntario, de un total de 7.000 migrantes, y ha habido 1.270 expulsiones de extranjeros, a partir de operativos y vuelos chárter coordinados entre el SERMIG y la PDI, de personas con antecedentes penales o ingresos irregulares (El Nacional, 2026). 

Estos acontecimientos y nuevas movilidades requieren -más que nunca- que los análisis en el campo de los estudios migratorios integren dimensiones socioculturales, económicas e institucionales desde una perspectiva territorial, considerando las escalas regional y local, además de nacional y transnacional. En este contexto, resulta necesario reconocer tanto los aportes de la migración -como en algunos sectores del mercado laboral, su contribución a la natalidad y a mitigar el envejecimiento poblacional- como los desafíos asociados, entre ellos tensiones sociales, problemáticas de seguridad pública y la emergencia de nuevas formas de crimen organizado en Chile, que actualmente constituyen un desafío para nuestra democracia (Zeballos, 2025).

Estas páginas las escribo desde un enfoque realista y constructivo, pues estas situaciones y la presencia migrante en Chile y otros países de las Américas, nos llaman a dejar de lado tanto las miradas románticas como las xenofóbicas, reevaluando la falta de representación consular (que se acaba de reactivar, tras la suspensión en 2024), los visados existentes y las posibilidades de refugio, así como la gobernanza multilateral (Gissi et al., 2024). El fenómeno de la migración y la convivencia se requiere pensar y planear en su complejidad, considerando tanto los derechos como los deberes de todos/as quienes vivimos en Chile. Estos nuevos hechos nos conminan también a aceptar que no se requiere elegir entre un análisis de clase o uno de pertenencias comunitarias, como se suele discutir en el mundo académico. Naciones y clases sociales son dos aspectos fundamentales para comprender los procesos migratorios, así como lo son el género, la religión y la “pigmentocracia” (Telles y Martínez, 2019). Como sabemos, no se trata de optar deductivamente por un enfoque y olvidar otros, sino de logar un análisis pertinente, deductivo-inductivo, a partir de realidades situadas, socialmente heterogéneas y con subjetividades ambivalentes, como nos han enseñado los estudios poscoloniales y la perspectiva interseccional.

Hoy son los adultos y jóvenes venezolanos quienes llevan esta nueva historia en sus mentes y cuerpos. Al respecto, el cuerpo y las emociones se han posicionado como ámbitos emergentes de interés para las ciencias sociales en el mundo y, en particular, en América Latina y el Caribe. Las emociones han adquirido una importancia ontológica y epistemológica equiparables con la razón para comprender los mundos sociales. Las pasiones políticas, religiosas y deportivas que observamos día a día en los noticieros televisivos, las catástrofes socio-ambientales, las problemáticas de pareja y la baja fecundidad en países como Chile nos invitan a aproximarnos a los sentimientos de las personas (nostalgia, esperanza, entre otros), conceptos poco comunes en los textos de antropólogos y sociólogos, pese a que ya en 2006 R. Bartra, desde México, aludiera a una antropología del cerebro, la conciencia y los símbolos, el sistema nervioso y el entorno. Preocupan en nuestro país la salud mental, los duelos, los miedos y las rabias, tanto de migrantes como de chilenos. De hecho, las farmacias, diariamente colmadas, nos advierten de ciertos desequilibrios en salud que tienden a repetirse entre los habitantes. “Vamos a rituales todos los domingos, incluso durante la semana, necesitamos comunidad”, nos dicen hoy los migrantes en la Región Metropolitana. Hospitales, consultorios y centros de acupuntura, iglesias cristianas y asociaciones migrantes ya no dan abasto, siendo el cuidado mutuo una prioridad.

