Tinta y latidos
Por Cecilia Aravena Zúñiga12 El día que mi madre murió, el viento aulló como una bestia herida, sacudiendo las calles con su aliento helado. La tarde se desangraba en tonos plomizos, y el cielo, se inclinó sobre el mundo. Ella se fue entonces, consumida hasta los huesos, con los ojos hundidos y los dedos …