  • Etnografías, seguridad-es, territorios

El enfoque y método etnográfico nos conduce en todo momento a diálogos, recuerdos, sensibilidades, imaginaciones y sueños, raíces, tatuajes y peinados, que nos provocan y desafían en tanto que seres humanos, académicos e investigadores/as. Ahora bien, en Chile es evidente que no se trata solo de un tema de minorías, como ya lo sabemos a partir de las reivindicaciones étnicas, el feminismo y las distintas orientaciones sexuales, así como por los estilos de vida emergentes, como el k-pop y los bailes urbanos. Las demandas ciudadanas por seguridad (nacional, pública y social), los estallidos sociales y el crecimiento de las agrupaciones evangélicas, entre otros fenómenos sociales, dan cuenta de emociones y precariedades, agencias y decisiones, pertenencias y falta de cohesión social. “Estoy pensando irme, hay mucha depresión en Chile y no me quiero contagiar”, me dijo una tarde de 2025 una joven venezolana en Santiago Centro. “Hacen mucha fiesta y ponen la música fuerte”, se quejó un joven chileno, refiriéndose a los migrantes en Estación Central, también el año pasado. Hay que observar y repensar las relaciones vecinales, requiriéndose la interdisciplina entre los estudios urbanos y el ámbito migrante. 

No se trata, sin embargo, de una temática -ciudades, convivencia y emociones- nueva: sobre “La metrópolis y la vida mental”, apuntaba Simmel hace un siglo, problematizando los vínculos entre libertad y espacios urbanos desde Europa. Acerca de dones y oraciones nos documentó Mauss. Bauman, en su extensa obra, advertía sobre desigualdades, pánicos y mixofobias (o rechazo a mezclarse con personas distintas). Desde la Colombia de los años setenta, escribió Taussig sobre belleza, violencia y “cirugías cósmicas”. Por su parte, situado en el Amazonas brasileño, Viveros de Castro nos sorprendió en los ochenta con sus indagaciones acerca de ontologías, cuerpos y chamanismos. En nuestro país, son relevantes los libros de Tijoux (2016) y Avaria, Obach y Cabieses (2021), entre otros. En fin, los movimientos afros y la crítica decolonial se refieren, durante las dos últimas décadas, a heridas y nuevas genealogías de comprensión. 

Como sabemos, al ser la acción individual y colectiva tan experiencial como racional, los procesos de significación operan en base a distinciones que les permiten a los grupos sociales afirmar y negociar su orden interior y tomas de posición. De este modo, en la vida cotidiana destacan los procesos de creación, reproducción y puesta en acto de fronteras simbólicas, produciéndose de modo dinámico clasificaciones, estereotipos y estigmas, así como amistades, amores y familias binacionales. Al respecto, la diáspora venezolana ha propiciado una simultaneidad espacial entre población nacional y migrante en comunas y barrios chilenos, contribuyendo a la diversificación y densificación de los paisajes urbanos. Este proceso plantea interrogantes sobre la vida cotidiana a escala local, particularmente en relación con la segregación migrante y los diversos niveles de integración y exclusión social. 

  • Convivencia, gobernanza, inclusión social 

Sobre esta convivencia, Schmitt (1992) traza una línea entre lo nativo y lo extranjero, distinguiendo entre amigo y enemigo a partir de la lógica soberana y el valor de la unidad interna nacional. El cristianismo, en cambio, presenta una lógica alternativa permitiendo pasar de la teología política del amigo-enemigo a la del prójimo y su cuidado, una figura que está situada en una serie de encuentros posibles, ocasionando una discusión entre ética y política. Es por estas dinámicas interactivas que Honneth (2010) señala tres esferas de reconocimiento: la de amor-amistad, la jurídico-política (de la ciudadanía Estado-nacional, formal) y la sociocultural (de la identidad cultural propia), indispensables para la adquisición de autoestima personal y colectiva. 

Esta convivencia ciudadana ha estado condicionada por un marco institucional que ha desplazado progresivamente su racionalidad: De la gestión ordenada de los flujos a la seguridad y la sanción. La Ley de Migración y Extranjería 21.325, promulgada en 2021 y modificada en 2025, enunció el propósito de una “migración segura, ordenada y regular”, con foco en prevenir el tráfico ilícito de migrantes y la trata de personas (Ley 21.325, 2021). En la misma línea, la Política Nacional de Migración y Extranjería (SERMIG, 2023) declaró como principios el respeto a los Derechos Humanos, la contribución al desarrollo del país y la interculturalidad. Qué política migratoria se implementará en el nuevo gobierno liderado por J.A. Kast está aún por verse, en un contexto nacional de declive del “sueño chileno” (Gissi y Aguilar, 2026), en que el crecimiento económico ha disminuido desde un 4.0% en 2018 (pre-estallido social y prepandemia) a un 2.5% en 2025, el desempleo ha aumentado desde un 7% a un 9% entre el 2018 y el 2026 (así como la economía informal) y las encuestas muestran una crisis de salud mental, aumentando drásticamente su percepción como principal problema de salud, desde un 26% en 2018 a un 68% en 2025 (ANDA, 2025). 

Como vemos, las migraciones y la convivencia no tienen solo como desafío el control de la frontera y mejorar la seguridad pública (puntos clave, sin dudas), sino también la inclusión social de quienes residen en Chile. Para ello resulta necesario aumentar la formalidad laboral, creando programas que fomenten una localización espacial equilibrada de los migrantes en el territorio nacional (Villena, 2026). Ante estas antiguas y nuevas realidades, se requiere superar los populismos y las simplificaciones sobre la vida social y la diversidad cultural, así como repensar las medidas de regularización de la población migrante, considerando la reunificación familiar, necesidades laborales del país de destino y el arraigo en Chile, entre otras tareas de políticas públicas. Asimismo, desde qué perspectivas aportaremos los científicos sociales a estas nuevas realidades y discusiones, colaborando en construir interacciones más armónicas en nuestra plural sociedad y sus desiguales territorios, es una pregunta abierta.

 

Referencias:

ANDA. (09/10/2025). “Ipsos: Chile encabeza la preocupación mundial por problemas de salud mental”, https://anda.cl/ipsos-chile-encabeza-la-preocupacion-mundial-por-problemas-de-salud-mental/

Avaria, A., Obach, A. y Cabieses, B. (2021). Salud y migraciones: relevancia, consideraciones generales y desafíos para el Chile de hoy. Santiago: Ril.

El Nacional. (26-07-2026). Al menos 1.184 migrantes venezolanos abandonaron Chile tras los terremotos. https://www.elnacional.com/2026/07/al-menos-1-184-migrantes-venezolanos-han-abandonado-chile-tras-los-terremotos/

Gissi, N., Ospina, P., Trompetero, G., Flórez, Á. y Bravo, A. (2024). “Gobernanza multilateral en las Américas tras la migración forzada venezolana: rupturas y continuidades”, Revista Brasileña de Ciencias Sociales-RBCS, ANPOCS, 39, 1-18. https://doi.org/10.1590/39012/2024

Gissi, N. (2026). “Habitar y organizarse: migrantes de Venezuela y ciudadanía urbana en dos ciudades del centro-sur de Chile (2014-2025)”, Revista Pueblos y fronteras digital, Volumen 21, 1-24. UNAM. https://doi.org/10.22201/cimsur.18704115e.2026.v21.820

Gissi, N. y Aguilar, H. (2026). “Ciudadanía incierta y el declive del ‘sueño chileno’: migración, residencia y organización social de migrantes haitianos/as en Santiago de Chile (2006-2025)”. Revista Sociedade e Estado, Vol. 41, 2. https://doi.org/10.1590/s0102-6992-20264102e59146

Honneth, A. (2010). Reconocimiento y menosprecio. Sobre la fundamentación normativa de una teoría social. Buenos Aires: Katz.

Ley 21.325 (2021). Ley de Migración y Extranjería. Santiago: Ministerio del Interior y Seguridad Pública.

Schmitt, C. (1992). [1932]. El concepto de lo político. Madrid: Alianza.

Servicio Nacional de Migraciones (SERMIG). (2023). Política Nacional de Migración y Extranjería. Versión ejecutiva. Santiago.

Telles, E. y Martínez, R. (2019, editores). Pigmentocracias. México: FCE.

Tijoux, M. E. (2016, editora). Racismo en Chile: la piel como marca de la inmigración, Santiago: Universitaria.

Villena, B. (24-01-2026). “Escenarios de migración desde Venezuela”. https://www.ex-ante.cl/internacional/escenarios-de-migracion-desde-venezuela-por-benjamin-villena/

Zeballos, P. (2025). Cuando el crimen reza. Santiago: Catalonia.